Escribología

Mágica conexión

Y de pronto llega alguien y le da por cambiar mi vida.

La haz hecho un poco menos o más complicada (sonrío como adolescente)

Poco a poco,

día a día,

sonriendo y confiando en que lo mejor está se avecina.

Peculiar.

Extraordinario.

Imponente me cortejas.

De ese tipo de personas por las que vale la pena darse permiso.

Si hubiese que elegir la creación de una historia, hubiese sido una como la que se esta gestando.

Porque me estas enseñando a que la vida no es solo pasar las hojas del calendario.

Es entender que cada hoja de ese calendario es única e irrepetible.

Mi corazón emite una melodía que engrandece mi existencia, resultado de lo grande que tú eres.

Me has hecho dar un salto de fe, sin más interés que disfrutar de nuestra peculiar interacción.

© #ShadowMisLetras

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Julio – 7/12

Julio es una herida caliente.
No sangra, pero quema.
Es ese punto medio del año donde los planes se mueren
o reviven con furia.

Julio no perdona.
Te recuerda todo lo que prometiste en enero
y todo lo que no hiciste en junio.
Es un espejo sin filtros,
una verdad sin maquillaje.
Te desnuda sin tocarte
y te pregunta sin palabras:
¿quién sos ahora?

Julio tiene la paciencia de un verdugo.
Cada día que pasa, afila el cuchillo del tiempo
y te observa mientras fingís estar bien.
Mientras seguís corriendo en círculos
para no admitir que estás perdido.
Mientras te aferrás a excusas con nombres bonitos:
“agotamiento”, “proceso”, “ya casi”.

Pero Julio no compra humo.
No quiere likes, ni frases motivacionales,
ni sueños envueltos en filtros de Instagram.
Quiere hechos.
Pasos concretos.
Cicatrices reales.

Es el mes donde el sol te cocina por fuera
y las dudas te fríen por dentro.
Donde el calendario arde
y no hay lluvia que te salve del incendio personal.

Julio es una frontera.
No entre países,
sino entre versiones de vos mismo.

Y si no cruzás…
te vas a quedar viviendo en la mentira cómoda
de lo que pudo haber sido.
En esa zona tibia
donde nadie se muere,
pero tampoco vive.

Julio arde.
Y vos…
¿vas a arder con él o vas a salir del fuego?

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LA ESPERANZA NO ES CIEGA

Dicen que la esperanza no es ciega, sino visionaria. Que no se aferra al presente, sino que se asoma al mañana como quien mira por una ventana limpia en medio de la tormenta.

Imaginar la esperanza como un espejo colgado en el futuro es una metáfora increíble. No es un simple deseo sin fundamento. Es un reflejo de lo que podríamos llegar a ser si seguimos avanzando, si no soltamos la fe, si seguimos caminando incluso cuando el camino se nubla.

Ese espejo no está ahí para mostrarnos lo que somos ahora, sino lo que podemos construir con esfuerzo, con paciencia, con amor y con propósito. En él vemos nuestra mejor versión: más fuerte, más sabia, más plena.

La esperanza no nos aleja de la realidad, pero sí nos recuerda que el presente no es el final del cuento. Nos anima a seguir cuando todo parece detenido, porque allá adelante —aunque no lo veamos del todo claro— hay una imagen que vale la pena alcanzar.

Así que cuando todo parezca incierto, no olvides mirar hacia ese espejo colgado en el futuro. Tal vez no veas el reflejo completo todavía, pero basta con un destello para recordarte que lo mejor aún está por venir.

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Déjame besarte

Te noto cansado.
Ven, siéntate a mi lado.
Déjame besarte.
Déjame acariciarte.
Sé que estás triste.
Y que la vida te duele.
Recuéstate en mi hombro
y deja salir ese llanto amargo.
El cielo es negro.
Tu corazón se ha inundado.
No hay mucho por decirte,
tan sólo puedo abrazarte.
Y puedo quererte,
pero la vida a mi también me arde.

Quedémonos en silencio.
No soltaré tu mano.

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Confesiones

Te confieso que te he escrito uno o cien poemas.

Que hay ocasos que se alargan hasta el alba y no concilio el sueño.

Que el silencio de mis anhelos gritan tu nombre, y acúsome de no querer soltar tu imagen.

