Me siento atrapada en un vacío que me consume. Es un lugar frío, lleno de culpa, donde mi propia voz se convierte en mi enemiga. Me repite una y otra vez que no soy suficiente, que lo que hago nunca alcanza, que fallo incluso cuando intento dar lo mejor de mí. Y en ese eco interminable, comienzo a creerlo.
Lo que más me duele es darme cuenta de que, sin quererlo, lastimo a las personas que más amo. Basta una palabra mal dicha, un silencio prolongado, un gesto de indiferencia, y siento que todo se quiebra. Es como si cargara con la capacidad de destruir lo que más me importa, y esa idea me persigue, me sofoca, me rompe por dentro.
A veces me pregunto si realmente soy una buena hija, si en mis actos hay amor suficiente o si solo reflejan torpeza, cansancio o indiferencia. Quisiera poder mirar a los ojos a quienes quiero y saber con certeza que no les estoy fallando, que no soy una carga, que mi presencia no hiere más de lo que sana. Pero esa certeza nunca llega.
Y entonces surge la duda: ¿de verdad hago las cosas bien? O tal vez todo lo que toco termina fracturándose un poco más, aunque yo no lo vea de inmediato. Ese pensamiento me desgarra, porque amo con todo mi ser, pero el miedo de herir es tan grande que a veces me paraliza.
Vivo con la sensación de que me pierdo en mí misma, de que camino con los bolsillos llenos de piedras que yo misma me pongo, y no sé cómo quitarlas. Lo único que sé es que me duele, me arde el alma preguntándome si algún día seré suficiente, si algún día dejaré de sentir que en lugar de dar luz, solo dejo sombras en quienes más quiero.
Archivo de la categoría: Escribología
Constelación
Me di por vencida.
Ya no volvería a permitir que me abrazara el amor y su adictiva necesidad de morir de la ilusión de algo recíproco.
Lo hice y seguí mi camino.
Lo hice ante la inevitable travesía de un mundo lleno de ilusiones.
No contaba con la luz que irradia la constelación de tu ser.
No imaginé la astucia del hado.
Ingenua.
Creí que al darme por vencida, todo estaba controlado.
Mírame ahora.
Mi sonrisa no es que sea más grande.
Pero si refleja mi felicidad.
Mi mirada no es más despierta.
Sin embargo, tiene un brillo más intenso.
Mis anhelos ya existían, pero llegaste y me diste el empuje para alcanzarlos.
Ya escuchaba música.
Ya escribía uno que otro pensamiento.
Mi pasión, aunque dormida, ya existía.
Pero al llegar tu, se activó ese inocente sentimiento de poderío sublime.
Ese que te brinda el valor y que te da esperanza.
Antes que llegaras, mis miedos eran los mismos.
Antes de ti, ya sonreía.
Me di por vencida.
Decidí rechazar al amor.
Pero el amor no se rinde.
Se manifiesta y te vuelve a abrazar.
Se presenta de la manera menos imaginable.
Ahora, nuevamente necesito mi dosis.
Mi adicción regresó.
En otros ojos.
En otros labios.
Con una pícara sonrisa.
Una voz envolvente.
Una tierna mirada.
Mi adicción regresó.
Al llegar tú y tu constelación de luz.
Agosto – 8/12
Agosto siempre llega con los bolsillos rotos,
con la espalda doblada de tanto cargar días,
con los ojos resecos de tanto mirar al futuro sin verlo.
Es un mes que no promete nada,
pero lo exige todo:
te recuerda que ya gastaste más de la mitad del año
y que la otra mitad
no es un cheque en blanco,
sino una deuda que se acumula.
Agosto es cruel,
porque te sienta frente a la mesa del tiempo
y te pregunta, sin voz,
qué has hecho con tus horas.
Los días pesan distinto aquí.
Se sienten largos, pero se fugan igual,
como si alguien hubiera abierto una grieta en el calendario
y por ahí se escurrieran tus excusas.
Agosto no sabe de paciencia:
te enseña que todo lo que pospones
se convierte en polvo,
que lo que callas fermenta hasta pudrirse,
que lo que sueñas y no persigues
termina odiándote en silencio.
Es un mes de espejos partidos,
te devuelve el reflejo de lo que finges,
y te desafía a mirar los pedazos sin huir.
