Enero
Escribología

Enero – 1/12

Enero no irrumpe.
Llega despacio,
como quien camina descalzo
sobre los restos de una fiesta.

Trae el silencio que sigue al ruido,
el eco de lo que fuimos
y la pregunta inevitable:
¿quién seremos ahora?

Hay algo en su luz distinta,
una claridad que no abriga,
pero invita.
A mirar con honestidad,
a ordenar lo que duele,
a elegir con calma.

Enero no es promesa,
es posibilidad.
Una página sin ruido,
no por vacía,
sino por abierta.

Nos enfrenta a la urgencia de vivir sin prisa,
a entender que no todo debe empezar de golpe.
Que sembrar también es esperar.

Es un tiempo de raíces,
no de fuegos artificiales.
De silencios fértiles,
de comienzos sin espectáculo.

Y así, sin apuro,
Enero se vuelve un espacio
donde el alma se escucha.

No para resolverlo todo,
sino para recordar
que el verdadero inicio
sucede dentro.

1/12

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Pausa y reinicio

La muerte no es final,
es reinicio, otro nivel,
una pausa larga, un respiro,
como soltar el aire y dejarse ir.

No es vacío,
es como cerrar los ojos al ruido,
darle espacio a lo que viene,
a lo que somos sin el peso del cuerpo.

La muerte no te roba nada,
te devuelve,
como si cada parte tuya,
cada recuerdo,
se volviera semilla en el viento,
esencia que se queda en el aire.

A todos nos toca,
pero no es castigo,
es descanso de ser,
de buscar, de correr,
y de pronto, solo fluir.

Es una ruta,
el camino de vuelta a casa,
sin prisas, sin drama,
dejar lo terrenal,
ser parte del pulso eterno.

Y al final,
somos todos chispas de algo más grande,
la muerte nos abre, nos expande,
somos nota en una melodía infinita,
y al cerrar los ojos,
renacemos en el eco de todo lo vivido.

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Arcano del tiempo

Tiempo, órfico en su albedrío,
trasiega sombras, céfiro frío,
anida el cosmos, su almo estío,
eterno pábilo, nunca baldío.

Nos traspasa, yerta quimera,
su hálito esgrime la larga espera,
como silente, grave lumera,
marca lo efímero, bruñe la esfera.

Arquetipo etéreo, soplo incesante,
tejedor ácrono, siempre distante,
pule en su tránsito lo fulgurante,
y en su fuga, todo es errante.

Relojes místicos, manecillas vanas,
en su giro arcano fluyen sotanas,
hilvanan tiempos, vidas lejanas,
todo es eco en sus manos arcanas.

Nadie lo nombra, nadie lo ciñe,
gira en el éter, su voz se afine,
y en su desvelo, todo destine,
somos su vestigio, sombra que opine.

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Octubre de fuego

Octubre no llegó solo,
llegó con puños cerrados,
con gritos que rompieron la noche,
la tierra tembló bajo los pies cansados.

No pedimos permiso,
tomamos las calles,
quebramos el silencio con fuego,
el miedo quedó atrás, olvidado.

Frente a las balas,
no hubo retroceso,
el pueblo empujó con sangre,
un tirano cayó bajo su peso.

No fue paz lo que buscamos,
fue justicia,
romper cadenas que otros forjaron,
quebrar la dictadura como vidrio roto.

Manos desnudas,
pero corazones en llamas,
el futuro no espera,
se arranca, se toma.

La historia se escribió en octubre,
en cada cuerpo, en cada paso,
en cada piedra lanzada al poder,
somos pueblo, somos llama, somos acero.

Hoy octubre sigue vivo,
en cada lucha que arde,
en cada voz que se alza,
no olvidamos, no cedemos.

El combate nunca terminó,
es octubre eterno,
y en la sangre que corre
está el eco de la revolución.

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