Escribología

Chico

El corazón sanó; y al final de su sanación… te vio.

¡Dios! Tus ojos; el color de tus pupilas: un negro tan intenso, profundo, tan mate y tan brillante a la misma vez.

El sol te bendijo tanto al dejar el color de su crepúsculo en tus cabellos… Y su forma, como las olas del mar.

El color de tu piel,
el sonido de tu voz,
el movimiento de tus dedos,
esa mirada tuya
tan
intensa
y a la misma vez;
tan
bella.

Chico, aquí estoy, aquí está mi sonrisa, mi voz, volemos mientras los corazones cantan juntos…

 

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Tengo ganas

Tengo ganas de llover…
de tirar flores en los jardines…
de llenar de mierda las calles…

Tengo ganas de tirar verdades incómodas…
de abrir los brazos con rebeldía…
para mostrar la tinta que llevo en el cuerpo…

Tengo ganas de lanzar unos versos…
escribir cosas incomprensibles…
y leer estrofas que me reten…

Tengo ganas de regalar felicidad…
de mantener una sonrisa grande…
y rebozar las cornisas de colores…

Tengo ganas de hablar incoherencias…
ideas sin nada de sentido…
para lxs que piensan como siempre…

Tengo ganas de echarme unos paradigmas…
comprender el funcionamiento del planeta…
y de transformarlo desde nuestra verdad…

Tengo ganas de sembrar semillas…
de ver arboles gigantes y frondosos…
que le hagan la vida al agua…

Tengo ganas de ver arder el mundo…
para mojarlo con amor…
y construirlo desde lo que quede…

Tengo ganas de cantarle al tiempo…
intrigarle, desesperarle y mostrarle…
lo que ha hecho cada día en mi…

Tengo ganas de recorrer el universo…
crear un mundo donde las cosas floten…
con vos, con sus manos a mi lado…

Tengo ganas de caminar en slow motion…
para observar con perspectiva:
lo que los mortales ven en fast motion…

Tengo ganas de despertar mi sexualidad…
de disfrutarla sin tabúes…
de conocer a través de las energías…

los secretos, las fantasías y las historias… 

Tengo ganas de recorrer mi país…
tratar de comprender sus distintas visiones…
y conocer de donde vengo…

Solo tengo ganas…
de animarme a respirar…
de compartir lo que pueda compartir,
gritar lo que deba callar,
pensar lo que sea prohibido…
y palparlo en trazos negros.

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Domingo

Estoy, estás, estamos…
¡sí!, estamos presentes…
como estructuras ausentes…

En la piel como recuerdo…
En la mente como signo…
En el músculo como sangre…

Quizás en la memoria;
Quizás en los instantes;
Quizás entre los textos…

Pedacitos de vida,
conmemorados como ciclos,
baqtunes y calendarios cíclicos,
en espirales interminables…

Luces de candelas,
se acompañan en obscuridad,
percibiendo mundos paralelos,
haciendo a lo inasequible, posible…

Entre pelos y cabellos,
entre sabanas y volcanes,
entre sueños y utopías,
se crean nuevas realidades…

14 trazos:
guardan los secretos…
de una historia…
que se contó de diferentes formas;
¡pero ninguna como esta!.

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Pompa de jabón

Y si un día llegan a preguntarme de qué está hecha la nostalgia y la ausencia, responderé que de ti.

Por primera vez en mi vida, la debilidad tenía rostro y nombre.  Tenía tu rostro y sobre el tu nombre.  Cuando llegabas a mí, quiero decir, cuando la debilidad llegaba a mí, pensaba en tus palabras, desgastaba las conversaciones que habíamos tenido, recordaba tu risa y se me venía a la puerta del corazón tu silueta.
Todo me hablaba de ti, incluso por las noches, cuando admiraba la luna, me recordaba a ti, a tu sonrisa, de menguante a creciente.  Mi favorita, tu sonrisa llena.

Quiero que sepas que hubo días en los que me quedé con el ojalá en la mano, porque tu cuerpo quiso enseñarme tus calcañares y espalda, a metros de mi frente, rodillas y dedos de los pies.  No ha sido fácil tener que tragarme tu sombra.  No ha sido fácil sosegar el pecho con tus recuerdos.  No es lo mismo.

No es lo mismo ver tus ojos frente a los míos, aunque sea por diez segundos a tener que aceptar verlos a través de una fotografía.

