Cuando estás a punto de dormir y sientes esa sensación de no querer hacerlo, porque sabes que algo pasará mañana, que algo se acerca o que simplemente no sabes el resultado de algo que se aproxima.
Esa sensación que te da como en la antigua europa, dónde los prisioneros condenados a muerte, contaban, los minutos, horas o días, para ser llevados a la horca.
Eso misma sensación que te quita el sueño, el hambre y hasta la paz, sientes como si te estuviera consumiendo la vida.
No sé sabe que pasara, pero si se que ese miedo, ese nerviosismo que te da, como cuando a un niño le van a poner una inyección, ese mismo terror, pánico y ansiedad que te carcome cada parte del cuerpo.
No sé sabe que pasara, pero lo único que sabemos es que podemos huir, pero siempre tendremos la duda del ¿que habrá pasado si? O afrontar de frente lo que viene con el miedo de que o sea bueno o mal resultado.
Si eres creyente o religioso, solo queda persinarse y encomendarse a Dios, si no lo eres únicamente queda esperar el resultado de lo que hayas realizado.
Esa sensación no se la deseo a nadie, pero es casi seguro que todos pasamos por eso, y es cuando nos damos cuenta que es donde más apoyo necesitamos, por eso nunca dejes a nadie solo en esas situaciones.
Vivo
“Por aquello que encontré en tus ojos
por aquello que perdí en la lucha”.
Hace un par de días me encontré con esta canción y con una chava que introducía las siguientes líneas: «Y como último acto de amor, habitaré mi ternura, resignificaré las dudas y agradeceré por todo lo que pasó, porque todo fue perfecto tal y como pasó». Y eso, movió mi alma.
Busqué la canción completa y es “Vivo” de Gustavo Cerati. Cuando la escuché sentí cómo la nostalgia y la reflexión me habitaron. Con el transcurso del tiempo, cada intento de cuajar mis sentimientos con los de otra persona y resulta fallido, me ha dejado grandes enseñanzas, algunas que me han cicatrizado y me han hecho crecer “a la fuerza”.
Hace poco conocí a alguien, a quién invertí tiempo, energía y sentimiento. Él invirtió lo mismo, menos lo último y eso hizo toda la diferencia. Creí, mientras lo conocía que no estaba involucrando el corazón, pero no fue así. Conocí sus ojos, cuando no tuve la intención de conocerlo, y eso me evitó descubrir quién era. Aun así, encontré la posibilidad de enamorarme de nuevo, de descubrir una islita más en este mundo y auto descubrirme mientras lo hacía. Encontré, en sus ojos, la posibilidad de ser vulnerable, sin temor y abiertamente.
Y lo que perdí en la lucha, en la lucha de ser responsable afectivamente con él, en la lucha de ser mi mejor versión para que él la disfrutara, en la lucha de mis traumas y pensamientos intrusivos, de saberlos controlar y no ellos a mí. Lo que perdí, fue todo lo que encontré en sus ojos.
El coro de la canción dice: “El fin de amar, sentirse más vivo”, recuerdo el guion del Sr. Benet en “Orgullo y Prejuicio” cuando le dice a Lizzy: Una mujer que sufre por amor, se distingue entre todas las demás. Y estar enamorado, nos distingue, porque verdaderamente, sentimos más. Estar enamorado es encontrarle alegría al sol de mediodía, sonreír y volvernos más amables, es compartir las penas del otro como nuestras, es quebrarnos porque no somos correspondidos, es ser más valientes, más humanos, más sensibles.
La siguiente línea del coro dice: “El fin del mar, es sentirse igual, vivo”. Para cerrar este pequeño capítulo, en algunas ocasiones he sentido la necesidad de ir al mar, cuando siento ya no poder más. Cuando siento que todo me absorbe y la frustración esta al tope. Y cuando llego a la orilla del mar, lo entiendo todo. Entiendo que sanaré, entiendo que puedo ser libre de todo lo que en ese momento pesa en mi corazón. Y eso me da paz y tranquilidad. Llevo al mar, confesiones que he acumulado, secretos que ya no soporto y los suelto allí, al pie del mar.
