Escribología

Pactemos

Júrame que nunca acabará.

Miénteme y hazme creer que será para siempre.

Susurra en la tormenta de cada latido que esta pasión es más que eso.

Asegura una vez más que esto es real.

Miénteme y hazme creer.

Pactemos mentirnos con devoción y alevosía.

Promete que será más que atracción y deseo.

Embáucame con una promesa envuelta en ternura.

Miénteme y prometo creer cada palabra.

Endulza mi existir con el musitar de tu aliento en mi espalda.

Embelesa mi ilusión, juro que no me negaré.

Volemos entre la promesa y lo incierto.

© #ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

Me di permiso

Me di permiso para transformar mi decepción, mi dolor, en aceptación y dejarte ir.

Renuncié a cuestionar lo que me pareció incomprensible y me hice a un lado.

Alcancé a verte sin los filtros que te apliqué.

Entendí que todo lo que me parecía maravilloso te lo otorgué aquella noche donde me sonreiste.

Acepto que quise algo que nunca me ofreciste.

Escribí una mágica historia donde el protagonista era mi héroe, mi caballero, mi devoto enamorado.

Construí una sublime historia de amor sobre cimientos colocados en arenas movedizas.

Me di permiso y seguí con mi vida.

Dejé de lado todos los cuestionamientos sobre tu actuar.

Desistí a preguntarme: ¿Qué había hecho mal para provocar tu desprecio?

Renuncié a darte una última oportunidad y me hice a un lado.

Me di permiso y seguí con mi vida.

El tiempo me ha dado las respuestas a tantas preguntas.

Todo cae por su peso y no tuve que hacer nada más que seguir con mi vida.

Existen aún algunos cuestionamientos que me hacen ruido ocasionalmente, pero sin robarme la paz que ahora predomina.

Me di permiso y la felicidad es una constante desde hace 5 años.

© #ShadowMisLetras

Estándar
Escribólogxs

Un siglo llorando

Lloré.

Al verme nuevamente en esa posición.

Promesas.

Falaseas.

Desilusión.

Gotas tibias brotaron.

Gotas tibias inundaron mi alma nuevamente.

Lloré.

Por mí y mi futuro cubierto de soledad.

Porque emocionalmente estoy inválida.

Porque la conexión entre mi anhelo y lo real es inquebrantable y es mi mayor debilidad.

Lloré.

Porque no quiero resignarme.

Lloré.

Por lo obstinada de mi actitud.

Lloré.

Porque sigo teniendo fé.

Salto al vacío con la esperanza que una mano me rescate.

Lloro, porque sigo saltando, cayendo al vacío y teniendo fé.

#ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

Cuestionamientos

¿Qué somos? Me preguntas

¿Amantes?

Sí, somos amantes porque los amantes se desean y nosotros nos deseamos.

¿Amigos con derecho?

Sí, porque buscamos cualquier pretexto para vernos.

¿Novios?

También, porque mantenemos una comunicación constante entre mensajes y llamadas.

Porque nos dedicamos canciones y nos extrañamos con el alma.

¿Momentos bellos?

Sí, y más que eso.

Somos la pasión y la lujuria, el deseo de quitarnos las ganas.

Somos el amor, esa flor, aquel poema, la angustia y la calma.

¿Qué somos? me vuelves a preguntar.

Somos lo que queremos ser.

Somos todo y somos nada.

Sólo somos ese «nosotros» que se forma al fusionar nuestras miradas.

© #ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

Demencia voluntaria

Escondí recuerdos a voluntad.

Demencia voluntaria ¿quizás?

Olvidé texturas.

Se borraron colores.

Enterré siluetas.

El tiempo conquistó el trayecto.

La vida ignoró la nostalgia.

Los años se han multiplicado.

Los recuerdos se han difuminado.

Escondí recuerdos y una partícula sonora les alumbró el camino.

Uno a uno, luego de años atrofiados, saltaron con tal violencia que rasgaron los muros.

Se amotinaron y mi alma vibró.

