
Nos encontramos donde el tiempo no pesa,
donde el silencio no asusta,
donde una mirada basta
para saber que todo sigue latiendo.
Siendo fuego y agua,
opuestos y equilibrio,
iluminando los días
como si fueran el primero.
Con la fuerza de quien ha sobrevivido inviernos,
te observo sin ahogar el fuego,
te acercas sin quemar el agua
y aun así, algo en nosotros insiste en florecer.
Somos raíz que no se rinde,
flor que no se apaga,
fuego que no arde por destruir,
sino por recordar el calor de un nombre pronunciado con verdad.
Si algún día nos perdemos,
volveremos por el aroma,
por la huella suave de lo sembrado,
porque en este jardín no hay promesas vacías
solo luz y tierra pactando amor sin ruido
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.