A veces duele, sí,
pero agosto no vino a acariciar,
vino a recordarte que estás vivo
y que vivir significa arder,
aunque te queme.
Algunos lo odian porque trae rutinas pesadas,
otros porque se convierte en un inventario de fracasos.
Pero agosto no tiene la culpa:
es el juez que se limita a mostrarte
el archivo de lo que fuiste,
y la sentencia de lo que puedes dejar de ser.
Así que míralo de frente,
aunque te incomode.
Pregúntate qué cicatrices merecen quedarse
y cuáles solo son cadenas oxidadas.
Haz de agosto una hoguera
y lánzale todo lo que ya no eres.
Porque al final,
ese es su verdadero secreto:
no viene a recordarte lo perdido,
sino a gritarte, sin voz,
que todavía estás a tiempo.
Remanso de Esperanza
Llegaste sin prisa, y de pronto todo cambió,
como si el aire mismo se hiciera más ligero.
Mi corazón, antes cerrado y cauteloso,
se dejó llevar por la calma de tu mirada.
La esperanza ya no es un sueño lejano,
sino una caricia que me envuelve cada día.
Tus risas, tus silencios, incluso tus gestos torpes,
son un refugio donde puedo simplemente ser.
Siento la tranquilidad de estar contigo,
de que no hay máscaras ni miedo que nos separen.
Y aunque el mundo a veces ruja y me confunda,
tu amor es un puerto seguro, constante y sereno.
No necesito promesas ni palabras grandiosas,
solo tu presencia que calma mis tormentas.
Porque en ti encontré más que amor:
encontré paz, raíces y un remanso de esperanza.
La soledad y yo
Amo a la soledad.
El poder de estar sin estar.
La emoción de escuchar mi interior.
Amo esa burbuja de silencio.
El privilegio de escuchar la nada.
La ausencia de la inagotable estridencia del diario vivir.
Amo ver hacia la nada de mi techo.
De oír el imperceptible sonido de la nada.
De ese vacío que me llena.
Amo la ausencia de otro ser.
Y disfruto más de esa compañía cuando decido compartirla.
Porque soy un ser socialmente selectivo.
Comparto cuando debe compartirse.
Converso con y cuándo deseo hacerlo.
La soledad y yo,
es la única relación constante y estable en mi vida.
Llevamos una relación de respeto y tolerancia.
Acudimos mutuamente cuando nos necesitamos.
Nos observamos, nos escúchanos, nos respetamos.
La soledad y yo,
amamos nuestra privacidad, nuestra rareza, nuestros diálogos o monólogos.
Amo a la soledad.
Compartimos los mismos gustos musicales, las mismas lecturas y hasta los mismos amores.
Detestamos el no cuestionar todo, aunque las respuestas provoquen más preguntas.
Amo a la soledad, a mi soledad, la disfruto y la añoro.
Esperar lo genuino
He amado con todo mi ser. He entregado sonrisas, abrazos y hasta mis silencios. He amado de formas que tal vez no todos comprendan, con la esperanza de construir algo que trascendiera el tiempo.
Hoy, sin embargo, me encuentro sola. No porque no existan opciones, sino porque aprendí que no se trata de llenar un vacío con compañía pasajera. No quiero un cuento de princesas ni un final escrito de antemano. Deseo algo real, sin máscaras ni disfraces.
Quiero un amor que no tema a mis heridas ni a mis risas inesperadas. Un amor que respete mis pausas, que celebre mis logros y que entienda que la vida no siempre es perfecta, pero puede ser maravillosa cuando se camina de la mano de alguien auténtico.
Mientras tanto, me tengo a mí. Y en este tiempo de espera, aprendo a abrazar mi soledad como un lugar fértil, donde florecerá lo genuino cuando llegue el momento indicado…

No te enamores
No te enamores, por favor, no lo permitas.
No sucumbas ante el peor de los tormentos.
Es una tortura autoinfligida.
Beber el mejor cóctel aderezado con gotas de cicuta.
Comer el delicioso manjar contaminado con arsénico.
Se ignora que mueres un poco con cada sorbo, con cada mordisco.
No te enamores, por favor, no lo permitas.
Te conviertes en un ser inanimado.
Tus decisiones son erráticas y tu coherencia se ve nublada ante la ilusión de lo perfecto.
