Escribología

Vulnus

Para algunos de nosotros la/el poesía/escribir es salvación, libertad, vulnerabilidad y quizás atrevimiento, entre muchísimo más.
En las siguientes líneas pretendo quedar expuesta ante la soledad, el aislamiento, el miedo, el afán, el duelo, la tristeza y la cobardía.
Aunque suena un poco perturbador, al final, vienen a ser episodios de enseñanza y validación personal que nos ayudan a reafirmar quiénes somos.
¡Gracias por leerme!

Va a amanecer
y yo seguiré aquí
sin vértigo
sin remordimiento
sin ganas
de abrir la puerta
y dejar entrar
al mundo.

En realidad
solo quiero
acercarme a
la ventana
y observar
lo que
no puedo
controlar.

Denme tiempo
que hiberno
y aun no estoy lista
para salir.

Va a amanecer
y yo seguiré aquí
con lagunas mentales
y penumbras ocultas.
Quizá cuando salga
las flores esten
marchitas
y los cielos gaseosos.

Quizás algo cambie
y no sea el futuro
sino mi aspecto
reflejado en el espejo.

Quizá cuando
abra la puerta
no de miedo
y me sienta segura
para dar
el primer paso
a la nada.



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Amo mi tiempo

Amo la oscuridad que habita en mí.

La insaciable necesidad de buscar respuestas.

El desasosiego ante la realidad.

Amo la inconformidad que recorre mi ser.

Esa incomodidad que me obstaculiza encajar.

Ese delirante menester por saber quién soy.

Amo la oscuridad que refleja mi mirada.

La irreverente forma de observar.

El irrespetuoso parpadeo.

Amo mi codicia por reconocerme.

Esa inocente malicia.

Ese ardiente anhelo.

Amo la oscuridad de mis silencios.

La mirada subversiva junto a la sonrisa cínica.

El producto de mi estridente silencio.

Amo mi amarga esencia.

La que arropa al dulce manjar.

Amo mi oscuridad, mi inconformidad, mi codicia, mi amargura y mis silencios.

Amo mi escritura.

Amo mi existir incapaz de encajar.

Amo mi practicidad ante lo inevitable.

Amo mis tormentosos cuestionamientos.

Amo mis ambivalentes momentos.

Amo mi tiempo en este existir.

©#ShadowMisLetras

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Cielito

Cuando las noches son lluviosas
y las estrellas se esconden
tras el manto de nubes estratos
observo mi cuerpo
y las encuentro allí, sí
en mis particulares lunares
formando “Las tres Marías”
en mi costilla izquierda
y a “Equuleus”
en mi antebrazo izquierdo.
“Phoenix” en mi brazo derecho
imponiéndose y resurgiendo.
Algunas deben esconderse
en mi espalda.
Supongo mi rostro
debe ser un cielo despejado
con algunos cirros y cúmulos
que reflejan un buen tiempo.
No hablar de mis pies
como tierra firme
floreciendo con su lluvia
y cielo bonito.
Soy cielo,
soy polvo,
soy flor.

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A sorrowful hooded woman holding a glowing staff in a misty, moonlit graveyard.
Escribología

Me entenderás

Me entenderás, cuando te duela el alma como a mí.

Ojalá y no sea tan duro.

Porque encontrarse frente al hoy,

sin que te anuncien que llegará,

con el expediente de todo lo que le debes,

con la mirada fría y retadora,

te intimida, te somete.

Me entenderás, cuando el silencio flagele tu voz.

Ojalá y no la acalle para siempre.

Porque hay argumentos sin fundamento que se validan con gritos y agresiones.

Que luego te debes tragar con la amargura

que condimentan las lágrimas que brotan del pedir perdón

por tanto daño ocasionado,

pero que se quedan entre los labios fruncidos y los dientes apretados.

Me entenderás, cuando una tarde contemples el cielo y lo veas morir.

Ojalá y logres mantener la vista hasta el final.

Porque cuando la noche abriga con su manto la esperanza del amanecer,

caerás en cuenta que la esperanza de verme a tu lado no aparecerá ni en la brillantez del lucero más espectacular.

