Para algunos de nosotros la/el poesía/escribir es salvación, libertad, vulnerabilidad y quizás atrevimiento, entre muchísimo más.
En las siguientes líneas pretendo quedar expuesta ante la soledad, el aislamiento, el miedo, el afán, el duelo, la tristeza y la cobardía.
Aunque suena un poco perturbador, al final, vienen a ser episodios de enseñanza y validación personal que nos ayudan a reafirmar quiénes somos.
¡Gracias por leerme!
Va a amanecer
y yo seguiré aquí
sin vértigo
sin remordimiento
sin ganas
de abrir la puerta
y dejar entrar
al mundo.
En realidad
solo quiero
acercarme a
la ventana
y observar
lo que
no puedo
controlar.
Denme tiempo
que hiberno
y aun no estoy lista
para salir.
Va a amanecer
y yo seguiré aquí
con lagunas mentales
y penumbras ocultas.
Quizá cuando salga
las flores esten
marchitas
y los cielos gaseosos.
Quizás algo cambie
y no sea el futuro
sino mi aspecto
reflejado en el espejo.
Quizá cuando
abra la puerta
no de miedo
y me sienta segura
para dar
el primer paso
a la nada.
Archivo Anual: 2026
Amo mi tiempo
Amo la oscuridad que habita en mí.
La insaciable necesidad de buscar respuestas.
El desasosiego ante la realidad.
Amo la inconformidad que recorre mi ser.
Esa incomodidad que me obstaculiza encajar.
Ese delirante menester por saber quién soy.
Amo la oscuridad que refleja mi mirada.
La irreverente forma de observar.
El irrespetuoso parpadeo.
Amo mi codicia por reconocerme.
Esa inocente malicia.
Ese ardiente anhelo.
Amo la oscuridad de mis silencios.
La mirada subversiva junto a la sonrisa cínica.
El producto de mi estridente silencio.
Amo mi amarga esencia.
La que arropa al dulce manjar.
Amo mi oscuridad, mi inconformidad, mi codicia, mi amargura y mis silencios.
Amo mi escritura.
Amo mi existir incapaz de encajar.
Amo mi practicidad ante lo inevitable.
Amo mis tormentosos cuestionamientos.
Amo mis ambivalentes momentos.
Amo mi tiempo en este existir.
©#ShadowMisLetras
Conocí al amor
Siempre quise conocer al amor.
Me he enamorado.
Sin duda yo inventé que también estaba enamorado de mí.
Imaginé que la manera afable de convivencia inicial era interés y que me estaba cortejando.
Me enamoré y quise creer que el sentimiento era mutuo.
Sentí que me miraba como si yo fuese el atardecer más hermoso.
Sentí esa sonrisa como si me perteneciera.
Sentí y los días me arrullaban.
Todo fue un cruel mal entendido.
Escribí historias donde nunca existió la frase «érase una vez…»
Embellecí con la dulzura de la ilusión a aquel personaje que no me ofreció nada.
Atribuí romanticismo a un personaje que con cruel desdén me enseñó que el amor existe solo en mi concepción.
Sin duda yo siempre he soñado con ese amor bonito.
Inventando devoción en personajes que son devotos solo de ellos mismos.
Sentí que me deseaban y así fue, pero solo fui una posesión, un objeto.
Sentí que podría convertirme en algo más, y así fue.
Me transformé en el cadáver viviente que se consume de inanición ante la ausencia del amor y la devoción.
Sin duda soy una maravillosa inventora y siento lo que nadie más puede, lo que nadie más concibe.
Sin duda conocí al amor, pero no a ese con el que he soñado.
©#ShadowMisLetras
Cielito
Cuando las noches son lluviosas
y las estrellas se esconden
tras el manto de nubes estratos
observo mi cuerpo
y las encuentro allí, sí
en mis particulares lunares
formando “Las tres Marías”
en mi costilla izquierda
y a “Equuleus”
en mi antebrazo izquierdo.
“Phoenix” en mi brazo derecho
imponiéndose y resurgiendo.
Algunas deben esconderse
en mi espalda.