He tenido que aceptar que al final del corazón, te quería.  Que la vida me enseñó mucho, y que, dentro de eso, me enseñó a quererte, pero no a olvidarte.  Que he tenido que ver por mi propia cuenta cómo sacarte de mí, porque has sido como ancla entre aguas cenagosas.  Esto de olvidarte me ha sido todo un acertijo.

Oye, tal vez esto quería el destino.  Tenerte por un parpadeo.  Tenerte como agua entre mis manos.  Tenerte por los últimos cinco segundos de mis siete horas de sueño.  No lo sé, tal vez tenerte fue como el segundo que olvido todos los días cuando abro los ojos al despertar.

Si por cada vez que te pensaba, una flor hubiese nacido, la primavera hubiese muerto de la envidia.  Pero hoy, que decido quedarme no con un pedacito de ti, sino sin ti, el invierno muere de egoísta al ver la lluvia del corazón.

Quiero confesarte que me he atrevido a cortar una margarita de la casa de mi vecina, para ver si su último pétalo dice “me quiere”, pero aun cortando por pedacitos su tallo, ¿qué crees que me dijo la margarita?
Sé que con los días tu recuerdo vendrá a ser como la especie de animal en peligro de extinción, que, con el poco tiempo, ya no existirá.  Ya no me aflijo, porque ya lo hice antes.

Mi conclusión a todo esto es que fuiste como la pompa de jabón que quise tener por todo un día lluvioso.

 

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Te quie… ¿será que lo digo?

La vida es tanto, que, dentro de su naturaleza, es noble. Porque cada ser humano encuentra bajo este cielo sus motivos para saborearla a su gusto.

Hay algo en lo que estoy segura de que coincidimos, y es que…  LA VIDA ES CORTA

No hay algo o alguien que nos asegure que mañana estaremos vivos.  No sabemos cuándo vamos a morir.  No sabemos si mañana estaremos haciendo lo que hacemos todos los días por costumbre o rutina.  No sabemos si mañana tendremos las oportunidades que tenemos HOY.

Por lo que desde hace algunos días comencé a decir algo más seguido, y quiero invitarte para que lo digas también.  Esta no es una invitación cualquiera, te lo aseguro.

¿A cuántos les has dicho “te quiero”?

Tal vez pensaras que ellos ya lo saben, o supones que deberían de saberlo por tus acciones.  Totalmente de acuerdo, pero, y decirlo ¿cuántas veces?

He comprendido que esta vida es muy corta para dejar de decir “te quiero” cuando lo siento y necesito decirlo.

Dentro de algunas otras cosas, también he aprendido que esta vida es muy corta para dejar de creer que regalar una flor es un gesto hermoso. ¿Por qué nos arriesgamos a llevarlas cuando la persona ya está muerta? ¿Por qué no darlas en vida? Y no hablo de que solo las mujeres podemos recibirlas, ¡NO! los hombres también, volvamos a lo mismo, en un velorio jamás faltan las flores, ni hacen acepción de persona.

He comenzado a decir “te quiero” más a menudo, a veces las personas se asombran, pero ¿por qué? Porque esta humanidad está tan lejos de sentirse querida, se han olvidado de que los te quiero existen todos los días y a cualquier hora, no solo en los 14 de febrero, 10 de mayo, 17 de junio o X fecha.

Pienso que decir “te quiero” es de toda persona, pero que solo los que son valientes no lo callan y aparte se oye tan bonito, te quiero :3 que te envuelve el corazón en dulcito. <3

¡Anímate! ¡Dilo! ¡Exprésalo! No te quedes con ello, porque te aseguro que te arrepentirás de no haberlo dicho.  Explotá y saca tus agallas de donde las tengas.  Acercate a esa persona o personas y decilo.

Te quiero, dos palabras, cuatro silabas, tres segundos para decirlo, pero que expresan tanto, tantísimo, y te aseguro, como que me llamo Keila, que esa persona sonreirá.  ¡Que bonito es ver sonreír a esa o aquellas personas que queremos, que amamos…

Te invito, anímate, porque la vida es corta para callarlo.

*Promoción: por cada “te quiero” agregas un abrazo gratis. :)

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Capítulo 1: Doce/veinticuatro años «Menstruación»

Narrar con gracia e ironía las horas, suele ser más complejo que decidir de qué color pinto mi habitación, y más difícil aún, es terminar de dar vida a lo que inicie mientras la rabia me quita la energía. 

