No sé si eras niño o niña, y nunca lo sabré.
Pero sí sé algo… desde el primer momento en que supe de ti, un 8 de abril, comenzaste a iluminar mi vida de una forma mágica.
Por eso quiero llamarte Sol.
No el sol intenso del mediodía, sino el del atardecer… ese que llega suave, cálido y silencioso, pintando el cielo de colores que uno nunca olvida.
Siempre he preferido los atardeceres.
Ahora entiendo por qué.
Porque se parecen a ti. ♡
Fuiste breve, pero inmensamente amado.
Y aunque no pude conocerte como soñaba, aunque no pude abrazarte ni verte crecer, quiero que sepas algo…
sí exististe para mí.
Sí eras amado.
Sí dejaste huella. ♡
Hay amores tan pequeños en tiempo, pero tan enormes en el alma, que se quedan para siempre.
Y tú lo eres. ♡
Ahora cada atardecer tendrá tu nombre.
Cada cielo naranja, cada momento donde el sol se despida lentamente del día… será una forma de encontrarte otra vez.
Gracias por elegirme aunque fuera por tan poquito tiempo.
Con amor eterno,
Mamá. ♡