Supongo mi rostro
debe ser un cielo despejado
con algunos cirros y cúmulos
que reflejan un buen tiempo.
No hablar de mis pies
como tierra firme
floreciendo con su lluvia
y cielo bonito.
Soy cielo,
soy polvo,
soy flor.
Me entenderás
Me entenderás, cuando te duela el alma como a mí.
Ojalá y no sea tan duro.
Porque encontrarse frente al hoy,
sin que te anuncien que llegará,
con el expediente de todo lo que le debes,
con la mirada fría y retadora,
te intimida, te somete.
Me entenderás, cuando el silencio flagele tu voz.
Ojalá y no la acalle para siempre.
Porque hay argumentos sin fundamento que se validan con gritos y agresiones.
Que luego te debes tragar con la amargura
que condimentan las lágrimas que brotan del pedir perdón
por tanto daño ocasionado,
pero que se quedan entre los labios fruncidos y los dientes apretados.
Me entenderás, cuando una tarde contemples el cielo y lo veas morir.
Ojalá y logres mantener la vista hasta el final.
Porque cuando la noche abriga con su manto la esperanza del amanecer,
caerás en cuenta que la esperanza de verme a tu lado no aparecerá ni en la brillantez del lucero más espectacular.
Me entenderás, cuando…
Quizá no, porque eso significaría que sigo esperando algo de ti.
Ojalá y la vida no te permita volver a mí.
Ojalá y cuando me entiendas,
logres mantener tu distancia,
y en silencio sigas tu camino con el cadáver de mi amor a tu espalda.
© #ShadowMisLetras
Piel madura
Mientras caminaba por tu pueblo,
te sentí presente,
como si hubieses estado a mi lado,
sonriendo, con tu piel madura
y tus labios delgados.
Las personas dicen
que me parezco a ti
y aunque lo dude,
al verme al espejo
la duda se disipa.
La dama de tu edad me observa,
creo que te recordó a ti de joven.
El pueblo ya no es el mismo.
Las calles y las casas ya no son iguales.
Donde habitaba gente ahora esta vacío.
El parque es más pequeño,
pero colorido.
El mercado es más organizado,
pero callado.
Visité la escuela
a la que asistí por tres meses.
Ahora parece abandonada,
aunque diga en reconstrucción.
Mi papá dice que tú también
estudiaste allí.
Ahora la biblioteca
es el comedor de la escuela.
Tus conocidos cuentan
que no has sido la única en irse.
Varias de tus amigas, también.
Hoy, cuando vi a la dama de
ochenta y tres años, de inmediato,
me recordó a ti.
Fuiste buena conmigo.
Te recuerdo con amor.
Aunque tu final fue triste,
te dignifico recordándote
en tus mejores momentos.
Te quiero, abuela.

Fotografía: Crocus
Orgullo
Iniciamos a jugar desde que nacemos. Con nuestros dedos dentro de la boca. Con el pezón de nuestra madre mientras nos alimentamos. El juego es esencial en nuestra evolución.
El tirar un juguete al piso desde la mesa donde nos alimentan, mientras vemos como lo levantan es divertido y causa en el infante esa felicidad que solo se interrumpe cuando los padres dejan de levantar el objeto.
Ahora la felicidad se transforma en tristeza, enojo y finalmente en frustración al no continuar la dinámica del juego donde somos quien lo dirige.
Todo es aprendizaje. No obstante, hay un fallo porque no nos enseñan a manejar la frustración. Andamos por la vida jugando a vivir.
Como todo en la vida es un juego y nos divertimos, olvidamos que todo juego tiene reglas. La más importante es: no siempre se gana aunque te esfuerces, aunque no seas honesto, aunque seas muy honesto.
Para ganar, en ocasiones, se debe perder algo.
El juicio se nubla cuando sentimos que en el juego de la estafa, ya sea laboral, académico, negocios o amor, salimos estafados.
Buscamos la revancha. El desquite. Queremos tener el control sobre cuándo, cómo y en qué momento y en qué condiciones debe finalizar este juego.