Me consideré la típica adolescente, con familia «perfecta», más de dos pares de zapatos, promedio bastante bueno en la escuela, la voz escuchada por lxs 40 a mi alrededor, flaca por regalo de mis progenitorxs, escasa de maldad y chiches (esta es una realidad que no ha cambiado tanto; las chiches).

Y me detengo a parafrasear lo poco que recuerdo, he cambiado tan sólo lo necesario para alterar y provocar algo en mi pupila, la indignación llegó hasta el hueso, que me vi obligada a no ser la uniformada que repite una lista de deseos para considerarme alguien especial en este mundo. 

A mis 12 años, mientras las niñas de mi colonia jugaban muñecas, yo decidí hablar de sexo; y me vino la menstruación, no digo que odiaba las muñecas; sólo que no encontraba diversión en cuidar a alguien de plástico y dejar de pensar en mí. Obviamente no fue magia «sexo y menstruación» fue, le digo yo: «un golpe de la vida».

Un golpe oportuno que determinó parte de mí existencia y mi quehacer por los siguientes años. 

A esa edad, si no mal recuerdo y si la cabeza y la memoria no me traicionan… Pasó. Pasó. Pasó…

Me corrió sangre por las piernas y labios, aún lo recuerdo entre turbulencia y olores a sudor, ocurrió entre regaños y teatro. 

La correlación entre sexo y menstruación, fue la cuerda floja para todas mis aventuras, ambas comprobaron que era «mujer» y este es sólo el inicio del oleaje de un inmenso mar. 

Pero, quiero contarles exactamente lo que pasó; ya lo he pronunciando en otros textos y momentos, ante varios capítulos de esta vida/historia, este definitivamente me marcó para toda la vida.

Ya sabía de su existencia, me refiero a la menstruación, ya la había escuchado meses atrás, soy la hermana del medio; por lo que no me pasó primero y esto de alguna forma ayudé a que el golpe no fuera tan drástico. 

Diré que fue un golpe, porque a está edad aún la menstruación tenía la carga social, política e ideológica que la sitúa al margen del patriarcado. 

Continuó… recuerdo que en el colegio se programó una visita al teatro y desde luego que asistiría; ya que era una de las organizadoras. A días de ir, ocurrió un evento ajeno en donde me vi involucrada, que me sucumbió y alteró la existencia.

Vi, sin exagerar, con estos ojos bizcos: un pene… 

Tranquilxs, ahora lo cuento y verán la relación que tiene con la menstruación, en mi historia.

¡Ufffffff! (estoy respirando pausado)…

Kevin, ese muchacho blanco y de voz aguda, le gustaba molestar a las niñas, esa vez nos dejó atrapadas en una bodega al fondo de la clase, la condición para salir era tocarle «su cosa» (sí, su pene), (claro que para ese entonces no le decía «pene» le decía su paloma/pájaro) 

¡Qué barbaridad!

¿Qué pensarán de mí?

Estás son cosas que suceden, según la gente, parecerán juegos de adolescentes, la calentura de la edad, para otros de seguro será un pecado, inclusive me pueden considerar una puta por escribirlo.

A esa edad pensaba que era lo que tenía que hacer, no me refiero a tocar su pene, me refiero a vivir esas cosas de adolescentes, pensaba que por ser mis amigxs no lo hacían por maldad. 

Diez años después, pienso en dos cosas.

La primera, pensar que lxs adolescentes no viven una sexualidad, es irreal, la viven y puede pasar en diversos escenarios, se vive como las sociedades van construyendo y atribuyendo roles, características, etiquetas.

La segunda, eso fue violencia, si usted que lee puede darse cuenta al igual que yo, que eso violentó mi integridad y mi espacio íntimo del cuerpo/mente/sentimientos, estamos en la misma línea, por lo que podemos reconocer que la violencia se ha naturalizado y se presenta en varias formas llegando a ser «invisibles».

¿Qué tiene que ver esto con mi menstruación? ¡mucho!

Resulta, que me negué a tocarlo, a todo esto la maestra se enteró y la directora mandó a llamar a mi mamá para resumirle mi comportamiento. 

