Has llegado a mi mente en varias ocasiones. Imprudentemente. Mi instinto es abrazarte, porque te extraño.
Invades mi espacio y desestabilizas mi cómoda existencia. Llegas, te impones de manera tan voluntariosa que no me resisto.
Te observo, sonrío y te dejo estar ahí, dueño de ese instante. Un bucle de tiempo en esa constelación que se formó de nuestra ilusión.
Tantos poemas que he escrito al cielo en el silencio de mi insomnio. Cuántas veces redacto y elimino, porque ya no tiene sentido. Cuántas letras sacrificadas por un poema desahuciado. Cuánto amor derrochado ante un alma errante.
Me visitas sin invitación, recordándome lo egoísta de tu actuar. Tu recuerdo impertinente se planta en mi mente. Mi voluntad no se amedrenta, aunque me permite abrazar tu soberbia presencia.
Al final sólo eres eso: un recuerdo. En mi existir ya no existes, en mi diario vivir ya no vives. Tantos poemas de una poeta que no lo es, para un ser que dejó de ser.
Cuántas letras más deberé sacrificar con crueldad, para no decir lo que he dicho, para no aceptar que te extraño, para no exponer mi amor, para olvidar y seguir.
Has llegado una vez más, te mofas triunfante, y reacciono como usualmente lo hago:
Te observo, sonrío, aprecio tu visita, te deseo lo mejor, mientras mi corazón, como un timbal, se sacude con violencia; mientras mi respiración se acelera y mi rostro intenta no descomponerse ante la incomodidad.
Al final sólo eres un recuerdo de ese alguien que quise con intensidad.
Mis letras inquietas forman palabras que intentan plasmar sentimientos, añoran exponerme, y no me queda otra opción que aniquilar una a una, no sin antes saborear el dulce aroma de esa textura aterciopelado que acaricia mi alma y nutre mi existir.
© #ShadowMisLetras