Nos aferramos a lo absurdo, poniendo en tela de juicio nuestro juicio. Colocando en riesgo lo realmente importante. Olvidando que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.
Atentando contra nuestra propia integridad. Socavando la poca salud mental que se aferra a la tabla de lo que se debe hacer, pero que nos resistimos a hacer.
Olvidamos que las consecuencias de la decisión a tomar conlleva una serie de ondas expansivas que vendrán a golpear otros puertos, aunque se tomen las precauciones.
Lo más lógico y sabio es dar un paso a un lado y dejar que avance el otro jugador. Sin embargo, el orgullo toma el mando con la determinación de que el juego se acabará hasta que cante la gorda.
Olvidando que la gorda es quien tiene la última palabra, dueña del escenario en la ópera de la vida, dueña de lo inevitable sino refrenas al orgullo disfrazado de falso amor propio. Iniciamos a jugar, pero olvidamos como parar.
Afuera llueve
Querido, afuera llueve.
No llueve fuerte, en realidad,
es muy suave y acogedor.
Aquí adentro
me visita la nostalgia,
compartimos un té y
escuchamos la danza de
las libélulas.
Nada fuera de orden,
en realidad, todo extraordinario.
Juntas, habitamos en silencio
del que no incomoda,
sino del que edifica.
Querido, afuera llueve
y aquí adentro la lluvia
parece ser amiga íntima.
Al parecer, los secretos
quedaron minados y
mis ojos me delataron.
Vos y yo sabemos
que yo amo la luna
y vos, estar distante.
Querido, afuera ya no llueve
y la nostalgia se marcha
el amor le invitó a caminar.
No podía ser mal tercio.
En asuntos tan formales
me compete estar aquí,
adentro, observando y
escuchando a Manuel García.
Querido, afuera sigue lloviendo…
Poemas
Hay poemas que se escriben con una parte del alma rota.
Poemas que acechan la frustración
coquetean con la ilusión,
seducen a la razón,
aniquilan con intensión.
Poemas cuya caricia se siente como una hoja de afeitar
otros como la sublime pluma de pavorreal.
Poemas cuya oscuridad alumbran el deleite de lo que fue.
Poemas llenos de mí y mi anhelo.
Poemas llenos de tí y mis sueños.
Poemas formados por letras inundadas de efímeros halagos,
de intensos reproches,
de ti y de mi.
Hay poemas que no solo se viven,
se saborean,
te menosprecian,
te despedazan queriendo más.
Esos que los conviertes tuyos.
Poemas cálidos, fríos, intensos, oscuros o de colores.
Poemas que siendo míos pueden convertirse en tuyos.
Hay poemas que sumergen sentimientos
y éstos salen a flote con pucheros.
Poemas que buscan el fuego de la pasión,
la locura del intenso roce de miradas
y la humedad de un excelso beso.
Hay poemas de mis poemas.
Tatuados con tinta indeleble.
Escritos con lágrimas ocultas en sonrisas.
Poemas que huyen de la prisión de mi alma
y disfrazados de letras alcanzan su libertad
Hay poemas que engrandecen al amor,
que recriminan la indiferencia,
que aborrecen el existir.
Poemas cuya efímera existencia logran la inmoralidad.
Poemas que desbordan pasión.
Poemas lúgubres camuflados de brillante dolor.
Hay poemas que se escriben a medias
porque su quemante dolor me somete.
Hay poemas y mis poemas.
algo cambió🍃
Los días son los mismos.
Las mañanas son frescas
y las noches silenciosas,
pero algo ha cambiado.
Aún no sé muy bien cómo
ni en dónde, pero es distinto.
Los rayos de sol saben diferente.
Las pausas que hace el corazón
me traen calma y consuelo.
Aunque hay momentos
en los que lloro poquito.
He aprendido a amar
a los que me aman y volver
a donde me esperan.
Aún con todo, me siento agradecida
por quién soy y en dónde estoy.
Por quiénes acompañan y por
los que se despiden. A nadie detengo,
por nadie suplico. Me tengo.
Y eso es más que suficiente.