una guerra vestida de calma,
luchando por todo…
y quedándome con nada.
Soy la mujer que aprendió a levantarse
con el alma hecha trizas
y la sonrisa intacta,
como si doler fuera parte del rol.
Me hice a golpes,
me hice de ausencias,
mientras amaba con un pecho lleno
y recibía las sobras de la presencia.
Me hablaron del hilo rojo,
ese destino romántico que une,
pero el mío está torcido,
manchado de llanto,
anudado a quien nunca se quedó.
Siempre amé primero,
fui refugio, fui casa,
fui todo…
hasta que me quedé sin mí.
Y el tiempo, ese cobarde,
siempre llegó tarde,
con promesas vacías
y amores que sabían a casi.
He luchado con las uñas,
con los dientes,
con el corazón hecho cenizas
y los ojos hinchados de rabia.
He dado pasos sin suelo,
y aún así, me sostuve.
Porque soy muchas cosas:
soy herida,
pero también cicatriz.
No soy perfecta.
Soy real.
Soy un grito que aprendió a callar,
un abrazo que aprendió a soltarse,
una mujer que ya no espera…
pero aún ama con el alma desnuda.
Y aunque el hilo me queme,
aunque el destino me ignore,
seguiré siendo yo:
tormenta, ternura, fuego y verdad.
Una historia escrita con sangre,
pero con final de mujer que no se rinde.
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