Pareciera que el tema nació del morbo, como queriendo escarbar o descubrir quién tiene algo más “interesante” por contar o confesar. O tal vez, mi estado de defensa incesante me hace ver o leer cosas que no existen y solo me hacen delirar ideas que probablemente no existen.
Como aquella primera vez, que he buscado, queriendo encontrar entre tanta caja y escombros, entre recuerditos y polvo, cuando nos vimos y nos hablamos, y sin darnos cuenta nos descosimos hablando, hilando los escenarios más fantasiosos, de esos que pocas veces suceden, de esos que les llaman como ganar la lotería, eso, un golpe de suerte, que en mi caso solo he tenido la mitad… golpes.
Seguí pensando, o mejor dicho sobrepensando, no sé desde hace cuánto, solo que sucede y es como un don y una maldición. Algunas veces, me hace pasar por creativo, por interesante y hasta intrigante; víctima en la soledad, con dolor, afán y ansiedad cuando tiene las llaves y el tiempo para volar tan alto que la caída es continua e hiriente, dura y repetitiva.
Esa primera vez que nos atrevimos a cuestionar, la lucidez de la idiotez, la estrategia y del autosabotaje, del sentimiento y la razón. Porque nos reconocimos, finalmente pasados tantos años, nos dimos cuenta que pasa con todos. Una versión para cada situación, una de hijo, una de hermano, una de amigo, otra de pareja y así… entre versiones nos descubrimos y nos aceptamos. Cada uno prometiéndose a ser genuino como quienes fueran varios poniéndonos de acuerdo, en una tarea que hasta hoy es imposible.
Para mí, yo y mi otro yo, que hace mucho nos aceptamos, colgamos los guantes y nos pusimos vendas, en aquellos raspones que nosotros mismos nos provocamos.