En Johannesburgo la ciudad despierta
antes que el sol termine de decidirse.
Los taxis colectivos avanzan llenos,
los vendedores acomodan mercancía,
y alguien abre un negocio pequeño
mientras otro mira cómo amanece
sobre edificios que parecen conocer
más historias de las que cuentan.
Hay lugares donde el pasado
permanece visible.
No como un monumento.
Como una conversación que todavía ocurre.
En Ciudad del Cabo el océano golpea las rocas.
En Soweto alguien juega fútbol
sobre una cancha de tierra.
En algún punto del país
una radio transmite un partido
y varias personas dejan de hablar
para escuchar.
Durante noventa minutos
la atención cambia de dirección.
No desaparecen las diferencias,
ni los problemas,
ni las preguntas que siguen abiertas.
Pero algo ocurre.
Millones de personas
miran la misma pantalla
y reconocen los mismos colores.
Sudáfrica sabe que un país
puede estar hecho de muchas versiones
de sí mismo.
Quizá por eso,
cuando sale a la cancha,
no parece intentar demostrar quién es.
Parece intentar recordar
que todavía está aprendiendo a serlo.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.