La melodía de aquella canción escondía una retahíla de pequeñas memorias.

Los colores volvieron, las texturas y siluetas se rieron y yo con ellas.

Escondí aquel ocaso de 1999 de un martes en San Marcos.

Escondí aquel instante de 1996 en San Pablo donde escapé sin rumbo.

Escondí aquella madrugada de 1990 corriendo por la sexta avenida de la zona 1.

Tantos recuerdos y una canción los liberó.

Los recuerdos son necesarios para no olvidar quién fui, qué viví y en lo que me transformé.

© #ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

Ni un paso atrás

No daré un paso atrás.

Mi decisión de «no aceptar menos de lo que yo puedo darme» sigue firme.

Puedes ser un gran proveedor y facilitar mi vida, puedes ser un gran partido y ostentar cierto nivel académico.

Puede incluso que seas el futuro más prometedor.

Sin embargo, rompí toda relación con la vulgaridad y lo corriente.

No me veo caminar de la mano junto a alguien con un vocabulario pobre y léxico deficiente.

Puede que tu vestuario sea de una marca reconocida.

Pero no diviso mi futuro junto a alguien fanfarrón, aunque tengas que presumir; menos junto a alguien que necesite hacerse notar.

No aceptaré menos de lo que yo puedo darme, y eso abarca también lo intelectual y cultural.

No tengo prisa por unir mi vida con otra.

Mi felicidad no depende de quién este a mi lado.

Es lindo enamorarse, la emoción de una nueva ilusión y lograr ese clic, pero no es mi prioridad.

No daré un paso atrás.

© #ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

Mis ojos

2020, junio.

Mis ojos me están hablando.

Están agotados.

Me duelen, es algo así como cuando has sostenido un objeto en tu mano mucho tiempo.

Están como dolientes.

Arden, como si hubiesen estado expuestos a gas lacrimógeno.

Mis ojos me están queriendo decir algo.

¿Qué los cierre?

¡Pareciera que eso desean!

Están llorosos, como sintiendo la ausencia del sol, la ausencia de la luz, la ausencia de mí.

La calidez de un abrazo; la ternura de tu mirada entre la de millones; el sonido de mi nombre enredado en tu timbre de voz.

El caluroso roce de tu deseo.

Mis ojos están tratando de comunicarme algo.

Brotan tímidas lágrimas.

Lloran sin llorar.

Hablan sin hablar.

Están dolientes, agotados.

La tristeza es tan fuerte que brota a través de mis ojos, que se quejan por tanto dolor provocado por la ausencia de algo que no tiene explicación.

Mis ojos me están hablando.

© #ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

Batallas

No me vengas a hablar de batallas, cuando no conoces las mías.

No vengas a presumir tus triunfos, ante los míos. La existencia es relativa.

No te atrevas a señalar que tu vida ha sido difícil, cuando no tuviste que atravesar un oscuro camino de abuso, hostilidad y humillación.

No quieras minimizar mi existencia, solo porque necesitas sentirte superior.

No creas que tu vida ha sido difícil, cuando ignoras lo que significa sonreír mientras tu interior está fragmentado.

La calamidad no es simplemente ver ropa y zapatos de segunda.

Anduve con ropa de marca, zapatos de renombre, pero el yugo ciñendo mi carácter, doblegado mi espíritu y callando mi voz ante la injusta convivencia.

No me vengas a hablar de batallas, cuando no hay comparación.

No vengas a querer motivar mi día a día con frases triviales que hace muchos siglos dejaron de tener sentido y ahora, son sólo cofres vacíos de tesoros imaginarios.

No te atrevas a comparar mi existir con el tuyo. Estamos en galaxias a destiempo. Vivimos en universos distantes. Mi realidad es inestable como mi estado anímico.

Mi batalla sigue latente.

Me acecha la cruel desesperanza, sigilosa me observa, esperando el justo momento en que sienta que voy avanzando para apuñalarme, una vez más, por el costado, mientras me sonríe saludando.

