Escribología

¿Recuerdas?

¿Recuerdas?

Fue un jueves, el cielo estaba levemente difuminado con pincelazos de nubes que absurdamente plasmaban la rotación de un mundo que se encaminaba a culminar un día, apagando la iluminación pausadamente del majestuoso sol.

¿Recuerdas?

El transitar de las personas, ésas sonrisas, ésas miradas, como se formaba una trenza de seres que, al igual que nosotros, se dirigían hacia el encuentro con alguien.

¿Recuerdas, cómo sucedió?

Para mí, aún es enigmático. Te presentaste sin articular palabra, caminabas apresurado, te detienes, volteas hacia el lado derecho, tu mirada me encuentra, me ves, ladeas tu cabeza hacia la izquierda y me sonríes tímidamente.

Inexplicable, mis células, cada una de ellas, se estremecieron al sentir tu mirada. Se amotinaron, perdieron la razón, tu sonrisa encendió mi lava extinta, mi moribundo manantial, mi corazón endurecido. Llegaste imponente, cuál cazador, ingenua yo, cuál presa, te recibí sin recelo.

¿Recuerdas?

Llegaste y la espera terminó, mis evasivas no tuvieron resguardo, ante aquel beso, insólito, curioso, espontáneo, que aún hoy, resuena en el desván de mi alma.

¿Recuerdas?

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Me gustas

Lo que más me gusta de tus ojos,

es la caricia tierna que me brindas,

esa mirada enamorada,

ese universo de halagos,

ese cosmos de mimos.

Esa ternura con la que abrigas mi silueta.

Ese amor con el que contemplas mi alma.

Lo que más me gusta de tu sonrisa,

es la picardía dibujada en tus labios,

es la invitación a rozarlos,

es la algarabía de la degustación,

es la pasión ardiente que surge al vernos.

Lo que más me gusta de tu voz,

es la seducción en cada letra pronunciada,

el timbre tan propio de tu ser,

la peculiaridad de la vibración

que soborna mi voluntad.

Lo que más me gusta de ti,

es que puedo estar contemplándote

en total silencio,

deseándote a gritos.

Es que puedo descubrir tu esencia,

transformando mi anhelo,

provocando un choque de emociones.

Lo que más me gusta de ti,

es lo que soy al verme en ti.

#Shadow

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Deceso de amor

Cual Bartolina, así fue el deceso de mi amor por ti.
Sentada en la penumbra, bajo un golpecito, que pareció insignificante.
Acurrucada en mí, ante la frustrante indiferencia.
Sollozando por tu cruel forma de amar.
Lamentando mi pobre existencia.
Culpándome ante mi fracaso.
Así sucedió el crimen de mi amor por ti.
Ingenua, te brindé cada uno de los besos más apasionados.
Estúpida creí que, al tolerar tus actos irreverentes y humillantes, lograría tu respeto.
Y el golpecito me estremecía. Dolía. Ardía.
El golpecito, que caía sobre mi cabeza bajo esa bartolina que llevaba por nombre, ¡tu nombre! quebraba cada vez más mi ser.
Incontables las ocasiones en que, con nuevas acciones, me volvías a quebrar.
Así fueron los hechos previos a la muerte de mi amor por ti.
Y sí, contribuí a la masacre de ese sentimiento, por amarte de más, por anteponer tu felicidad ante la mía.
Y sí, favorecí, por ser tan paciente, tan tolerante, por mantener la esperanza que cambiaras y me apreciaras, me atendieras y me amaras.
Fui cómplice de ese crimen, de alargar su agonía, de ser indiferente ante mi dolor, de ser indiferente ante mi amor propio.
Así ocurrió la muerte, agónica tortura, de mi amor por ti, al no querer soltarte, al no querer verte sin mí.

