Para el joven
un Marlboro
y la vista
hacia la nada.
Para ella
un poema
y «Son amores»
de Natalia.
Ella le leía poesía
por las noches.
Él le decía
que su voz
le perturbaba
el alma.
Su risa
poco cálida,
su olor a soledad
y a cigarro
que oculta penas.
Él era simple;
le llamaba «flaca»
y sonaba Drake.
Aunque a veces
filmaba el atardecer.
Ella le dedicó
«Vivo» de Cerati
y un poemario de Aldaz.
Le dijo: es simple,
léalo cuando lo necesite
y yo no esté.
…
En la terraza
volvió con su Marlboro
y sin ella, solo
con música, poesía
y un cigarro.
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