Te confieso que ya desgasté las letras de aquella canción que te dediqué.

Que los colores del arcoiris son más intensos cuando susurro tu nombre.

Que las estrellas han cambiado de posición por mi manía de escribir tu nombre en su espacio.

Te confieso que no te amo más, pero aún te amo, no te amo menos, pero aún te amo.

Que mi existencia brilla por la esperanza de saber que existes.

Que mi espera transcurre en un oleaje de versos aderezados de ilusiones.

Te confieso que acuno nuestro último encuentro.

Que me abrazo a aquel orgasmo donde nos quemamos juntos al tocar el cielo.

Que mis dedos rozan el recuerdo de tu cuerpo, el calor de tus labios,

la brusquedad de tu lujuria y la ternura de tu pasión.

Te confieso que te nombro en el vacío de la nada.

Que mi alma se acurruca en el olor de tu recuerdo.

Que la fusión de nuestros sueños me dan consuelo.

Te confieso que no importa si han pasado dos vidas desde que estuve contigo.

Que en esta o en la siguiente, te reconoceré y me reconocerás.

Que nuestro hilo rojo nunca se romperá.

Te confieso que sigo acá esperando por ti.

Que seguiré escribiéndote.

Que seguiré amándote.

© #ShadowMisLetras

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Alma en guerra

Rodeado de adobe quebradizo,
con retumbos que sacuden el suelo
nació una vez el alma en guerra.

Ahora, en un renacimiento cultural
lejos de los estallidos brutales,
en la sangre lleva pólvora.

Su cuerpo siente latigazos infernales
dictados por el fruncido de las frentes
en una danza infinita de pensamientos con patas,
de murmullos sin cara...

Pero en las trincheras abandonadas,
muchos años ya que quedó su paz,
sin siquiera él haber nacido,
sin siquiera haberlo pedido.

Al son de balas de adrenalina,
danza tembloroso y adolorido,
responde con la fuerza bruta
de robustos tanques
en contra de un campo florido.

Y estalla bombas contra aves inquietas,
pero...mientras saborea tiernamente
placeres domésticos que en tierras de guerra
se atesoran fervientemente.




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junio
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Junio – 6/12

Junio no pregunta,
te pone contra la pared.
No te pide permiso,
solo aparece y te recuerda
todo lo que no hiciste.

Mitad del año.
Mitad del alma en pausa.
Mitad de los planes
hechos pedazos por la rutina.

Hay días en junio
que pesan como piedras en el pecho.
Y otros,
que huelen a tierra mojada
y te hacen creer que todavía puedes empezar.

Es un mes cobarde
porque no decide si arde o llueve.
Como tú,
que no sabes si avanzar o volver.

Junio tiene el sabor amargo
de los «todavía no»,
de los «después lo hago»,
de los «ya no sé por dónde seguir».

Pero también guarda
una voz suave,
mínima,
que te susurra:
«todavía estás a tiempo».

Junio es una cicatriz abierta
pero también es semilla.
Te recuerda lo que duele,
sí,
pero también lo que importa.

Y si logras sostener la mirada
cuando el calendario te rete,
podrás decirle que este año
aún no te ha ganado.

6/12

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La soledad y su compañía

Embriagante,

ese sentimiento de paz

al conversar acompañada

de la soledad.

Su compañía no juzga,

escucha atenta,

observa y sonríe.

Adictiva

su atenta mirada,

no habla,

no te califica,

pacientemente te atiende.

Embriagante,

su respetuosa presencia,

su considerada atención.

La soledad,

mi ser,

nuestra unilateral conversación,

su contemplación a mi sentir.

© #ShadowMisLetras

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Tus palabras como piedras

Tus palabras como piedras, afiladas y calientes, que caen sobre mi espalda y sobre mis brazos. Algunas las lanzas tan certeras que logras pegarle a mi cabeza. Tan hirientes que me parten en pedazos, dejando mi corazón expuesto a tu odio, a tus prejuicios y a tus normas. Tan hirientes que abren mi cerebro y lo llenas de tus insultos, de tus estereotipos y tus malos deseos.