#ShadowMisLetras

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Mi día a día

No explico todas mis risas.
Porque tampoco digo los motivos de mis lágrimas.
No será relevante para nadie más que para mí.
Es mi historia, mi día a día.
Son mis momentos.
Mis circunstancias.
Mis preocupaciones.
Mis triunfos.
Mis decepciones.
Mis picardías.
Es mi protagonismo.
Jamás podrá ser relevante en la historia de otro protagonista.
Mis risas a veces vienen cargadas de lágrimas.
Mis llantos inician con una brisa cargada de amargura y desesperanza, culmina con un huracán y sus rastros se ven reflejados en mi rostro descompuesto y el maquillaje corrido.
Mis risas liberan la inocencia de una pequeña soñadora, la ilusión de un destello de amor y entrega, la magia de la constelación llamada futuro.
Es mi historia y soy la protagonista.
No explico las causas de mis risas y tampoco los motivos de mis llantos.
Porque para nadie más que para mí es relevante.
Es mi historia, mi día a día.

#ShadowMisLetras

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Me juzgo y me condeno

Necesito alejarme de ti, de lo que somos, de lo que soy contigo, para ver cómo puedo ser sin ti.
Agonizando entre tus injustas formas de armarme, puesto que me afirmas que me amas y yo, ilusa, siempre te creo o quiero creerte.
Tal vez, debería aceptar que no me amas, tal vez.
Pero me niego, por qué, ¿Quién no podría amarme, luego de todo lo vivido? ¿Quién no amaría a una loca complaciente?
Agobiada, entre preguntas con respuestas dolorosas jamás escuchadas, pero obvias tanto como el amanecer.
Necesito alejarme de mí, de mi realidad, de la tormenta que llevo a cuestas y que provoca este desasosiego en mi interior.
Necesito irme y acaso, en otra galaxia encontrar mi yo antes de ti.
Exijo mi paz, para no sabotear mis ganas de vivir y disfrutar a plenitud de las maravillas que me rodean.
Necesito olvidar, tal vez que te amo y que muero en el intento diario de qué caigas en cuenta de ello.
Necesito olvidar, el momento en el que tuve esa ilusión del cuento de hadas.
Me exijo, quitarme esa venda, que realmente no existe, para verme sin ti. Esa venda imaginaria que me ofrece el freno para no tomar la decisión que me libere.
Me acuso de traición y no de otra, sino esa que mutila y flagela a mano propia mi alma y a la cuál hasta te acostumbras.
Me condeno, sin piedad y con Dios de testigo, a morir entre tus injustas formas de armarme, porque me afirmas que me amas y yo, ilusa, siempre quiero creerte.
Me exijo, señalo, juzgo y condeno, porque amar sin dolor, no es un verdadero amor.
Aunque ése verdadero amor, únicamente sea el que te brindo.

#ShadowMisLetras

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No soy ese

No soy yo, es mi otredad
que dice que está aburrido de la existencia
que ya no mira el cielo, que ya no lee
libros que nadie lee
El que dice eso es un farsante
alguien que irrumpe y trastoca lo que soy.

No soy esa criatura
Ese ser que se maquilla por las noches
que llora como si no hubiese un mañana
y si lo hubiese
que lo detesta.
soy gentil ¡No me ves!
sonrio a cada poco
duermo ocho horas diarias
como en los tres tiempos
ese no puede ser yo.

Bueno, quizas si lo soy
Pero, ¿cuando es que soy ese yo?
en una milesima de segundo
de vez en cuando seguramente.
Quizas lo que realmente ocurre
es que como todos
soy un humano
y que de vez en mes
me levanto al revés.

