Escribología

No fuimos nada

No fuimos nada, pero me hubiese encantado.

En algún momento me diste señales de que quizás podría pasar.

Mi facilidad para crear escenarios llenos de romance, me trasladó hacia un mundo fantástico donde me veías como yo te veo.

Alegraste mi día a día con tu atención constante, al punto de robarme tiempo y sonrisas.

Me conectaste con un presente que guardé en el ático del olvido.

Recordé la sensación de saber que has impresionado a alguien y cómo, ese alguien, intenta impresionarte.

Alcancé la dicha de abrazar un romance con sabor a oportunidad.

Toqué el alba acunado por una estrellada noche de luna nueva.

Fue un año de: casi algo, sin olvidar que no fuimos nada.

Un bucle de tiempo que me devolvió la sensibilidad, la ilusión, el ¡por qué no!

Me hubiese encantado, pero como otras veces, puede que solo haya sido una creación fantástica de la facilidad de crear escenarios románticos, donde no son.

Soy una escritora, le pongo un toque de magia a todo lo que me hace ruido y lo envuelvo en un suspiro contenido en la armonía de la chispa de la aventura adolescente.

#ShadowMisLetras

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Enero
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Enero – 1/12

Enero no irrumpe.
Llega despacio,
como quien camina descalzo
sobre los restos de una fiesta.

Trae el silencio que sigue al ruido,
el eco de lo que fuimos
y la pregunta inevitable:
¿quién seremos ahora?

Hay algo en su luz distinta,
una claridad que no abriga,
pero invita.
A mirar con honestidad,
a ordenar lo que duele,
a elegir con calma.

Enero no es promesa,
es posibilidad.
Una página sin ruido,
no por vacía,
sino por abierta.

Nos enfrenta a la urgencia de vivir sin prisa,
a entender que no todo debe empezar de golpe.
Que sembrar también es esperar.

Es un tiempo de raíces,
no de fuegos artificiales.
De silencios fértiles,
de comienzos sin espectáculo.

Y así, sin apuro,
Enero se vuelve un espacio
donde el alma se escucha.

No para resolverlo todo,
sino para recordar
que el verdadero inicio
sucede dentro.

1/12

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Cuestionamientos

¿Qué somos? Me preguntas

¿Amantes?

Sí, somos amantes porque los amantes se desean y nosotros nos deseamos.

¿Amigos con derecho?

Sí, porque buscamos cualquier pretexto para vernos.

¿Novios?

También, porque mantenemos una comunicación constante entre mensajes y llamadas.

Porque nos dedicamos canciones y nos extrañamos con el alma.

¿Momentos bellos?

Sí, y más que eso.

Somos la pasión y la lujuria, el deseo de quitarnos las ganas.

Somos el amor, esa flor, aquel poema, la angustia y la calma.

¿Qué somos? me vuelves a preguntar.

Somos lo que queremos ser.

Somos todo y somos nada.

Sólo somos ese «nosotros» que se forma al fusionar nuestras miradas.

© #ShadowMisLetras

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Perdí la razón

Perdí la razón, como tres veces.

Es lo que recuerdo.

Puede que hayan sido muchas más.

Fue necesario para mantenerme cuerda.

Entré a un mundo donde me dediqué a zurcir, una puntada por vez, mi pecho flagelado.

Perdí la mente y me fui muy lejos sin rumbo trazado, como una hoja que el árbol desecha y que cae al ritmo del frío viento.

Así lo recuerdo.

Puede que sucediera menos romántico, pero, porque no aprovechar la lírica para contar sin contar.

Ingresaba y salía de este maravilloso conjunto de astros, brincaba de una estrella a otra, de un satélite a otra órbita.

Intentando sanar la putrefacta abertura en un pecho que abrigada amor y devoción.

Perdí mi locura, abrigué la inmadura conformidad de una insana relación.

Puede que esté disfrazando mi cobardía y desmienta lo frágil que soy.