A veces, los sentimientos no cuajan y esta bien. A veces, las cosas no funcionan y también esta bien. A nadie podemos obligar a querernos, maravillosamente, nosotros mismos nos debemos ese amor que nos construye, levanta y reanima. En la vida, seguramente, ha habido heridas profundas e inesperadas, pero lo importante es seguir caminando, mientras se trabaja en sanar.
A la persona que conocí durante este semestre, le dedico esa canción de Cerati.
Ocio
Se conoce mejor de compañía
cuando se esta solo, y
de soledad estando acompañado.
El corazón siempre extrañará
lo que no pudo conservar.
Nos esforzamos tanto en preservar
lo que sabemos no durará.
Intentamos arreglar lo dañado
en últimos instantes
para evitar la culpa y su agonía.
Las noches suelen ser largas
para quien llora en silencio.
A veces, tenues, frías y desabridas
para el corazón enamorado en ocio.
Más esperanza guarda
el que sabe que lo rechazarán
un instinto suicida, que
aunque nos acorte la vida
el corazón no se arrepentirá
de que arda la hoguera.
Aquí estoy
Desvelándome entre recuerdos que todavía llevan tu nombre.
Preguntándome en silencio en qué momento dejamos de coincidir, cuándo empezó a romperse eso que parecía tan fuerte, tan nuestro.
A veces quisiera encontrar una respuesta exacta, una explicación que calme este ruido que llevo dentro.
Porque hay noches en las que mi mente regresa una y otra vez a los mismos momentos, buscando señales, errores, palabras que quizá no dije o abrazos que tal vez no di lo suficiente.
Y me pregunto si fui yo.
Si en algún instante dejé de ser el lugar donde querías quedarte.
O si simplemente el destino ya había escrito otro camino para ti, uno donde mis pasos ya no podían acompañarte.
Lo más difícil no es aceptar tu ausencia…
es aceptar que hay preguntas que nunca tendrán respuesta.
Pero, aun así, entre la nostalgia y el vacío, sigo aprendiendo algo importante:
no todo lo que termina fue un fracaso.
Hay personas que llegan para enseñarnos a amar, a sentir, a crecer… aunque no se queden para siempre.
Y quizá algún día deje de buscar culpables en el pasado.
Quizá algún día pueda recordar tu nombre sin tristeza.
Mientras tanto, aquí sigo, reconstruyéndome lentamente, intentando hacer las paces con lo que fue… y con lo que nunca pudo ser.

Donde florece el fuego

Nos encontramos donde el tiempo no pesa,
donde el silencio no asusta,
donde una mirada basta
para saber que todo sigue latiendo.
Siendo fuego y agua,
opuestos y equilibrio,
iluminando los días
como si fueran el primero.
Con la fuerza de quien ha sobrevivido inviernos,
te observo sin ahogar el fuego,
te acercas sin quemar el agua
y aun así, algo en nosotros insiste en florecer.
Somos raíz que no se rinde,
flor que no se apaga,
fuego que no arde por destruir,
sino por recordar el calor de un nombre pronunciado con verdad.
Si algún día nos perdemos,
volveremos por el aroma,
por la huella suave de lo sembrado,
porque en este jardín no hay promesas vacías
solo luz y tierra pactando amor sin ruido
No te recordaba
No te recordaba.
Olvidé tu rostro, olvidé tu voz.
1998, septiembre.
¿Cuántos años han transcurrido?
La vida vuelve a conspirar.
He pasado varios días,
quitando cajas apiladas en mi mente.
Sacudiendo el olvido acumulado.
Buscando entre memorias cubiertas de polvo.
No te recordaba.
Me siento como si alguien hubiese inyectado algún químico,
extrayendo tu existir de mi corazón,
suprimiendo todo recuerdo.
Pero las vivencias significativas,
aunque hayan sido efímeras,
salen a flote y tienen ese quimérico brillo.
Ha sido sublime el conocerte,
porque tu recuerdo es a penas una silueta
entre la niebla que cubre mi entorno.
No te recordaba.
Una vez
Una vez me enamoré perdidamente.
Dejé a un lado todo.
Sí.
Todo.
No importaba nada más que ser lo que creí que él quería.
Fracasé.
No logré más que su irrespeto.
Su falta de aprecio.
La cruel indiferencia.
Conseguí ser feliz, ocasionalmente.
Me mantuve absurdamente comprometida con él siendo una abusiva conmigo.
No me cuidé.
Me autoflagelé.
