No te enamores, por favor, no lo permitas.
No sucumbas ante el peor de los tormentos.
Es una tortura autoinfligida.
Beber el mejor cóctel aderezado con gotas de cicuta.
Comer el delicioso manjar contaminado con arsénico.
Se ignora que mueres un poco con cada sorbo, con cada mordisco.
No te enamores, por favor, no lo permitas.
Te conviertes en un ser inanimado.
Tus decisiones son erráticas y tu coherencia se ve nublada ante la ilusión de lo perfecto.
Te enamoras y dejas a tus deseos, a tus metas en el rincón de los pendientes.
Tu vida pasa a segundo plano.
No te enamores, por favor, escúchame.
Te transformará en un fanático devoto, en un kamikaze.
No vivirás si no es para ese ser.
Tu existencia se reducirá a una insignificante vida parásito.
Harás lo que sea necesario para ser ese ser que tu ser especial merece.
Darás todo y más, con tal de demostrarle cuánto le amas.
No te enamores, por favor, atiéndeme.
Terminarás hecho añicos.
Lamiendo cada herida con el poco amor propio que inteligentemente se escondió al ver tu insensatez.
Tu deceso será una victoria para el amor, te convertirás en un defensor de su turbia existencia.
Continuarás, como un errante, buscando el amor, queriendo triunfar y soñando con que puedes enamorarte y no sufrir sus contraindicaciones.
No te enamores, a menos que estés consciente que morirás tortuosa y lentamente.
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