Escribología

Reflejos

Pareciera que el tema nació del morbo, como queriendo escarbar o descubrir quién tiene algo más “interesante” por contar o confesar. O tal vez, mi estado de defensa incesante me hace ver o leer cosas que no existen y solo me hacen delirar ideas que probablemente no existen.

Como aquella primera vez, que he buscado, queriendo encontrar entre tanta caja y escombros, entre recuerditos y polvo, cuando nos vimos y nos hablamos, y sin darnos cuenta nos descosimos hablando, hilando los escenarios más fantasiosos, de esos que pocas veces suceden, de esos que les llaman como ganar la lotería, eso, un golpe de suerte, que en mi caso solo he tenido la mitad… golpes.

Seguí pensando, o mejor dicho sobrepensando, no sé desde hace cuánto, solo que sucede y es como un don y una maldición. Algunas veces, me hace pasar por creativo, por interesante y hasta intrigante; víctima en la soledad, con dolor, afán y ansiedad cuando tiene las llaves y el tiempo para volar tan alto que la caída es continua e hiriente, dura y repetitiva.

Esa primera vez que nos atrevimos a cuestionar, la lucidez de la idiotez, la estrategia y del autosabotaje, del sentimiento y la razón. Porque nos reconocimos, finalmente pasados tantos años, nos dimos cuenta que pasa con todos. Una versión para cada situación, una de hijo, una de hermano, una de amigo, otra de pareja y así… entre versiones nos descubrimos y nos aceptamos. Cada uno prometiéndose a ser genuino como quienes fueran varios poniéndonos de acuerdo, en una tarea que hasta hoy es imposible. 

Para mí, yo y mi otro yo, que hace mucho nos aceptamos, colgamos los guantes y nos pusimos vendas, en aquellos raspones que nosotros mismos nos provocamos.

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El último día de Julio

Quién lo diría, que temática tan atractiva, inquietante, que sin querer queriendo tocó las fibras, y para algunos hasta heridas que creían haber sanado. Tremenda sorpresa o cruda autoconfesión al destilar tanto escrito, tantas palabras, tantas letras llenas de dolor, de gratitud, de recuerdos, y otros sentimientos, pero con el alivio de poder decir adiós.

Pasa que es una constante, pero en nuestro continuo ciclo, las cosas simplemente dejan de ser. El adiós es algo tan orgánico que nos hemos acostumbrado tanto ya, que ni nos molesta preguntarnos cuántas cosas, personas o versiones de nosotros mismos hemos dejado en el ayer.

Nos pasa con los libros, ese momento cúspide que conforme agotamos las páginas, sabiendo que se acabará, que nos alegrará, que nos enojará, que nos entristecerá o nos dará alivio de terminar. Y ese momento postrero, de satisfacción, que el adiós sucede sin más, simplemente sucede y damos lugar al siguiente.

Allí en ese paquete de “adioses” van canciones, series, modas y finalmente personas. Allí fue el estallido, incomodó el estado de los que escriben y pusieron manos a la obra. Abrieron la caja de recuerdos, el albúm de sentimientos, y las fotos de los “eramos”. Salieron letras, cartas, como ese último eslabon que hacía falta limar para romper lo último que quedaba. 

Ahora si, como aquel pelotón que regresa de la guerra, todos a salvo, con algunos rasguños, recargandose unos con otros, con el cansancio encima, pero sin el peso que llevaban cuando inició la batalla. Consigo mismos, de aceptar, de escribir y finalmente decir adiós.

Ahora si, con esta me despido, hasta la próxima despedida.

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Ojalá

Ojalá me cruce con alguien que tenga tantas ganas de soñar como yo,

que no me mienta

ni se mienta así mismo,

que baile entre los turbulentos momentos

y ame con honestidad.

Ojalá coincida con esa constelación y me brinde la estabilidad orbital,

que cada estrella fugaz se acople a las mías

y dancen en el nuevo universo.

