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Papelito

Arranque una hoja de un viejo cuaderno, pero al abrirlo me percate de algo, habia una hoja cortada a la mitad, revise la pasta del cuaderno y decía, “Literatura”.
Entonces recordé que era uno de los cuadernos que usaba cuando estudiaba ya hace 8 años.
De repente como si de una placa tectónica se tratara mi corazón tembló, y mis ojos como brisa, lagrimas soltaron.
esto debido a que ese pedazo de papel o “papelito” fue aquel que le envíe aquel día.
Que con miedo me atreví a darselo y por que es tan significativo, pues aquel papelito fue el inicio de una pequeña historia muy hermosa que por un por un tiempo me hizo subir al cielo, pero fue un pequeño pestañeo, pues del cielo me dejo caer al infierno mismo. que hasta el día de hoy me quema el corazón

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Ojalá

Ojalá me cruce con alguien que tenga tantas ganas de soñar como yo,

que no me mienta

ni se mienta así mismo,

que baile entre los turbulentos momentos

y ame con honestidad.

Ojalá coincida con esa constelación y me brinde la estabilidad orbital,

que cada estrella fugaz se acople a las mías

y dancen en el nuevo universo.

Ojalá y mi ojalá se cumpla,

que se cruce con tu ojalá

que cada día nuestras estrellas aumenten la intensidad de sus brillos.

Ojalá alcance mi anhelo del amor de pareja y

viva la dicha de cruzar mi alma con la de alguien con las mismas ganas,

la misma honestidad,

con ambiciones y metas.

© #ShadowMisLetras

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Empty theater stage with ornate curtains and a carved chair
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Recuerdos esquivos

Llevo un par de años rebuscando en los recovecos de mi mente

aquello que sin querer se archivó

Imágenes aparecen de la dramatización y la trama

cuando recité aquellas letras para un 15 de septiembre.

Desde hace años he intentado recordar el nombre

de ese poema, dónde sentí un dolor que nunca sufrí,

pero ya estoy vieja y los recuerdos son esquivos.

Una silla en medio del escenario con una chaqueta sobre el respaldo,

a unos pasos mi compañero narraba enardecido las cobardes formas

en que sustrajeron a un joven con fuerza militar.

En silencio espero mi turno para iniciar mi declamación, la dramatización

de las atrocidades que contaba una víctima

de las desapariciones forzosas en mi Guatemala

bajo el régimen dictatorial del presidente en turno.

Los recuerdos son esquivos y las letras se dispersan evitando que recuerde

el nombre de aquel poema que dejó al público en silencio,

que llegó con la fuerza de un tornado a elevar cadáveres vivientes

que viven entre el silencio, testigos de la época de represión y que víctimas

de militares y guerrilleros, que como la bruma del mediodía

se escondía entre vegetaciones, con la niebla de la noche acechaban en la

oscuridad y que con la ley a su favor amedrentaban a quienes les

desagradaban.

Robando tierras, masacrando familias, fragmentando comunidades,

infectando el espíritu y condenando el futuro de un pueblo que agoniza

entre la inmundicia de un sistema putrefacto que se alimenta de leyes

prostitutas, de entidades corrompidas, de carteles y terroristas.

Llevo un par de años rebuscando el nombre de aquel poema en el que

dramaticé las horas o los meses de un joven revolucionario que

temerario se aventuró a pelear contra el sistema opresor y fue oprimido,

torturado, desaparecido y olvidado.

Llevo años, pero ya estoy vieja y los recuerdos son esquivos,

y las letras difusas, y mi alma no descansa

al recordar aquello que no recuerda.

© #ShadowMisLetras

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Cansancio del alma

Estoy cansada de ser quien soy,
de sostener sonrisas que ya no siento,
de caminar cuando mis piernas solo desean detenerse.

Hay un vacío que habita en mi pecho,
uno que ni el silencio ni el tiempo consiguen llenar.
Mi corazón late tan fuerte,
que a veces parece querer romperse para dejar escapar todo el dolor.

Quisiera dormir sin que el mundo me llame,
esconderme donde nadie me busque,
llorar entre unos brazos que no me juzguen,
y descansar, aunque sea por un instante, de esta batalla invisible.

Las cosas que antes iluminaban mis días
hoy apenas son sombras.
Voy al trabajo por deber,
pienso en la universidad sin encontrar fuerzas,
y sigo de pie solo porque aún no he aprendido a rendirme.

No me duele la soledad,
me duele sentir que, aun rodeada de gente,
nadie alcanza a ver el peso que llevo dentro.

Y aunque el amor toque a mi puerta,
hoy no es eso lo que más me rompe;
lo que realmente me duele
es haber olvidado cómo se siente vivir sin cargar el mundo sobre mis hombros.

Quizá algún día vuelva a encontrarme.
Quizá vuelva a sonreír sin fingir.
Pero hoy solo quiero que alguien comprenda
que, detrás de mi silencio,
hay un corazón que lleva demasiado tiempo pidiendo descanso.

Quizá algún día …..

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Two young adults walking in opposite directions on a narrow cobblestone street lined with old buildings and warm street lamps
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Sin decir adiós

Un día me fui sin decir adiós.

Noche fría, a pesar de que la luna estaba ausente.

Caminé sin voltear.

Fue un domingo de agosto de 1999.

Unas horas antes nos dijimos «te quiero», el «te amo» no tuvo tiempo de cocinarse.

Hubo un abrazo, que sin saberlo tenía sabor a inolvidable.

Jamás platicamos de nuestro futuro juntos, porque ambos lo sabíamos: «no existía».

Ingenuos jugamos.

Jugamos a eso llamado aventura.