Mi lugar secreto en una constelación dentro de mi locura, tan cómoda y cálida, tan absurda y lúgubre; llena de algo agradable que me daba la seguridad necesaria para continuar zurciendo, una puntada por vez, a mi flagelado pecho.

Así lo recuerdo.

Puede que haya dolido a un nivel exponencial y sólo lo esté maquillando para que se vea insignificante.

En mi vida he perdido muchas cosas como: oportunidades, metas y sueños, pero, perder mi razón, mi mente, mi cordura, mi lógica, me llevó a perderme a mí misma.

Tuve que luchar contra mi razón, dejar de entrar y salir de esta constelación.

Tuve, con valentía, que zurcir de una vez esa abertura que venía zurciendo una puntada por vez; pues sólo así dejé de perderme y me decidí a no volver.

Así lo recuerdo y así fue.

Me observé, tomé una aguja de razón, coloqué hilo de realidad y zurcí con determinación toda la herida.

No hubo vuelta atrás.

Así lo recuerdo y así sucedió.

Perdí la mente tantas veces buscando no ver mi realidad.

Evadiendo la pequeña herida que, por negligencia, se convirtió en un cráter que expulsada tristezas, quejas y lágrimas de sal.

Cerré la abertura que había dejado entrar la toxicidad de la mentira y vino a contaminar el amor y devoción que habitaba.

Así lo recuerdo y así sucedió.

Perdí mi mente y no podía pensar, perdí la razón y sólo quise regresar.

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Marzo

Te conocí en marzo.

Una tarde de domingo, con un sol imponente como testigo.

En este tiempo he sido gratamente sorprendida una y otra vez.

Tu esencia le ha dado una fresca lluvia a aquella estrella en agonía, que orbitaba sin más rumbo que no dejar de existir.

Tu presencia ha cautivado a aquellas expectativas reacias.

Mi esperanza se ha fortalecido y ante un acto de loca valentía, ha brincado desde la corniza, de espaldas, con una sonrisa de triunfo.

Mi sonrisa tiene tu «colocha» en las comisuras y anhelo un nuevo «ojalá».

Una tarde de domingo, sentados junto al otro, conversando sobre este libro, que se robó el protagonismo por su significativo enlace.

Quizás el hilo rojo, tenía un nudo que sería desatado con el nombre de este libro, que daría pie al encuentro de mi intenso ser con alguien cuyo corazón es todo tu ser.

Los días han avanzado, las semanas me han hecho una sutil presentación de ese instinto de protección que es tu rasgo más distintivo.

Los meses han transcurrido y siento que te conozco desde hace tanto.

Agradezco la dicha de sentirme apoyada, cuidada y protegida. Mis días son más bonitos desde que eres parte de ellos.

Mi querido amigo, con quién he sido yo, con quién puedo expresar lo que siento, y no me he sentido juzgada ni condenada.

Te conocí en marzo.

© #ShadowMisLetras

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Pausa y reinicio

La muerte no es final,
es reinicio, otro nivel,
una pausa larga, un respiro,
como soltar el aire y dejarse ir.

No es vacío,
es como cerrar los ojos al ruido,
darle espacio a lo que viene,
a lo que somos sin el peso del cuerpo.

La muerte no te roba nada,
te devuelve,
como si cada parte tuya,
cada recuerdo,
se volviera semilla en el viento,
esencia que se queda en el aire.

A todos nos toca,
pero no es castigo,
es descanso de ser,
de buscar, de correr,
y de pronto, solo fluir.

Es una ruta,
el camino de vuelta a casa,
sin prisas, sin drama,
dejar lo terrenal,
ser parte del pulso eterno.

Y al final,
somos todos chispas de algo más grande,
la muerte nos abre, nos expande,
somos nota en una melodía infinita,
y al cerrar los ojos,
renacemos en el eco de todo lo vivido.

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Porque por quedarte, mueres.

