Siete años escuchando que el tiempo se me iba,
que el amor no espera,
que la soledad no es un lugar para quedarse.
Y aun así, me quedé.
Aprendí a estar conmigo…
hasta que sin buscarlo, volviste tú.
Te conocía desde siempre,
desde esa edad en la que el corazón siente
pero no se atreve a hablar.
Cuando entrabas, algo en ti brillaba,
y sin saber por qué, mis ojos siempre te buscaban.
La vida nos separó,
yo me fui, me perdí, crecí lejos…
y cuando volviste a aparecer,
todo en mí volvió a temblar igual que antes.
Esa primera noche,
las palabras fluyeron como si nunca hubiera pasado el tiempo,
las risas, la música, el silencio cómodo…
y luego ese beso inesperado
que me recorrió el cuerpo como un recuerdo que despierta.
No era solo piel,
era historia contenida,
era lo que nunca nos dijimos
y por fin se atrevía a existir.
Después vinieron las dudas,
el miedo, los tiempos incorrectos,
las pausas que duelen,
las ganas que no se van.
Y aun así, cada vez que te pienso,
mi cuerpo recuerda,
mi corazón se acelera,
y algo en mí sabe que no es casualidad.
No sé qué somos,
ni en qué punto exacto estamos,
solo sé que lo que pasa entre nosotros
me mueve, me despierta, me gusta…
y no quiero que tenga final.
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