Ojalá y mi ojalá se cumpla,

que se cruce con tu ojalá

que cada día nuestras estrellas aumenten la intensidad de sus brillos.

Ojalá alcance mi anhelo del amor de pareja y

viva la dicha de cruzar mi alma con la de alguien con las mismas ganas,

la misma honestidad,

con ambiciones y metas.

© #ShadowMisLetras

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Empty theater stage with ornate curtains and a carved chair
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Recuerdos esquivos

Llevo un par de años rebuscando en los recovecos de mi mente

aquello que sin querer se archivó

Imágenes aparecen de la dramatización y la trama

cuando recité aquellas letras para un 15 de septiembre.

Desde hace años he intentado recordar el nombre

de ese poema, dónde sentí un dolor que nunca sufrí,

pero ya estoy vieja y los recuerdos son esquivos.

Una silla en medio del escenario con una chaqueta sobre el respaldo,

a unos pasos mi compañero narraba enardecido las cobardes formas

en que sustrajeron a un joven con fuerza militar.

En silencio espero mi turno para iniciar mi declamación, la dramatización

de las atrocidades que contaba una víctima

de las desapariciones forzosas en mi Guatemala

bajo el régimen dictatorial del presidente en turno.

Los recuerdos son esquivos y las letras se dispersan evitando que recuerde

el nombre de aquel poema que dejó al público en silencio,

que llegó con la fuerza de un tornado a elevar cadáveres vivientes

que viven entre el silencio, testigos de la época de represión y que víctimas

de militares y guerrilleros, que como la bruma del mediodía

se escondía entre vegetaciones, con la niebla de la noche acechaban en la

oscuridad y que con la ley a su favor amedrentaban a quienes les

desagradaban.

Robando tierras, masacrando familias, fragmentando comunidades,

infectando el espíritu y condenando el futuro de un pueblo que agoniza

entre la inmundicia de un sistema putrefacto que se alimenta de leyes

prostitutas, de entidades corrompidas, de carteles y terroristas.

Llevo un par de años rebuscando el nombre de aquel poema en el que

dramaticé las horas o los meses de un joven revolucionario que

temerario se aventuró a pelear contra el sistema opresor y fue oprimido,

torturado, desaparecido y olvidado.

Llevo años, pero ya estoy vieja y los recuerdos son esquivos,

y las letras difusas, y mi alma no descansa

al recordar aquello que no recuerda.

© #ShadowMisLetras

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Cuando menos lo esperaba..

Llegaste cuando menos esperaba volver a creer en el amor. Encontraste un corazón que llevaba demasiado tiempo escondido detrás del miedo, convencido de que era más seguro dejar de sentir que volver a arriesgarse.

Y, aun así, te quedaste.

No llegaste prometiéndome un para siempre. Llegaste con la calma de quien no necesita grandes palabras para demostrar lo que siente. Bastó un simple «hola», una mirada y uno de tus abrazos para que el invierno que habitaba en mí comenzara, poco a poco, a convertirse en primavera.

Sin darte cuenta, derribaste cada una de las barreras que construí durante años. Nunca me apresuraste; caminaste a mi lado con paciencia, hasta que un día descubrí que ya no le tenía miedo al amor… porque estabas tú.

La primera vez que nos atrevimos entendí que no solo estaba entregándote mi cuerpo, sino también mi confianza, mis miedos y esa parte de mi alma que había jurado no volver a compartir con nadie. Contigo todo se sintió diferente: más sincero, más profundo, más nuestro.

Hoy puedo decirte que me enamoré de la forma en que me miras, de la tranquilidad que encuentro en tus abrazos y de la paz que siento cada vez que nuestras manos se encuentran. Me enamoré de la persona que eres y de la mujer que soy cuando estoy contigo.

Gracias por llegar a mi vida cuando ya había dejado de esperar a alguien como tú. Gracias por recordarme que el amor no siempre llega haciendo ruido; a veces llega en silencio, con paciencia, con ternura… y termina convirtiéndose en el lugar donde el corazón, por fin, encuentra su hogar.