Cuando suceda
recuerdame
lo que realmente soy.
Cuando ocurra dame una cachetada
con mi esencia
si es que existe.
Cuando sea ese yo
abrazame, seguramente tendré miedo
¡Toma mi mano!
seguramente estaré temblando
intentando resolver
el misterio que llevo dentro
pero por favor
no te quedes con ese yo
que aparece
cuando no puedo dormir
y cuando estoy sumergido
en mis propios silencios

Luis…

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Algo más


Tomé tu mano muchas veces,
¿lo notaste?
Traté de quitar tus cargas, una a una
Pero no fue posible,
Yo quitaba
Y tú ponías
Así, una y otra vez
Quería que volaras libre
Que supieras que había muchos cielos
Que esperaban por ti
Quería ser aire bajo tus alas
Quería ser al mismo tiempo
El lugar al que desearas volver
Traté de buscar salidas
Ante cada puerta cerrada
Traté de encontrar soluciones
Ante cada obstáculo
Te juro que traté, tanto, tantas veces
Pero al final me vi
En medio del camino
Tal y como soy
Solo una humana
No podía ser tu soporte
No podría ser tu aire
Ni tu puerto seguro
Tú lo sabías supongo
Quizá yo no quería darme cuenta
Pensé que bastaban las ganas
Que todo se podría
Tú más realista, viste que se necesitaba mucho más
Aunque sigo sin ver
Qué más podría dar

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Se ha ido mi Luna

No puedo confirmar
la teoría de que al momento de morir
vemos pasar nuestra vida
como si de una película se tratara.

Pero es un hecho
que al momento de ver partir a alguien
hay una constante proyección en la mente
de momentos que parecieran una vida entera.

En ella se funden emociones
y experiencias vividas con ese alguien
el maldito duelo te recuerda a cada instante
lo que fue inevitable.

En mi vida había sentido el luto,
si alguien se atreve a decir que el luto no es una emoción,
que me explique cómo es que duele tanto
y al mismo tiempo duele bonito.

Duele tanto porque algo en tu vida
que te llenaba de alegría
ya no está más.
Y duele bonito
porque por un tiempo indefinido
vienen a tu mente recuerdos tan hermosos que viviste.

En mi hay un constante miedo,
miedo a olvidar como la mayoría de las cosas
y me niego, me niego a olvidarla,
no quiero no poder recordar,
sus pequeñas patitas, su carita,
el cómo corría por todos lados
y los momentos en los que se dejaba acariciar.

Quiero que regrese, nada me haría más feliz,
tengo rabia, tengo miedo, tengo tristeza.
Duele todo, duele la ausencia,
duele incluso la alegría,
como si no debiera ser feliz de nuevo.

El amor tiene consecuencias
y esta es la que debo pagar.

Llevaré tatuado su recuerdo
y la veré en la luna,
en la lluvia, sobre la mesa o el sillón,
acechando a todos para llevarse la tristeza
tal y como lo hizo en vida.

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Contéstale

Contéstale que sí -me dije-
Date permiso y piérdete en ese mar turbulento.
Aunque tú «yo» frene a tu «SuperEgo».
Aunque el miedo a perder haga temblar tus piernas, contéstale que sí.
Por más insensata que creas la situación, aunque tu respiración se acelere y sea dificultosa, contéstale que sí.
Ahora estás evaluando que en un futuro te arrepentirás, y es cierto, lo harás.
Pero si no lo haces, también te arrepentirás.
Entonces, contéstale que sí -me susurré –
Porque la vida transcurre sin pausa ni chance de regresar a este momento.
Te niegas y te quedas con el sabor agridulce del «¡por qué no lo hice?»;
o te arriesgas y te quedas con el sabor agridulce del «¡por qué lo hice?».
Contéstale que sí -me dije-
Sucumbe a la posibilidad de alcanzar la dicha del romance deseado.
Date permiso y deshabilita los sensores que te alertan ante un posible desastre.
La vida es un juego llamado amor, el tablero de cuadros blancos y negros es un impredecible campo minado.
Pero, contéstale que sí -me ordené-
Olvídate de la agónica caída que es saltar al vacío.
Lo estridente del golpe de la onda expansiva tras la detonación de una desilusión.
Deja que tome tu mano y está vez no escuches al oráculo y sus predicciones.
Esta vez, contéstale que sí -me susurré –

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