Tus palabras son muy fuertes, no tienen delicadeza. Tan solo las escupes, ni siquiera las procesas. Se te caen de los labios y llegan a mis pies, algunas las esquivo, algunas las machuco, pero otras me hacen tropezar y cuando estoy ahí, en el suelo, me patean, me hieren, me dañan y se ríen de mi falta de fuerza o de mi falta de voluntad.

Como si tú estuvieras libre de pecado, lanzas tu piedra a mi paso y no te has puesto a pensar que mi único pecado es no responderte, no hacerte frente, no confrontarte. Mi único y verdadero pecado es hacerme pequeño, no luchar por mi lugar, pero el tuyo, tu pecado, ese asqueroso e inmundo que andas arrastrando, tiene nombre y es pesado. Se llama ODIO. Tu pecado es no aceptarme y hacer que tus hijos hereden tu veneno, que se conviertan en uno más que hará daño a los que somos diferentes.

Tus palabras son cadenas que buscan atar mis pies y mis manos. También son vendas que buscan cubrir mi boca y tapar mis ojos. Son disfraces sin colores, sin plumas y sin brillantina. Me quieres ver cubierto de pies a cabeza con un vestido de tristeza y desaliento.

Te diré algo que quizá nadie se tomó el tiempo de enseñarte. El poder de las palabras es grande y utilizarlas requiere ser responsable. Una palabra puede construir un universo, algo bueno, algo pleno, algo libre, algo feliz. Pero una palabra tiene también el poder de destruirlo, de romperlo, de apacharlo y hacerlo dejar de existir.

Si, le tengo miedo a tus palabras, pero me provoca más miedo cuando las diriges a quienes me acompañan, a mis novios, a mis amigos, a mis seres queridos, a quien sea que camine a mi lado. Me da miedo porque sé que yo puedo con su peso, pero ellos no merecen esas faltas de respeto. En especial, me aterra cuando las diriges a aquellos que apenas empiezan a transitar el camino de la diversidad. Aquellos que aún están buscando su identidad y tus feas y desagradables palabras no hacen más que causarles dolor, penas y una gran aflicción.

Por eso hoy me tomo el tiempo de escribirte esto, porque quiero devolverte algunas palabras, no como piedras, te las ofrezco como flores, como un regalo para tu alma. Mis palabras no vienen llenas de odio, vienen llenas de amor, porque yo no te rechazo. Lo que rechazo es lo que intentas hacerme y hacerle a mi comunidad. Quiero que mis palabras sean ese pan que te cae del cielo, que te alimenten y te sanen de esa enfermedad que tienes, ese mal que te acecha y que se llama LGBTQfobia.

Quiero que mis palabras te calen en los huesos y se impregnen en tus sesos. Deja de impartir odio, deja de lastimar, no somos ningún monstruo ni algo que debas rechazar. Tan solo somos humanos, la única diferencia es que somos fabulosos y no nos cansamos de luchar. Quiero que mis palabras sean la luz que le hace falta a tu alma y aprendas de una vez por todas, que nunca nos vas a lograr apagar.

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Valentía

Decliné mis intenciones de buscarte.

Fue toda una odisea, verte dar un paso tras otro y como tu silueta se empequeñecía hasta desaparecer.

Contuve, con mis dientes presionados, el «no te vayas».

Contuve, con la mirada firme, las lágrimas que inundarían el Sáhara.

Contuve, con entereza, la manía de anteponer mi estabilidad emocional a los deseos egoístas de los otros.

Decliné cada una de las finas torturas que me auto infrinjo.

Fue placentero y sublime, lograr contener mi necesidad de autodestrucción.

Sostuve mi flagelado ser en la cornisa y aún no entiendo cómo logré no sucumbir a dar el paso y volver a caer en el abismo de la degradación y la miseria.

Alcancé a mantenerme lúcida y no recurrir al vicio para camuflar mi realidad.

Me permití no evadir más la verdad sobre ti y tus antecesores.

Me concedí liberar mis alas de las cuerdas invisibles que yo sola me impuse.

Acepté que después de tantos intentos, la vida me estaba rechazando una vez más la solicitud y lo entendí.

Decliné volver a tomar las acciones usuales, recurrentes y fallidas.

Me detuve y me sonreí,

y me abracé

y descansé.

© #ShadowMisLetras

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