Hola,
No sé cómo empezar esto sin que se me haga un nudo en el pecho, porque hablar de ti siempre me deja con un silencio en el alma.
Pasan los días, los meses, incluso los años, y aún así sigues aquí… en mí. No importa cuánto intente avanzar, cuántas veces diga que ya te olvidé, o cuántas caras nuevas lleguen a mi vida… tú sigues siendo el eco más fuerte en mi corazón.
Cada vez que me besabas, sentía un torbellino de nervios y cosquilleos dentro de mí, como si mi cuerpo supiera que estaba frente a algo único. Tú eras esa persona que iluminaba mis días con solo existir, con tu forma de mirarme, con tu risa que aún resuena en mi memoria. Fuiste mi calma y mi tormenta, el suspiro que aún no se va.
Te lastimé, y te dejé ir… por tonta, por miedo. Por miedo de sentir lo que estaba sintiendo por ti. Me asustaba abrirte el corazón y mostrarte todo lo que había dentro. Me protegí tanto que terminé bloqueando lo más bonito que me estaba pasando: amarte.
Me equivoqué. Lo sé. Y aunque no espero que eso cambie nada, necesito que lo sepas: lo siento. Si pudiera regresar el tiempo, haría las cosas distintas. Te abrazaría más, hablaría más claro, y dejaría de tenerle miedo a lo que sentía por ti.
He amado otras cosas desde entonces… nuevas rutinas, nuevos caminos, nuevas formas de sonreír. Pero nunca a alguien como te amé a ti. Nunca con esa entrega, con ese vértigo hermoso que me provocaba mirarte. Nadie me ha hecho sentir tan viva como tú, ni tan rota cuando te fuiste.
Aún te amo. Te amo en silencio, en la distancia, en los recuerdos que aparecen sin avisar. Te amo en lo que pudo ser y no fue, y en lo que fue aunque doliera. Eres y seguirás siendo el amor de mi vida. A veces pienso que algunas almas están hechas para encontrarse, aunque no para quedarse.
No te escribo para pedir que vuelvas, ni para reabrir heridas. Solo necesitaba decirlo, dejar constancia de que existió algo tan real en mí que ni el tiempo ha podido borrar. Si alguna vez piensas en mí, que sea con cariño. Que recuerdes que alguien, en algún lugar, te sigue llevando en el corazón con una ternura que no se agota.
Y si alguna vez te preguntas si fuiste amado de verdad, piensa en mí. Porque aún en la distancia, aún en el silencio, todavía hay una parte de mí que nunca dejó de esperarte en secreto.
Con todo lo que fui, lo que soy y lo que aún te guarda,
Con el alma abierta, por siempre, yo.