-¿Qué pasó?, Esteffanía-

-¡Quiero la verdad!, tu papá se va a enojar si ya no te dejan ir al teatro, ya no van a devolver el dinero.-

Esa mañana esperando a la directora, le dije a mi mamá…:

-No paso nada, estábamos jugando y la maestra entendió mal.-

Minutos después, antes de salir al teatro, la directora y mi mamá entablaron la conversación más larga y preocupada, la situación recaía en que debían como padres: ponerme más atención, aducía la directora que las niñas que hablamos de sexo son las más propensas a experimentar y hay que tenerlas más observadas para que no «jueguen la vuelta».

En ese instante, cuando se debatía sobre mi realidad…

Pasó. Pasó. Pasó… 

No tuve tiempo de interrumpir a la directora y a mi mamá y decirle: ¡me vino la menstruación!, Todo se dio por su propio peso, tuve que callar, buscar entre mis amigas que «ya habían desarrollado», una toalla sanitaria. Corrí a buscar a mi hermana grande.

¿Qué me esta pasando? ¡Ayuda! 

¿Será este un castigo por haber visto un pene?…

¡Si esto les pasa a las mujeres, no quiero ser una!…

Mil cosa pasaron por mi cabeza y músculo, apenas me dio tiempo de acomodar la toalla en mis calzones, debía apurarme porque me dejaba el bus para ir al teatro. No imagine que aunque me dejara el bus, en ese momento iniciaba una etapa en mi vida.

Esa mañana me sentí ajena a mi cuerpo, podía comprender lo que biologicamente me ocurría, no sabía responderme: ¿por qué esto solo le sucede a las mujeres?, no lograba sentarme en comodidad, sentía la vista de todo el colegio en la espalda y piernas, esperando a que me manchara la falda y burlarse. Añoraba regresar a casa y bañarme.

     ¿»Me bajó»? (pensé) porque ya me tocaba, porque me puse nerviosa, mi mamá va a pensar que alguien me toco muy duro, este es un castigo.

Doce años después, me encuentro en tensión. Me pregunto: ¿cómo vivimos la menstruación las mujeres?. Se me hace un nudo en la garganta y se me moja la vagina. ¡No!, de esto no nos hablan en la cena, en la escuela, menos en la iglesia (aquí se considera una maldición para la mujer por su desobediencia).

Crecí y menstrué pensando que esto era «solo algo que pasaba»…

Crecí y menstrué entre toallas gigantes, con alas y olor a manzanilla…

Crecí y menstrué evitando las manchas en la ropa y el aguacate…

Crecí y menstrué tomando pastillas para aliviar el dolor y olor…

Ahora, la lengua me fluye y el animo se me desenfrena para hablar de MENSTRUACIÓN, como ese acto místico ancestral que me llena de energía, desmiento con fuerza que esa sangre es sucia y dolorosa a nuestros huesos, es energía, es la porción que al concluir un ciclo se deposita en nuestro endometrio y llena de vida mis labios, mi vagina, recordándome la vida y sobre vida de las mujeres de mi vida.  

He ido afrontando lo despectivo y machista que socialmente se le atribuye a la menstruación y a las mujeres, la industria de toallas sanitarias envueltas en papel periódico para que no se enteren de lo que sucede, la riña entre toallas con alas y/o sin alas. 

El avance científico en la búsqueda de la eliminación del dolor «cólicos» para recuperar la vida, como si fuera una carrera para anularla, odiarla y marginarla. 

Y el aspecto patriarcal, la iniciación que cultural e históricamente pasamos, esa transición entre niña a mujer, la bandera que dicta que ya estamos preparadas para ser mamás, esposas, mujeres ganosas. La reducción y condición humana a la que se nos relega. ¡No es así!. 

Hay más cosas, esas son apenas unas cuantas de las que vivimos, ahora puedo decir que disfruto de mi ciclo, espero mi menstruación. Me he atrevido a hablar de ella, doy pasos para reconstruirme y emanciparme de esa figura occidental impuesta sobre el cuerpo y la sexualidad. 

De doce años a veinticuatro sin duda se aprende y desaprende, recobre mi derecho a menstruar, hice el amor/sexo con ella, llenando de sangre a mi amante, durante horas, me perdí en el aroma de mi ciclo, deje de decirle Andrés, marea roja y me atreví a nombrarla

La última reconexión, fue hace unas semanas entre mis dedos, papel, dando un sentido abstracto, artístico y liberador.

No tiene que estar de acuerdo con mis letras, hechos o locuras, sólo, si puedo pedir algo, anímese a ver otras perspectivas, lea de menstruación, vea este capítulo…

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