Junio no pregunta,
te pone contra la pared.
No te pide permiso,
solo aparece y te recuerda
todo lo que no hiciste.
Mitad del año.
Mitad del alma en pausa.
Mitad de los planes
hechos pedazos por la rutina.
Hay días en junio
que pesan como piedras en el pecho.
Y otros,
que huelen a tierra mojada
y te hacen creer que todavía puedes empezar.
Es un mes cobarde
porque no decide si arde o llueve.
Como tú,
que no sabes si avanzar o volver.
Junio tiene el sabor amargo
de los «todavía no»,
de los «después lo hago»,
de los «ya no sé por dónde seguir».
Pero también guarda
una voz suave,
mínima,
que te susurra:
«todavía estás a tiempo».
Junio es una cicatriz abierta
pero también es semilla.
Te recuerda lo que duele,
sí,
pero también lo que importa.
Y si logras sostener la mirada
cuando el calendario te rete,
podrás decirle que este año
aún no te ha ganado.
6/12