Fui mi verdugo por instrucciones de mi esquizofrénico corazón.
Mi juicio se nubló.
Mi vida se estancó.
Una vez me enamoré.
Fue una bendición.
Gracias a ese amor tan insano, lleno de tortuosas circunstancias, mi lenguaje floreció.
Mi escritura se gestó.
Intenté escribirle para que comprendiera lo que significaba en mi vida.
Sin embargo, jamás comprendió mis letras cargadas de emociones, de sentimientos, tan llenas de mí.
Fue como escribirle en braille, solo fueron para él unos puntos sin sentido.
Estuve a punto de darme por vencida y no volver a escribir.
Quise acallar mi mente, silenciar mi alma y cortar toda comunicación de plasmar en la unión de letras esa quimera que añora constantemente salir de mi ser.
Una vez me enamoré y fue una desgracia, porque quise dejar de escribir y morir en silencio.
Logré superar el miedo sobre la indiferencia a lo que escribo.
Volví a escribir.
Un tiempo después me volví a enamorar.
Creí que no sucedería y heme aquí, ilusionada, soñadora y un poco ingenua.
Me dejo llevar y no temo volver a sufrir por amar, pues es parte del paquete.
Sigo escribiendo y puede que vuelva a escribir en braile, pero no por ello dejaré de expresar.
¿Acaso un pájaro deja de volar por que alguna vez chocó contra un vidrio? El dolor tal vez lo detuvo un tiempo, pero volvió a hacerlo cuando el shock del trauma se disipó.
Una vez me enamoré y casi muero.
Me volví a enamorar y sin miedo voy a vivirlo.
©#ShadowMisLetras
Atardecer de litoral
Mientras me pierdo en los naranjas del cielo
las olas del inquieto mar van y vienen hacia mí.
El atardecer parece más eterno de lo que pensé
una cálida brisa y las gaviotas viajando tranquilas
me traen por este momento una paz al corazón.
El cielo y firmamento desvaneciéndose en un abrazo
se entrelazan como los amantes ante la despedida
esperando ansiosamente volverse a encontrar.
Las gentes creando recuerdos, otras olvidando
el cielito testigo silencioso de las nostalgias.
La noche esta en el umbral del final de este día
promete acompañar a los tristes y fríos solitarios
que de pronto en el mar buscan consuelo y paz
entregando preguntas que nunca tendrán respuestas
sentimientos que por una ráfaga ahogan el alma.
Mientras me pierdo en el fugaz momento
los dolores se desvanecen y siento ganas de llorar
los colores del cielo me ponen nostálgica
y el mar me hace agradecer el hecho de respirar
me despido de ellos, esperando un día volver feliz.
Guitarra de 4 cuerdas
en la sala espera, con la mandíbula floja
acecha el momento perfecto:
una tarde bohemia, un vibra de blues
o una improvisación en tarde calurosa
y si esta guitarra es melodiosa,
mis oídos están rotos, rotos como para oírla
o la melodia es perfecta para la falta de tecnica,
la falta de cuerdas y manos habilidosas
Podría Paganini entender con su corazón maldito
que las vibraciones se asemejan a la belleza de la luna roja
y con su compañera Camila mulata de tal
una historia relatan, unos lobos aúllan y unas hadas vuelan
la guitarra sholca, cuando la luna llena sale
de bolsa de plastico rota a heroina melódica asciende
y sus sonidos son profundos, y las historias le juegan,
vivaces las voces locas con ecos que resuenan
Lienzo de lujuria
Rozar mi piel contra la tuya,
formando un óleo de pasión,
como el pintor inspirado con trazos y bocetos
su pincel transita entre colores y deseos,
texturas y diseños.
Coloreando mi pensamiento
con la lujuria de fundirme en tí
y que mi espalda sea ese lienzo
donde sin piedad marques el camino hacia la gloria.
La gloria de formar una explosión de pasiones pirotécnicas
que llegue al cielo e ilumine nuestro entorno
con la danza al unísono, de tocar ese cielo
y ser parte del paisaje entre las estrellas.
Con esa locura del deseo de perderme
entre el sabor de tus besos.
Con esa locura que solo al pensarte me estremece,
me inspira y me eleva hacia ese mundo
donde no existen más que nuestras almas
en plena batalla pasional.
©#ShadowMisLetras