Escribología

Un día me fui

Un día me fui
sin decir adiós.
Caminé sin voltear.
Unas horas antes nos dijimos «te quiero».
Hubo hasta un abrazo,
que sin saberlo
tenía sabor a inolvidable.
Jamás platicamos de nuestro futuro juntos, porque ambos lo sabíamos,
no existía ese futuro.
Ingenuos jugamos.
Jugamos a eso llamado aventura y terminamos,
bueno;
tal vez la ingenua sigo siendo yo,
al querer creer,
que ambos terminamos enamorándonos.
Un día me fui sin despedirme,
sin lágrimas,
ni reproches.
Supiste que había desaparecido unas semanas después.
Aún recuerdo tu sonrisa esa noche,
ingenuo creíste mi: «te veo mañana a las 10»
recuerdo tus brazos rodeando mi cintura.
Nos vimos fijamente y nos fundimos en un intenso y tierno beso.
Tu aroma me cubrió por completo.
Incluso ha habido tardes que me visitas y me estremezco.
Jamás concebiste mi partida,
porque de haberlo imaginado me hubieses
llenado de reproches,
recriminando mi egoísmo y aceptarías a regañadientes,
no sin antes marcar mi vida con tu orgullo de macho herido.
Pero un día solo caminé sin voltear,
tuve el valor de no ponerle fin,
no quise culminar ese «tu y yo»,
decidí que sería una despedida con sabor a: «sigo amando esto tan nuestro».
No te di oportunidad de despedirte y realmente romper nuestros lazos,
fue una despedida con aroma de «hasta pronto».
Un día me fui
sin decir adiós.
Un día solo decidí
y no te quise decir adiós.

#ShadowMisLetras

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Acróstico

Parece mentira, pero nuestro hilo rojo se encontró un día a inicios del 2009, no tengo conciencia precisa sobre nuestra primera conversación, es más, ni recuerdo en qué momento se conectó nuestro diario día laboral, sin embargo, cada año que inicia mi corazón se regocija ante la dicha de sumar un aniversario.

Ahora han pasado 13 desde aquella mañana donde marcaste entrada, hemos evolucionado ambas de acuerdo a las circunstancias particulares, hemos sucumbido ante el dolor, la decepción y la burla, hemos renacido y crecido. Me encanta ver fotografías de años pasados, porque, aunque somos seres con una complejidad peculiar, hemos logrado identificarnos con pensamientos y emociones.

Ojalá la vida nos alcance para seguir sumando instantes que se transformen en microcuentos, en anécdotas que promuevan alegría, satisfacción y reflexión, que alcancemos a fusionar nuestras historias y se estructure una leyenda cuyo título cautive, inspire y evidencie nuestra esencia.

La vida nos sorprende de mil maneras, nos compensa ante los descalabros que sufrimos a lo largo de ella,
nos devuelve el amor, amistad, solidaridad y cariño que hemos brindado; tú, Paola Ardón, has llegado a mi vida para llenarla de alegría con la sonora melodía de tu risa al viento, con la caricia del terso pétalo de rosa que me brinda tu compañía, siendo muchas veces ese bálsamo de luz que ilumina mis oscuros instantes de agonía, has llegado para ser mi cómplice, mi apoyo y mi público en mi sueño de ser poeta,
has llegado a convertir mi existencia en sensacional al compartir contigo, has llegado para que conozca el significado de la palabra “amistad”, has visto mis peores momentos y seguir acá, has escuchado algunos de mis más caóticos secretos, has respetado mi opinión que alguna vez no me pediste.

Ahora me decidí a terminar de escribirte estas letras y me ha costado, pero no, no te confundas, ha sido difícil fusionar las letras porque es tanto lo que deseo expresarte y no existen palabras suficientes, es como si quisiera unir la fuerza de las olas del pacífico con el aleteo del colibrí, es como alcanzar el horizonte del atlántico con el melodioso susurro del Sahara, es abrazar el alba al despertar del otoño,
es como degustar la acidez del vino con la nostalgia del poema.

Mi mapa del tesoro tiene una “X” en el año donde coincidimos y dio inicio a esta aventura,
identificando con polvo de estrellas,
constelaciones,
signos,
notas musicales,
atrapasueños,
cada episodio de convivencia,
de conversaciones,
de llantos,
de música y poesía,
de afecto y armonía.

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A mi niña interna

Perdón
Por minimizar tu dolor.
Por lastimarte.
Por la falta de respeto.
Por torturarte con ideas equívocas sobre quién eres.
Perdón.
Por obstaculizar tu avance y poner paredes donde no existían.
Por desviar tu camino y señalar peligros donde no los había.
Por darte esa perspectiva borrosa de la realidad.
Por señalar prioridades que no lo eran.
Perdón.
Por cada pensamiento caótico teledirigido a tus cimientos.
Por subestimarte.
Por minimizarte.
Por no cuidarte.
Perdón.
Por degradarte.
Por sumergirte entre miedos y secretos.
Por ocultarte entre ruinas y pobreza.
Por el abuso permitido.
Perdón.
Por esas ocasiones que silencié tu opinión.
Por esas otras que no te pude contener.
Por aquellas en las que te expuse.
Por estas que siguen latentes.
Perdón.
A mi ser,
a esa pequeña,
a mi yo,
a mi lucha interna,
a mi ingenua niña,
a mi ofuscado existir.
Perdón.

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