Me entenderás, cuando…

Quizá no, porque eso significaría que sigo esperando algo de ti.

Ojalá y la vida no te permita volver a mí.

Ojalá y cuando me entiendas,

logres mantener tu distancia,

y en silencio sigas tu camino con el cadáver de mi amor a tu espalda.

© #ShadowMisLetras

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Piel madura

Mientras caminaba por tu pueblo,
te sentí presente,
como si hubieses estado a mi lado,
sonriendo, con tu piel madura
y tus labios delgados.

Las personas dicen
que me parezco a ti
y aunque lo dude,
al verme al espejo
la duda se disipa.

La dama de tu edad me observa,
creo que te recordó a ti de joven.

El pueblo ya no es el mismo.
Las calles y las casas ya no son iguales.
Donde habitaba gente ahora esta vacío.
El parque es más pequeño,
pero colorido.
El mercado es más organizado,
pero callado.

Visité la escuela
a la que asistí por tres meses.
Ahora parece abandonada,
aunque diga en reconstrucción.
Mi papá dice que tú también
estudiaste allí.
Ahora la biblioteca
es el comedor de la escuela.

Tus conocidos cuentan
que no has sido la única en irse.
Varias de tus amigas, también.

Hoy, cuando vi a la dama de
ochenta y tres años, de inmediato,
me recordó a ti.
Fuiste buena conmigo.
Te recuerdo con amor.
Aunque tu final fue triste,
te dignifico recordándote
en tus mejores momentos.

Te quiero, abuela.

Fotografía: Crocus

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Hooded figure standing near a swirling magical portal in a ruined opera house.
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Orgullo

Iniciamos a jugar desde que nacemos. Con nuestros dedos dentro de la boca. Con el pezón de nuestra madre mientras nos alimentamos. El juego es esencial en nuestra evolución.

El tirar un juguete al piso desde la mesa donde nos alimentan, mientras vemos como lo levantan es divertido y causa en el infante esa felicidad que solo se interrumpe cuando los padres dejan de levantar el objeto.

Ahora la felicidad se transforma en tristeza, enojo y finalmente en frustración al no continuar la dinámica del juego donde somos quien lo dirige.

Todo es aprendizaje. No obstante, hay un fallo porque no nos enseñan a manejar la frustración. Andamos por la vida jugando a vivir.

Como todo en la vida es un juego y nos divertimos, olvidamos que todo juego tiene reglas. La más importante es: no siempre se gana aunque te esfuerces, aunque no seas honesto, aunque seas muy honesto.

Para ganar, en ocasiones, se debe perder algo.

El juicio se nubla cuando sentimos que en el juego de la estafa, ya sea laboral, académico, negocios o amor, salimos estafados.

Buscamos la revancha. El desquite. Queremos tener el control sobre cuándo, cómo y en qué momento y en qué condiciones debe finalizar este juego.

Nos aferramos a lo absurdo, poniendo en tela de juicio nuestro juicio. Colocando en riesgo lo realmente importante. Olvidando que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.

Atentando contra nuestra propia integridad. Socavando la poca salud mental que se aferra a la tabla de lo que se debe hacer, pero que nos resistimos a hacer.

Olvidamos que las consecuencias de la decisión a tomar conlleva una serie de ondas expansivas que vendrán a golpear otros puertos, aunque se tomen las precauciones.

Lo más lógico y sabio es dar un paso a un lado y dejar que avance el otro jugador. Sin embargo, el orgullo toma el mando con la determinación de que el juego se acabará hasta que cante la gorda.

Olvidando que la gorda es quien tiene la última palabra, dueña del escenario en la ópera de la vida, dueña de lo inevitable sino refrenas al orgullo disfrazado de falso amor propio. Iniciamos a jugar, pero olvidamos como parar.

© #ShadowMisLetras

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Afuera llueve

Querido, afuera llueve.
No llueve fuerte, en realidad,
es muy suave y acogedor.
Aquí adentro
me visita la nostalgia,
compartimos un té y
escuchamos la danza de
las libélulas.

