Escribología

Agonizaba

Y mi sonrisa se iba extinguiendo.

Pasaban los días.

La ilusión fue apagándose, la fe fue menguando.

Callada caminaba.

Ya no era la entusiasta.

Ya no existía esa chispa.

Nadie se daba cuenta de cómo iba desapareciendo la alegría, la esperanza.

Fue anidando en mis ojos la tristeza y decepción.

La ilusión se extinguía.

Los anhelos agonizaban.

Callada moría en vida.

Callada agonizaba en un amor tormentoso.

Quise hacerme escuchar, muchas veces con lágrimas, otras con súplicas, a veces con furia, otras intenté negociar.

Nada funcionó.

Agónica existencia.

Mi saludo ya no tenía el efecto que motivaba.

Mi abrazo era débil, insípido y frío.

En silencio agonizante, se apaga mi sonrisa.

En silencio agonizante, vivía muriendo.

Callada agonizaba.

Dormía sin dormir, cada día más agotada.

Y no importaba mi agonía, sólo quería morir en los brazos de ese amor que tanto daño me hacía, de ese amor que no lo era.

En silencio.

Por casi dos lustros.

Callada.

Por casi 240 meses.

Agonizaba.

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Poema desahuciado

Has llegado a mi mente en varias ocasiones. Imprudentemente. Mi instinto es abrazarte, porque te extraño.

Invades mi espacio y desestabilizas mi cómoda existencia. Llegas, te impones de manera tan voluntariosa que no me resisto.

Te observo, sonrío y te dejo estar ahí, dueño de ese instante. Un bucle de tiempo en esa constelación que se formó de nuestra ilusión.

Tantos poemas que he escrito al cielo en el silencio de mi insomnio. Cuántas veces redacto y elimino, porque ya no tiene sentido. Cuántas letras sacrificadas por un poema desahuciado. Cuánto amor derrochado ante un alma errante.

Me visitas sin invitación, recordándome lo egoísta de tu actuar. Tu recuerdo impertinente se planta en mi mente. Mi voluntad no se amedrenta, aunque me permite abrazar tu soberbia presencia.

Al final sólo eres eso: un recuerdo. En mi existir ya no existes, en mi diario vivir ya no vives. Tantos poemas de una poeta que no lo es, para un ser que dejó de ser.

Cuántas letras más deberé sacrificar con crueldad, para no decir lo que he dicho, para no aceptar que te extraño, para no exponer mi amor, para olvidar y seguir.

Has llegado una vez más, te mofas triunfante, y reacciono como usualmente lo hago:

Te observo, sonrío, aprecio tu visita, te deseo lo mejor, mientras mi corazón, como un timbal, se sacude con violencia; mientras mi respiración se acelera y mi rostro intenta no descomponerse ante la incomodidad.

Al final sólo eres un recuerdo de ese alguien que quise con intensidad.

Mis letras inquietas forman palabras que intentan plasmar sentimientos, añoran exponerme, y no me queda otra opción que aniquilar una a una, no sin antes saborear el dulce aroma de esa textura aterciopelado que acaricia mi alma y nutre mi existir.

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Deja media vida en mí

Bésame.

Tenue.

Dulce.

Deja media vida en mí.

Mi anhelo es fusionar mi alma a la tuya.

Bésame.

Deja tu imperdible aroma en mí.

Tenue.

Que perdure hasta la inmensidad.

Dulce.

Han pasado siglos desde nuestro choque estelar.

Bésame.

En el silencio de la locura que encendiste.

Bésame.

En la oscuridad donde brillan los luceros que alumbran mi espíritu.

Bésame.

Tenue.

Dulce.

Deja media vida en mí.

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Zurciendo poemas

Hay heridas que he zurcido escribiendo poemas,

existen otras que sangran incesantes.

Hay poemas cuyas letras olvidan para quien van dirigidas,

existen otros imprudentes delatores.

Algunas heridas en cierta época se abren e inundan con su sangrar virulento,

existen otras que no dejo de rascar.

Hay escritos que consuelan mi existencia,

otros que como Gillette cortan bajo la piel.

Mi tejer letras en todo este tiempo ha sido una aventura de batallas interminables,

de sueños alcanzados,

de amores imaginarios

de utopías tentadoras.

Hay heridas que he zurcido escribiendo poemas,

existen otras que sangran incesantes.

© #ShadowMisLetras

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Mario Benedetti / defensa de la Alegría
Buzón E

Defensa de la Alegría

AUTOR: Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

“Después de todo, la muerte es solo un síntoma
de que hubo vida.”

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Recuerdo silencioso

Guardé tu sonora risa en el aleteo del colibrí,

que visita cada mañana mi jardín secreto.

Acuné el primer orgasmo en la melodiosa lluvia de occidente.

Llevo atada,

en aquella pulsera,

ese revoloteo de mariposas en mi estómago cuando te acercabas.

Escondí en la textura de aquel libro que robé,

la singular manera de tomar mi mano.

Acaricio tu aroma

al contemplar al ocaso agonizante

con la promesa de regresar mañana.

Tejí tu ternura en aquella canción que me dedicaste.

Abrazo tu recuerdo en cada tarde calurosa.

Apilé tus facturas pendientes

y no esperes que las cobre,

porque el tiempo lo hará por mí.

Guardé mis sentimientos

en aquella billetera de cuero

donde permanecerán sigilosos.

No niego que no te viví,

que no te disfruté

que no te sufrí.

No olvido

porque es necesario

para no volver a caer en el abismo.