No te atrevas a expresar que me comprendes, cuando ignoras lo que escondo tras mi sonrisa. He aprendido a sonreír y siempre decir que estoy bien.

He sido una buena estudiante ante la cruel maestra llamada Vida, cuyas lecciones han torturado a mi inconforme alma. Y aún así, continúa ensañándose.

Se ha propuesto en convertir mi sonrisa en una mueca de dolor y amargura.

Sin embargo, mi alma rebelde se atrinchera y se ríe a carcajadas, toma aire y corre entre suelo minado, llevando como estandarte la mirada retadora y la incoherente alegría de vivir.

No, no te atrevas.

No tienes idea de cuántas batallas he librado. Cuántas me he dejado ganar, para lograr ganar. Cuántas he abandonado. Cuántas otras he iniciado.

No, no te atrevas a comparar, ni señalar, ni expresar que puedes imaginar lo que he vivido. Porque para imaginar lo inimaginable, debiste participar en, mínimo, una contienda a los 8 años. Pero, tú, a esa edad ni estabas consciente que existías.

No me vengas a hablar de batallas.

No te atrevas.

#ShadowMisLetras

Estándar
Escribología

¿Recuerdas?

¿Recuerdas?

Fue un jueves, el cielo estaba levemente difuminado con pincelazos de nubes que absurdamente plasmaban la rotación de un mundo que se encaminaba a culminar un día, apagando la iluminación pausadamente del majestuoso sol.

¿Recuerdas?

El transitar de las personas, ésas sonrisas, ésas miradas, como se formaba una trenza de seres que, al igual que nosotros, se dirigían hacia el encuentro con alguien.

¿Recuerdas, cómo sucedió?

Para mí, aún es enigmático. Te presentaste sin articular palabra, caminabas apresurado, te detienes, volteas hacia el lado derecho, tu mirada me encuentra, me ves, ladeas tu cabeza hacia la izquierda y me sonríes tímidamente.

Inexplicable, mis células, cada una de ellas, se estremecieron al sentir tu mirada. Se amotinaron, perdieron la razón, tu sonrisa encendió mi lava extinta, mi moribundo manantial, mi corazón endurecido. Llegaste imponente, cuál cazador, ingenua yo, cuál presa, te recibí sin recelo.

¿Recuerdas?

Llegaste y la espera terminó, mis evasivas no tuvieron resguardo, ante aquel beso, insólito, curioso, espontáneo, que aún hoy, resuena en el desván de mi alma.

¿Recuerdas?

Estándar
Escribología

Deceso de amor

Cual Bartolina, así fue el deceso de mi amor por ti.
Sentada en la penumbra, bajo un golpecito, que pareció insignificante.
Acurrucada en mí, ante la frustrante indiferencia.
Sollozando por tu cruel forma de amar.
Lamentando mi pobre existencia.
Culpándome ante mi fracaso.
Así sucedió el crimen de mi amor por ti.
Ingenua, te brindé cada uno de los besos más apasionados.
Estúpida creí que, al tolerar tus actos irreverentes y humillantes, lograría tu respeto.
Y el golpecito me estremecía. Dolía. Ardía.
El golpecito, que caía sobre mi cabeza bajo esa bartolina que llevaba por nombre, ¡tu nombre! quebraba cada vez más mi ser.
Incontables las ocasiones en que, con nuevas acciones, me volvías a quebrar.
Así fueron los hechos previos a la muerte de mi amor por ti.
Y sí, contribuí a la masacre de ese sentimiento, por amarte de más, por anteponer tu felicidad ante la mía.
Y sí, favorecí, por ser tan paciente, tan tolerante, por mantener la esperanza que cambiaras y me apreciaras, me atendieras y me amaras.
Fui cómplice de ese crimen, de alargar su agonía, de ser indiferente ante mi dolor, de ser indiferente ante mi amor propio.
Así ocurrió la muerte, agónica tortura, de mi amor por ti, al no querer soltarte, al no querer verte sin mí.

#ShadowMisLetras

Estándar