Si alguna vez me preguntas cuándo me enamoré de ti, no sabré darte una fecha. Solo sé que, sin darme cuenta, dejaste de ser una persona más para convertirte en el lugar donde siempre quiero volver.

Te Amo…♥

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Uno nunca esta listo

Por más que uno quiera, lo piense, respire profundo y apriete los puños, uno nunca esta listo.

El de ayer ya no es el mismo, algo cambió, se hizo más viejo, con más conocimiento pero menos tiempo, porque entre lo que avanza también se acorta.

Las huellas no son solo muestra del camino recorrido sino del que falta, de ese que tiene un final, no planificado, no hay cantidad de pasos pendientes, solo lo inesperado, por eso nunca se esta listo.

Como diría Lennon, la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados haciendo planes para el futuro. Y es que entre tanto ver hacia ese horizonte borroso no nos damos cuenta que fuimos acortando la distancia hacia el precipicio.

Nos pusieron la temática y algo se activó. Estoy listo para lo que nunca estamos listos, tal vez. O el cansancio de la noche tomó de la mano a la memoria y entre sentimentalismos pensaron que ya era hora.

Lastimosamente ni por más preparado que uno se crea, siempre llega de repente, y nos agarra desprevenidos, mientras no estamos listos. Porque cuando pensamos estar más listos que nunca, nada sucede.

Como ese viento que sopla, que despierta sensaciones, que te hace abrir las mano, como quien piensa poderlo atrapar, pero solo se sienten las ráfagas, así como el agua o la arena se esfuma, así, el último respiro.

Y es que no se trata de ese drama que se apodera de repente de nosotros y nos hacer querer ser la víctima, como quien piensa que después de ser, aún será recordado; patrañas.

Simplemente la brisa trae ese cuerpo con un caminar tan propio que te hace darle la bienvenida y dejarte llevar entre danza al hoyo al que todos vamos, que aunque sabiendo para donde vamos, nunca estamos listos.

Por hoy, podría abrir los brazos y fácilmente, aunque no esté listo, decir adiós.

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Cansancio del alma

Estoy cansada de ser quien soy,
de sostener sonrisas que ya no siento,
de caminar cuando mis piernas solo desean detenerse.

Hay un vacío que habita en mi pecho,
uno que ni el silencio ni el tiempo consiguen llenar.
Mi corazón late tan fuerte,
que a veces parece querer romperse para dejar escapar todo el dolor.

Quisiera dormir sin que el mundo me llame,
esconderme donde nadie me busque,
llorar entre unos brazos que no me juzguen,
y descansar, aunque sea por un instante, de esta batalla invisible.

Las cosas que antes iluminaban mis días
hoy apenas son sombras.
Voy al trabajo por deber,
pienso en la universidad sin encontrar fuerzas,
y sigo de pie solo porque aún no he aprendido a rendirme.

No me duele la soledad,
me duele sentir que, aun rodeada de gente,
nadie alcanza a ver el peso que llevo dentro.

Y aunque el amor toque a mi puerta,
hoy no es eso lo que más me rompe;
lo que realmente me duele
es haber olvidado cómo se siente vivir sin cargar el mundo sobre mis hombros.

Quizá algún día vuelva a encontrarme.
Quizá vuelva a sonreír sin fingir.
Pero hoy solo quiero que alguien comprenda
que, detrás de mi silencio,
hay un corazón que lleva demasiado tiempo pidiendo descanso.

Quizá algún día …..

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Two young adults walking in opposite directions on a narrow cobblestone street lined with old buildings and warm street lamps
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Sin decir adiós

Un día me fui sin decir adiós.

Noche fría, a pesar de que la luna estaba ausente.

Caminé sin voltear.

Fue un domingo de agosto de 1999.

Unas horas antes nos dijimos «te quiero», el «te amo» no tuvo tiempo de cocinarse.