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Intolerablemente soñadora

Mis días sin tu amor,

ahora que estoy consciente que no lo tengo más,

están llenos de vacíos,

sepultados debajo de todo aquello que anhelé.

¿Fui demasiado sincera?

Creo que eso fue.

Mi realidad fue demasiado real.

Mi sueño junto a ti fue demasiado vivencial.

La conexión no existió aunque la química nos embaucó.

Mis noches sin ti,

están tan llenas de nada más que retazos del sueño aniquilado.

No hay llamadas que esperar,

ni historias que escuchar,

mucho menos tu sonrisa tras la pantalla.

Pintaba perfección

culminó con un: «no tenemos futuro».

Y ahora veo que realmente no había un futuro,

nunca existió un presente;

tu fastidiosamente pesimista;

yo intolerablemente soñadora.

Aunque hoy te extrañe y nada sea como deseé,

lo que tuvimos me llenó de esperanza, amor y espontaneidad,

ni más ni menos de lo que esperé.

Ni más ni menos de lo que podías dar.

Te amo, hoy, lo afirmo,

aunque sin duda se extinguirá,

en un par de lunas,

en un diluvio que desbordará y nublará mis ojos.

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Constelación

Me di por vencida.

Ya no volvería a permitir que me abrazara el amor y su adictiva necesidad de morir de la ilusión de algo recíproco.

Lo hice y seguí mi camino.

Lo hice ante la inevitable travesía de un mundo lleno de ilusiones.

No contaba con la luz que irradia la constelación de tu ser.

No imaginé la astucia del hado.

Ingenua.

Creí que al darme por vencida, todo estaba controlado.

Mírame ahora.

Mi sonrisa no es que sea más grande.

Pero si refleja mi felicidad.

Mi mirada no es más despierta.

Sin embargo, tiene un brillo más intenso.

Mis anhelos ya existían, pero llegaste y me diste el empuje para alcanzarlos.

Ya escuchaba música.

Ya escribía uno que otro pensamiento.

Mi pasión, aunque dormida, ya existía.

Pero al llegar tu, se activó ese inocente sentimiento de poderío sublime.

Ese que te brinda el valor y que te da esperanza.

Antes que llegaras, mis miedos eran los mismos.

Antes de ti, ya sonreía.

Me di por vencida.

Decidí rechazar al amor.

Pero el amor no se rinde.

Se manifiesta y te vuelve a abrazar.

Se presenta de la manera menos imaginable.

Ahora, nuevamente necesito mi dosis.

Mi adicción regresó.

En otros ojos.

En otros labios.

Con una pícara sonrisa.

Una voz envolvente.

Una tierna mirada.

Mi adicción regresó.

Al llegar tú y tu constelación de luz.

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La soledad y yo

Amo a la soledad.

El poder de estar sin estar.

La emoción de escuchar mi interior.

Amo esa burbuja de silencio.

El privilegio de escuchar la nada.

La ausencia de la inagotable estridencia del diario vivir.

Amo ver hacia la nada de mi techo.

De oír el imperceptible sonido de la nada.

De ese vacío que me llena.

Amo la ausencia de otro ser.

Y disfruto más de esa compañía cuando decido compartirla.

Porque soy un ser socialmente selectivo.

Comparto cuando debe compartirse.

Converso con y cuándo deseo hacerlo.

La soledad y yo,

es la única relación constante y estable en mi vida.

Llevamos una relación de respeto y tolerancia.

Acudimos mutuamente cuando nos necesitamos.

Nos observamos, nos escúchanos, nos respetamos.

La soledad y yo,

amamos nuestra privacidad, nuestra rareza, nuestros diálogos o monólogos.

Amo a la soledad.

Compartimos los mismos gustos musicales, las mismas lecturas y hasta los mismos amores.

Detestamos el no cuestionar todo, aunque las respuestas provoquen más preguntas.

Amo a la soledad, a mi soledad, la disfruto y la añoro.

© #ShadowMisLetras

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No te enamores

No te enamores, por favor, no lo permitas.

No sucumbas ante el peor de los tormentos.

Es una tortura autoinfligida.

Beber el mejor cóctel aderezado con gotas de cicuta.

Comer el delicioso manjar contaminado con arsénico.

Se ignora que mueres un poco con cada sorbo, con cada mordisco.

No te enamores, por favor, no lo permitas.

Te conviertes en un ser inanimado.

Tus decisiones son erráticas y tu coherencia se ve nublada ante la ilusión de lo perfecto.

Te enamoras y dejas a tus deseos, a tus metas en el rincón de los pendientes.

Tu vida pasa a segundo plano.

No te enamores, por favor, escúchame.

Te transformará en un fanático devoto, en un kamikaze.

No vivirás si no es para ese ser.

Tu existencia se reducirá a una insignificante vida parásito.

Harás lo que sea necesario para ser ese ser que tu ser especial merece.

Darás todo y más, con tal de demostrarle cuánto le amas.

No te enamores, por favor, atiéndeme.

Terminarás hecho añicos.

Lamiendo cada herida con el poco amor propio que inteligentemente se escondió al ver tu insensatez.

Tu deceso será una victoria para el amor, te convertirás en un defensor de su turbia existencia.

Continuarás, como un errante, buscando el amor, queriendo triunfar y soñando con que puedes enamorarte y no sufrir sus contraindicaciones.

No te enamores, a menos que estés consciente que morirás tortuosa y lentamente.

© #ShadowMisLetras

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