Escribología

El amor jamás volvió o quizá nunca llegó

El amor jamás volvió o quizá nunca llegó.

Recuerdo que en mi adolescencia, cuando la inocencia te brinda la dicha de encender una vela de ilusión, con quiméricos anhelos protegí la luz de esa vela y llegó un día en que se extinguió y pereció.

Las circunstancias del crecimiento físico y mental, vinieron a rematar mi crecimiento emocional que desde pequeña había sido lapidado.

Imaginé un amor como el que yo ofrecí en todo momento. A lo largo de mis 47 años, he sido comprensiva, tolerante, complaciente, detallista y devota, claro con esos grandes defectos como lo son mis alocadas y estrambóticas maneras de comportarme.

Aun así, he dado todo. Desde lo más mínimo como lo es un abrazo de buenos días, hasta mi apoyo y el respaldo para lograr crecer en pareja.

Pero no fue suficiente. En ninguno de los tres intentos.

El amor jamás volvió o quizá nunca llegó.

Puede que el amor me tenga en una lista de espera de otra época, de otro tiempo y en otro espacio.

Que en este mundo me haya tocado conocer únicamente el amor fraternal de padres e hijos, de hermanos, amigos y colegas.

Quizá nunca ha llegado el amor romántico que anhelé y que cuando estuve enamorada fue porque decidí que debía ser ahí, aunque bien sabía que no lo era en cada ocasión que sucedió.

A lo mejor la inocencia de aquellos años no midió la magnitud de sus acciones al quitar todos los permisos de seguridad, asumiendo que el poner límites bloquearía el ingreso del amor y dejó entrar a tres seres que dieron grandes lecciones, dolorosas lecciones.

Lo que ha provocado que todos los permisos de seguridad avanzada se hayan activado y, desde entonces, el amor no ha vuelto o puede que nunca haya llegado.

La romantización de lo que es el amor me dio una idea equivocada, y ahora he romantizado a la soledad ante el miedo de volver a sufrir.

Las decepciones nos ayudan a crecer, pero he llegado a un tiempo en que quiero crecer, pero no ha base de decepciones ni dolorosos desenlaces.

© #ShadowMisLetras

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