Siempre quise conocer al amor.
Me he enamorado.
Sin duda yo inventé que también estaba enamorado de mí.
Imaginé que la manera afable de convivencia inicial era interés y que me estaba cortejando.
Me enamoré y quise creer que el sentimiento era mutuo.
Sentí que me miraba como si yo fuese el atardecer más hermoso.
Sentí esa sonrisa como si me perteneciera.
Sentí y los días me arrullaban.
Todo fue un cruel mal entendido.
Escribí historias donde nunca existió la frase «érase una vez…»
Embellecí con la dulzura de la ilusión a aquel personaje que no me ofreció nada.
Atribuí romanticismo a un personaje que con cruel desdén me enseñó que el amor existe solo en mi concepción.
Sin duda yo siempre he soñado con ese amor bonito.
Inventando devoción en personajes que son devotos solo de ellos mismos.
Sentí que me deseaban y así fue, pero solo fui una posesión, un objeto.
Sentí que podría convertirme en algo más, y así fue.
Me transforme en el cadáver viviente que se consume de inanición ante la ausencia del amor y la devoción.
Sin duda soy una maravillosa inventora y siento lo que nadie más puede, lo que nadie más concibe.
Sin duda conocí al amor, pero no a ese con el que he soñado.
©#ShadowMisLetras
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.