Nada fuera de orden,
en realidad, todo extraordinario.
Juntas, habitamos en silencio
del que no incomoda,
sino del que edifica.

Querido, afuera llueve
y aquí adentro la lluvia
parece ser amiga íntima.
Al parecer, los secretos
quedaron minados y
mis ojos me delataron.
Vos y yo sabemos
que yo amo la luna
y vos, estar distante.

Querido, afuera ya no llueve
y la nostalgia se marcha
el amor le invitó a caminar.
No podía ser mal tercio.
En asuntos tan formales
me compete estar aquí,
adentro, observando y
escuchando a Manuel García.

Querido, afuera sigue lloviendo…

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Poemas

Hay poemas que se escriben con una parte del alma rota.

Poemas que acechan la frustración

coquetean con la ilusión,

seducen a la razón,

aniquilan con intensión.

Poemas cuya caricia se siente como una hoja de afeitar

otros como la sublime pluma de pavorreal.

Poemas cuya oscuridad alumbran el deleite de lo que fue.

Poemas llenos de mí y mi anhelo.

Poemas llenos de tí y mis sueños.

Poemas formados por letras inundadas de efímeros halagos,

de intensos reproches,

de ti y de mi.

Hay poemas que no solo se viven,

se saborean,

te menosprecian,

te despedazan queriendo más.

Esos que los conviertes tuyos.

Poemas cálidos, fríos, intensos, oscuros o de colores.

Poemas que siendo míos pueden convertirse en tuyos.

Hay poemas que sumergen sentimientos

y éstos salen a flote con pucheros.

Poemas que buscan el fuego de la pasión,

la locura del intenso roce de miradas

y la humedad de un excelso beso.

Hay poemas de mis poemas.

Tatuados con tinta indeleble.

Escritos con lágrimas ocultas en sonrisas.

Poemas que huyen de la prisión de mi alma

y disfrazados de letras alcanzan su libertad

Hay poemas que engrandecen al amor,

que recriminan la indiferencia,

que aborrecen el existir.

Poemas cuya efímera existencia logran la inmoralidad.

Poemas que desbordan pasión.

Poemas lúgubres camuflados de brillante dolor.

Hay poemas que se escriben a medias

porque su quemante dolor me somete.

Hay poemas y mis poemas.

© #ShadowMisLetras

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algo cambió🍃

Los días son los mismos.
Las mañanas son frescas
y las noches silenciosas,
pero algo ha cambiado.
Aún no sé muy bien cómo
ni en dónde, pero es distinto.

Los rayos de sol saben diferente.
Las pausas que hace el corazón
me traen calma y consuelo.
Aunque hay momentos
en los que lloro poquito.

He aprendido a amar
a los que me aman y volver
a donde me esperan.

Aún con todo, me siento agradecida
por quién soy y en dónde estoy.
Por quiénes acompañan y por
los que se despiden. A nadie detengo,
por nadie suplico. Me tengo.
Y eso es más que suficiente.

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Eso que no somos

Y, sin embargo, a veces siento que somos demasiado.

No hay promesas, no hay etiquetas, no hay planes escritos en futuro. Solo miradas que duran un segundo más de lo necesario y esa sensación inevitable cuando sé que voy a verte. Como si el día tuviera un brillo distinto. Como si el reloj caminara más lento antes de llegar a ti.

Me sorprendo pensando en tus labios más de lo que debería. No de una forma imprudente, sino con esa curiosidad dulce que nace cuando algo late en silencio. Como si hubiera una pregunta suspendida en el aire cada vez que estamos cerca.

Lo curioso es que tu presencia no es constante, pero tu recuerdo sí. Aparece en momentos inesperados, incluso cuando intento estar en otro lugar, en otra historia, en otros brazos. Y entonces entiendo que hay personas que no necesitan un título para ocupar un espacio.

No somos nada…
pero hay algo.
Algo que se enciende cuando te pienso.
Algo que me ilusiona cuando sé que te veré.
Algo que no se nombra, pero se siente.

Y quizá, por ahora, eso es suficiente.

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