No me vengas a hablar de batallas, cuando no conoces las mías.
No vengas a presumir tus triunfos, ante los míos. La existencia es relativa.
No te atrevas a señalar que tu vida ha sido difícil, cuando no tuviste que atravesar un oscuro camino de abuso, hostilidad y humillación.
No quieras minimizar mi existencia, solo porque necesitas sentirte superior.
No creas que tu vida ha sido difícil, cuando ignoras lo que significa sonreír mientras tu interior está fragmentado.
La calamidad no es simplemente ver ropa y zapatos de segunda.
Anduve con ropa de marca, zapatos de renombre, pero el yugo ciñendo mi carácter, doblegado mi espíritu y callando mi voz ante la injusta convivencia.
No me vengas a hablar de batallas, cuando no hay comparación.
No vengas a querer motivar mi día a día con frases triviales que hace muchos siglos dejaron de tener sentido y ahora, son sólo cofres vacíos de tesoros imaginarios.
No te atrevas a comparar mi existir con el tuyo. Estamos en galaxias a destiempo. Vivimos en universos distantes. Mi realidad es inestable como mi estado anímico.
Mi batalla sigue latente.
Me acecha la cruel desesperanza, sigilosa me observa, esperando el justo momento en que sienta que voy avanzando para apuñalarme, una vez más, por el costado, mientras me sonríe saludando.
No te atrevas a expresar que me comprendes, cuando ignoras lo que escondo tras mi sonrisa. He aprendido a sonreír y siempre decir que estoy bien.
He sido una buena estudiante ante la cruel maestra llamada Vida, cuyas lecciones han torturado a mi inconforme alma. Y aún así, continúa ensañándose.
Se ha propuesto en convertir mi sonrisa en una mueca de dolor y amargura.
Sin embargo, mi alma rebelde se atrinchera y se ríe a carcajadas, toma aire y corre entre suelo minado, llevando como estandarte la mirada retadora y la incoherente alegría de vivir.
No, no te atrevas.
No tienes idea de cuántas batallas he librado. Cuántas me he dejado ganar, para lograr ganar. Cuántas he abandonado. Cuántas otras he iniciado.
No, no te atrevas a comparar, ni señalar, ni expresar que puedes imaginar lo que he vivido. Porque para imaginar lo inimaginable, debiste participar en, mínimo, una contienda a los 8 años. Pero, tú, a esa edad ni estabas consciente que existías.
No me vengas a hablar de batallas.
No te atrevas.
#ShadowMisLetras