Sin duda, la ingenua sigo siendo yo,

al querer creer,

que ambos terminamos enamorados.

Un día me fui sin despedirme,

sin lágrimas,

ni reproches.

Fueron 8 meses intensos,

cargados del fuego lujurioso de una pasión por fusionar nuestras vidas.

Vidas que ya estaban fusionadas sin saberlo.

Tú, con un amor de años y un bebé a la puerta.

Yo, con una desilusión más del afecto mal administrado.

Supiste que había desaparecido unas semanas después.

Aún recuerdo tu sonrisa esa noche,

ingenuo creíste cuando te afirmé: «te veo mañana a las 10» y tus brazos rodearon mi cintura.

Jamás concebiste mi partida, no sin antes llenarme de reproches, no sin antes marcar mi vida con tu orgullo de macho herido.

Pero un día solo caminé sin voltear, sin darme permiso a sabotear mi triunfal liberación de un amor compartido, fue una despedida con sabor a «sigo amando esto tan nuestro».

No te di oportunidad de despedirte y realmente romper nuestros lazos, fue un despedida con sabor de «hasta pronto».

Un día de agosto de 1999, me fui sin decirte adiós.

Sólo me fui.

© #ShadowMisLetras

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Donde el alma guarda silencio

Hay noches en las que el cuerpo obedece,
mientras el alma permanece inmóvil,
como una flor que cerró sus pétalos
para proteger el poco sol que aún conserva.


Aprendí que existen promesas
que otros escriben con tinta ajena,
y caminos que se recorren
sin haber elegido el primer paso.

Sonrío cuando esperan una sonrisa,
callo cuando el silencio pesa menos que las palabras,
y llevo en el pecho un jardín
que pocos han visto florecer.

No es ausencia de amor,
es la búsqueda de un lugar
donde mi corazón pueda descansar
sin pedir permiso para sentir.

Porque el deseo no nace de la obligación,
ni la ternura se firma en un contrato;
ambos llegan despacio,
como la lluvia que encuentra tierra fértil.

Y aunque el mundo me repita
que debo ser fuerte,
que debo cumplir,
que debo continuar…

Dentro de mí aún vive una voz
que susurra con paciencia:

«No olvides quién eres
cuando todos intenten decirte quién debes ser.»

Quizá algún día mis pasos
dejen de seguir senderos ajenos,
y mis manos aprendan
a abrazar aquello que realmente elijan.

Ese día mi mirada volverá a brillar,
no porque el pasado haya desaparecido,
sino porque habré descubierto
que la libertad también puede comenzar
con un solo latido de valentía.

Hasta entonces, seguiré cuidando de mi alma,
porque incluso en medio del silencio
hay una parte de mí
que nunca ha dejado de esperar la primavera.

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Nueva Zelanda
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Nueva Zelanda

Nueva Zelanda parece lejos
incluso cuando aparece en la pantalla.

Como si el mundo tuviera bordes
y allá, después del último océano,
todavía quedara un país
aprendiendo a sostenerse entre islas.

En Auckland la mañana llega con viento.
Alguien espera un bus,
alguien cruza cerca del puerto,
alguien compra café
mientras las noticias del Mundial
pasan breves,
casi como una visita.

Aotearoa no necesita gritar
para existir.

Tiene montañas que no presumen,
lluvia sobre los techos,
carreteras largas,
ovejas detrás de una cerca
y un silencio verde
que parece anterior a todo.

Cuando el partido termina,
no hay una tragedia enorme.

Solo una pantalla apagándose,
un vaso sobre la mesa,
la sensación de que algunos países
regresan demasiado rápido
a la distancia.

Pero Nueva Zelanda no desaparece.

Se queda allá,
al otro lado del mapa,
con el mar rodeándolo todo,
recordándonos que también hay lugares
que pierden sin romperse
y se van del Mundial
como quien vuelve despacio
a su propia orilla.

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Escocia
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Escocia

En Escocia la lluvia no cae
para volver triste la tarde.
Cae porque así aprendió el país
a decir que todavía recuerda.

En Glasgow, los bares guardan voces
que no siempre celebran.
A veces solo acompañan,
como una mesa ocupada por gente
que sabe perder sin hacer discurso.

Las Highlands están lejos de la pantalla,
pero algo de esa piedra antigua
también llega al Mundial:
el frío, el viento,
la costumbre de resistir
sin convertir la resistencia en bandera.

Edimburgo mira desde sus calles grises.
Hay bufandas húmedas,
vidrios empañados,
un vaso medio lleno
y alguien que apaga la televisión
un poco después del final.

No toda derrota rompe.

Algunas solo dejan al país
más parecido a sí mismo.

Escocia vuelve a casa
con la lluvia sobre los hombros,
con la garganta cansada
y con esa dignidad seca
de quien no necesita ganar
para seguir cantando.

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A man and woman stand apart, facing away from each other under a crescent moon in a barren, night landscape
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Un día

Un día, sin más, nos olvidamos.

Los mensajes insignificantes, dejaron de escribirse.

Las ganas caducaron.

La pequeña chispa de magia se extinguió.

Las propuestas se desvanecieron.

Los planes se truncaron.

El olvido nos cubrió con ese manto traslúcido.

La indiferencia fue llevada como bandera.

El orgullo nos vio con desprecio.

No se supo deletrear bien la palabra amor.

Los caminos se cubrieron de oscuridad, impidiendo encontrarnos.

La luna entristeció y el frío la cubrió.

El universo perdió sentido y las constelaciones desviaron su trayecto.

Un día sin más, nos olvidamos.

© #ShadowMisLetras

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aerial view of cape town skyline at twilight
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Sudáfrica

Parece intentar recordar
que todavía está aprendiendo a serlo.

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