Quedémonos en el 2016 en donde, nuestros abrazos fueron descanso para nuestras almas, en donde los atardeceres fueron una muestra perfecta de paz en el corazón, porque nuestra complicidad era tanta que en tan poco tiempo se convirtió en amor; en un “quedémonos juntos para siempre porque lo nuestro es eterno y no se pierde”.
Un año abierto a conocernos y hacernos fieles a nuestros encuentros de la juventud. Te amaba tanto que me aferré como un koala a su rama, y puedo confirmar que me amaste más o de la misma forma. Pero era tu personalidad, tu familia, tus amigos, tu alcoholismo… todo eso que por las noches nos separaba, nos susurraba que el amor era poco para mantener la calma y continuar navegando con la marea alta.
Nadie escuchó los versos de la oscuridad, porque nuestros corazones se entendían cuando estábamos juntos porque la luz del día hacía bajar la marea y la ansiedad punzante ya no existía. Porque una risa dolía menos y eso era lo que nos sostenía: el presente…
Diez años después decidimos congelar los recuerdos y hacernos creer que nuestro romance no murió sino perduró en el tiempo de pasado. Ese cambio brutal de crecimiento humano nos cobró lágrimas, gritos, insultos y mucho daño psicológico. No hay palabras para explicar que por más amor que tengamos nuestros propios intereses salen a flote más rápido y es ahí donde no existe un “nosotros”, sino un “sálvese quien pueda”.
No sé quién se salvó primero: si yo al dejarte por mi salud mental, o tú al obligarme a irme porque en el fondo sabías que no ibas a cambiar.
Pero salimos. Ahora tu carga pesa menos porque ya no estoy detrás de ti, buscando amor y yo puedo dormir sin tu atención.
Fuiste mi sueño hecho realidad, mi manifestación más grande de la vida, que duró muy poco porque, aunque fueron diez años juntos, nuestra relación sana duró como dos. No sé quién eres ahora, si el dealer del callejón o el hombre íntegro y sin vicios que conocí. Lo que sí me queda claro es que el 2016 ya no existe más en esta realidad, pero en el pasado hay una dimensión paralela en donde nos veíamos al atardecer y platicábamos de nuestros sueños; los que yo cumplí a tu lado y los que tú dejaste guardados.
Un abrazo enorme para los dos de esa época porque nos quedamos congelados en esa realidad alterna donde el pasado es nuestro presente.
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