Escribología

El último día de Julio

Quién lo diría, que temática tan atractiva, inquietante, que sin querer queriendo tocó las fibras, y para algunos hasta heridas que creían haber sanado. Tremenda sorpresa o cruda autoconfesión al destilar tanto escrito, tantas palabras, tantas letras llenas de dolor, de gratitud, de recuerdos, y otros sentimientos, pero con el alivio de poder decir adiós.

Pasa que es una constante, pero en nuestro continuo ciclo, las cosas simplemente dejan de ser. El adiós es algo tan orgánico que nos hemos acostumbrado tanto ya, que ni nos molesta preguntarnos cuántas cosas, personas o versiones de nosotros mismos hemos dejado en el ayer.

Nos pasa con los libros, ese momento cúspide que conforme agotamos las páginas, sabiendo que se acabará, que nos alegrará, que nos enojará, que nos entristecerá o nos dará alivio de terminar. Y ese momento postrero, de satisfacción, que el adiós sucede sin más, simplemente sucede y damos lugar al siguiente.

Allí en ese paquete de “adioses” van canciones, series, modas y finalmente personas. Allí fue el estallido, incomodó el estado de los que escriben y pusieron manos a la obra. Abrieron la caja de recuerdos, el albúm de sentimientos, y las fotos de los “eramos”. Salieron letras, cartas, como ese último eslabon que hacía falta limar para romper lo último que quedaba. 

Ahora si, como aquel pelotón que regresa de la guerra, todos a salvo, con algunos rasguños, recargandose unos con otros, con el cansancio encima, pero sin el peso que llevaban cuando inició la batalla. Consigo mismos, de aceptar, de escribir y finalmente decir adiós.

Ahora si, con esta me despido, hasta la próxima despedida.


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