Tomé,
con ilusión,
tu mano.
Levanté mi rostro.
Me veías con ternura –así lo percibí– y sonreías.
Desterraste el “no tienes oportunidad”
la bandera del “me daré permiso” inició a ondear.
La quimera me envolvió.
El desenlace no tardó.
Tu mano tomó la flecha
el filo atravesó mi corazón.
Un crujido: Tu sonrisa.
Un gemido: Mi deceso.
Mi boca ambicionaba morir en tus labios.
Probar tu boca saborear tu esencia.
La quimera nubló mi juicio.
Morí en el alba de una quimera.
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