Presente como el aire que sofoca,

Ardiente como tus suspiros en mi boca.

Precisa como un verso de Borges,

Indecisa hoy, y todas las noches.

Diluida como la paciencia ante la prisa,

Bienvenida como la ofrenda en una misa.

Detenida como el tiempo entre lo despacio,

¿Precavida? En todo momento y en todo espacio.

Vertiente como el río,

Soberbia como el frío;

el frío que se aferra a cada ente que encuentra vivo.

En principio, todos la reconocemos 

Aunque quedarnos con ella, no queremos.

Disfruto de la incertidumbre, 

La invito a pasar,

Como de costumbre.

Nada somos con lo que tenemos,

Pero no tenemos que ser algo…

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Demencia voluntaria

Escondí recuerdos a voluntad.

Demencia voluntaria ¿quizás?

Olvidé texturas.

Se borraron colores.

Enterré siluetas.

El tiempo conquistó el trayecto.

La vida ignoró la nostalgia.

Los años se han multiplicado.

Los recuerdos se han difuminado.

Escondí recuerdos y una partícula sonora les alumbró el camino.

Uno a uno, luego de años atrofiados, saltaron con tal violencia que rasgaron los muros.

Se amotinaron y mi alma vibró.

La melodía de aquella canción escondía una retahíla de pequeñas memorias.

Los colores volvieron, las texturas y siluetas se rieron y yo con ellas.

Escondí aquel ocaso de 1999 de un martes en San Marcos.

Escondí aquel instante de 1996 en San Pablo donde escapé sin rumbo.

Escondí aquella madrugada de 1990 corriendo por la sexta avenida de la zona 1.

Tantos recuerdos y una canción los liberó.

Los recuerdos son necesarios para no olvidar quién fui, qué viví y en lo que me transformé.

© #ShadowMisLetras

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Ni un paso atrás

No daré un paso atrás.

Mi decisión de «no aceptar menos de lo que yo puedo darme» sigue firme.

Puedes ser un gran proveedor y facilitar mi vida, puedes ser un gran partido y ostentar cierto nivel académico.

Puede incluso que seas el futuro más prometedor.

Sin embargo, rompí toda relación con la vulgaridad y lo corriente.

No me veo caminar de la mano junto a alguien con un vocabulario pobre y léxico deficiente.

Puede que tu vestuario sea de una marca reconocida.

Pero no diviso mi futuro junto a alguien fanfarrón, aunque tengas que presumir; menos junto a alguien que necesite hacerse notar.

No aceptaré menos de lo que yo puedo darme, y eso abarca también lo intelectual y cultural.

No tengo prisa por unir mi vida con otra.

Mi felicidad no depende de quién este a mi lado.

Es lindo enamorarse, la emoción de una nueva ilusión y lograr ese clic, pero no es mi prioridad.

No daré un paso atrás.

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Octubre de fuego

Octubre no llegó solo,
llegó con puños cerrados,
con gritos que rompieron la noche,
la tierra tembló bajo los pies cansados.

No pedimos permiso,
tomamos las calles,
quebramos el silencio con fuego,
el miedo quedó atrás, olvidado.

Frente a las balas,
no hubo retroceso,
el pueblo empujó con sangre,
un tirano cayó bajo su peso.

No fue paz lo que buscamos,
fue justicia,
romper cadenas que otros forjaron,
quebrar la dictadura como vidrio roto.

Manos desnudas,
pero corazones en llamas,
el futuro no espera,
se arranca, se toma.

La historia se escribió en octubre,
en cada cuerpo, en cada paso,
en cada piedra lanzada al poder,
somos pueblo, somos llama, somos acero.

Hoy octubre sigue vivo,
en cada lucha que arde,
en cada voz que se alza,
no olvidamos, no cedemos.

El combate nunca terminó,
es octubre eterno,
y en la sangre que corre
está el eco de la revolución.

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