Hubo un abrazo, que sin saberlo tenía sabor a inolvidable.

Jamás platicamos de nuestro futuro juntos, porque ambos lo sabíamos: «no existía».

Ingenuos jugamos.

Jugamos a eso llamado aventura.

Sin duda, la ingenua sigo siendo yo,

al querer creer,

que ambos terminamos enamorados.

Un día me fui sin despedirme,

sin lágrimas,

ni reproches.

Fueron 8 meses intensos,

cargados del fuego lujurioso de una pasión por fusionar nuestras vidas.

Vidas que ya estaban fusionadas sin saberlo.

Tú, con un amor de años y un bebé a la puerta.

Yo, con una desilusión más del afecto mal administrado.

Supiste que había desaparecido unas semanas después.

Aún recuerdo tu sonrisa esa noche,

ingenuo creíste cuando te afirmé: «te veo mañana a las 10» y tus brazos rodearon mi cintura.

Jamás concebiste mi partida, no sin antes llenarme de reproches, no sin antes marcar mi vida con tu orgullo de macho herido.

Pero un día solo caminé sin voltear, sin darme permiso a sabotear mi triunfal liberación de un amor compartido, fue una despedida con sabor a «sigo amando esto tan nuestro».

No te di oportunidad de despedirte y realmente romper nuestros lazos, fue un despedida con sabor de «hasta pronto».

Un día de agosto de 1999, me fui sin decirte adiós.

Sólo me fui.

© #ShadowMisLetras

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Donde el alma guarda silencio

Hay noches en las que el cuerpo obedece,
mientras el alma permanece inmóvil,
como una flor que cerró sus pétalos
para proteger el poco sol que aún conserva.


Aprendí que existen promesas
que otros escriben con tinta ajena,
y caminos que se recorren
sin haber elegido el primer paso.

Sonrío cuando esperan una sonrisa,
callo cuando el silencio pesa menos que las palabras,
y llevo en el pecho un jardín
que pocos han visto florecer.

No es ausencia de amor,
es la búsqueda de un lugar
donde mi corazón pueda descansar
sin pedir permiso para sentir.

Porque el deseo no nace de la obligación,
ni la ternura se firma en un contrato;
ambos llegan despacio,
como la lluvia que encuentra tierra fértil.

Y aunque el mundo me repita
que debo ser fuerte,
que debo cumplir,
que debo continuar…

Dentro de mí aún vive una voz
que susurra con paciencia:

«No olvides quién eres
cuando todos intenten decirte quién debes ser.»

Quizá algún día mis pasos
dejen de seguir senderos ajenos,
y mis manos aprendan
a abrazar aquello que realmente elijan.

Ese día mi mirada volverá a brillar,
no porque el pasado haya desaparecido,
sino porque habré descubierto
que la libertad también puede comenzar
con un solo latido de valentía.

Hasta entonces, seguiré cuidando de mi alma,
porque incluso en medio del silencio
hay una parte de mí
que nunca ha dejado de esperar la primavera.

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Escocia
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Escocia

En Escocia la lluvia no cae
para volver triste la tarde.
Cae porque así aprendió el país
a decir que todavía recuerda.

En Glasgow, los bares guardan voces
que no siempre celebran.
A veces solo acompañan,
como una mesa ocupada por gente
que sabe perder sin hacer discurso.

Las Highlands están lejos de la pantalla,
pero algo de esa piedra antigua
también llega al Mundial:
el frío, el viento,
la costumbre de resistir
sin convertir la resistencia en bandera.

Edimburgo mira desde sus calles grises.
Hay bufandas húmedas,
vidrios empañados,
un vaso medio lleno
y alguien que apaga la televisión
un poco después del final.

No toda derrota rompe.

Algunas solo dejan al país
más parecido a sí mismo.

Escocia vuelve a casa
con la lluvia sobre los hombros,
con la garganta cansada
y con esa dignidad seca
de quien no necesita ganar
para seguir cantando.

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