Te enamoras y dejas a tus deseos, a tus metas en el rincón de los pendientes.
Tu vida pasa a segundo plano.
No te enamores, por favor, escúchame.
Te transformará en un fanático devoto, en un kamikaze.
No vivirás si no es para ese ser.
Tu existencia se reducirá a una insignificante vida parásito.
Harás lo que sea necesario para ser ese ser que tu ser especial merece.
Darás todo y más, con tal de demostrarle cuánto le amas.
No te enamores, por favor, atiéndeme.
Terminarás hecho añicos.
Lamiendo cada herida con el poco amor propio que inteligentemente se escondió al ver tu insensatez.
Tu deceso será una victoria para el amor, te convertirás en un defensor de su turbia existencia.
Continuarás, como un errante, buscando el amor, queriendo triunfar y soñando con que puedes enamorarte y no sufrir sus contraindicaciones.
No te enamores, a menos que estés consciente que morirás tortuosa y lentamente.
El significado de amar
Un día entendí qué era amar, el amor de pareja.
Fue un largo trayecto doloroso -debo aceptarlo-.
Pero, cómo no estar confundida si desde pequeña me fui alimentando de información sesgada.
Crecí con la idea que amar era entregarme sin condiciones, sin miramientos, sin razonamiento alguno para ser feliz.
Pero, hoy, hace siete años, en un instante de descubrimiento y satisfacción, caí en cuenta, al fin entendí y, sobre todo, acepté que estuve un poco errada.
Amar es poder vivir sin más compromisos que cuidarme, respetarme y disfrutar de mi hoy.
Ordenar mis prioridades y ver el amor no como posesión, sino como un acompañante que está a mi lado en diversas formas.
Un día entendí qué era amar.
Entonces, inicié con mi proyecto de vida y, aunque decaí en algunas oportunidades, logré identificar que me resistía a no entender que amar no es poseer.
En este trayecto de seis años que he librado sola, he concebido que:
Amar es paz mental,
amar es no depender,
amar es agradecer,
amar es contar con amistades,
amar es tener el respeto de mis hijos,
amar es amarme.
He comprendido que es maravilloso tener a alguien a mi lado, pero es perfecto si es recíproco, exclusivo y cortés.
Amar es más que tener a alguien únicamente por no estar solo.
Amar es sumar, crecer juntos y disfrutar de la peculiaridad del otro ser.
<<Encore>>
Es llama constante, no voraz
en la búsqueda de amarte un día más y un poco más.
en que latitud y altitud se anclan a tu pecho,
el horizonte es claro y también estrecho
y si, cada día es el día en que te busco,
porque te busco, también te encuentro…
y emocionante es el mañana
en el que todavía aún a ti huelo
somos ouroboros con siniestros y gracias
poema dialéctico de polvo de estrellas
somos versos de lógica sin burocracia
frutos del caos y el orden de la galaxia
en una prisión con puertas abiertas,
somos libro leído con todas las respuestas,
otros sueñan con otras dimensiones
pero hemos atinado a la grave apuesta
y en el proceso ganado una fortuna:
libertad de amar la realidad que es una
Para siempre un día más,
una promesa vivida en el día al día.
Un día más aún…
y un poco más…
Amor en Silencio
Amor en Silencio
Te veo desde lejos, amor sin dueño,
como se mira un sueño que no se puede tocar,
con la calma rota en el pecho
y la piel ardiendo sin poderte alcanzar.
Tú caminas sin saberlo,
ajeno a esta tormenta que llevo por dentro,
con esos rizos que provocan suspiros
y una mirada que me desarma lento.
Eres joven, tan libre, tan claro,
y yo… yo soy cautiva de lo que no digo,
mi amor por ti no tiene edad ni horario,
solo un corazón que late contigo.
No sabes que me enredas con tu voz,
ni que en mis noches apareces sin llamar,
que mis labios guardan tu nombre
como un secreto imposible de soltar.
El mundo diría que no debo sentir esto,
que tú eres un fuego que no debo tocar…
pero el alma no sabe de reglas,
solo sabe amar.
Y aunque tú no sepas nada,
aunque pases y no me mires jamás,
yo te amo en silencio, sin medida,
como solo se ama una vez…
sin edad.