Nuestro principal propósito es difundir el arte, la creatividad y el conocimiento a través de las letras, ya que son fundamentales para el desarrollo humano.
Los días son los mismos. Las mañanas son frescas y las noches silenciosas, pero algo ha cambiado. Aún no sé muy bien cómo ni en dónde, pero es distinto.
Los rayos de sol saben diferente. Las pausas que hace el corazón me traen calma y consuelo. Aunque hay momentos en los que lloro poquito.
He aprendido a amar a los que me aman y volver a donde me esperan.
Aún con todo, me siento agradecida por quién soy y en dónde estoy. Por quiénes acompañan y por los que se despiden. A nadie detengo, por nadie suplico. Me tengo. Y eso es más que suficiente.
Y, sin embargo, a veces siento que somos demasiado.
No hay promesas, no hay etiquetas, no hay planes escritos en futuro. Solo miradas que duran un segundo más de lo necesario y esa sensación inevitable cuando sé que voy a verte. Como si el día tuviera un brillo distinto. Como si el reloj caminara más lento antes de llegar a ti.
Me sorprendo pensando en tus labios más de lo que debería. No de una forma imprudente, sino con esa curiosidad dulce que nace cuando algo late en silencio. Como si hubiera una pregunta suspendida en el aire cada vez que estamos cerca.
Lo curioso es que tu presencia no es constante, pero tu recuerdo sí. Aparece en momentos inesperados, incluso cuando intento estar en otro lugar, en otra historia, en otros brazos. Y entonces entiendo que hay personas que no necesitan un título para ocupar un espacio.
No somos nada… pero hay algo. Algo que se enciende cuando te pienso. Algo que me ilusiona cuando sé que te veré. Algo que no se nombra, pero se siente.
No me atrevería a llamarla «Historia de amor», pero esta es mi historia.
Llevaba casi dos años sin trabajo, cuando llegó la oportunidad laboral. Era un ambiente tranquilo; cumplir con lo asignado, ser puntual, sonreír, trabajar en equipo, saludar con un «buenos días». Los desayunos y almuerzos eran alegres, al aire libre. Algunos meses pasaron, cuando llegó agosto y con el un nuevo compañero que se integraba al mismo equipo.
Mi primera impresión fue «Ya se ve grande», era un hombre de camisa cuadriculada y corbata, con las mangas arriba. Pero hubo algo que llamó mi atención y fue su apellido, casualmente, llevamos el mismo, así que cuando el equipo se presentó con él, nos preguntaron si éramos familia a lo que respondimos con un rotundo NO. Los días pasaron y solo era un saludo cordial, una sonrisa laboral, un «feliz tarde».
Para enero del siguiente año, falté al trabajo por un trámite universitario, ese día el llamó a mi celular, en el trabajo habían solicitado unos datos y él me consultó para anotarlos. Me pareció un gesto de compañerismo. Los «buenos días» seguían siendo monótonos, hasta que llegó la pandemia y todo fue un caos en el trabajo, ambos pertenecíamos al mismo tipo de trabajo, así que un día cualquiera llamó por segunda vez para consultarme si estaba yendo a laborar (habían puesto turnos laborales y había que esperar que confirmaran el día que podíamos asistir), a lo que dije que aún no me habían asignado día. Cuando sentí, hablamos por cuarenta minutos; del trabajo, de lo que sucedía… Nada del otro mundo.
Empezamos a frecuentarnos más en el trabajo, a conversar más, a sonreír genuinamente, los «buenos días» eran diferentes, a molestar más. No había presión que me llamara, románticamente, la atención. Él tenía poco tiempo de terminar una relación. Los días siguieron pasando y nuestra comunicación fue más constante, eran llamadas y mensajes más constantes, al principio, sus llamadas eran para desahogarse de ella, yo lo escuchaba. Ese hombre hablaba demasiado y yo aprendí a afinar la escucha. Con un par de meses, la conversación cambió, cuando él llamaba era un tiempo de alegría, chistes, risas, anécdotas, saber más del otro. Por lo mismo de la pandemia me cambiaron de edificio, la comunicación seguía, por las mañanas, si había llegado bien, por las tardes, dando tiempo para que yo estuviera cómoda en casa y pudiera llamar. Hasta que llegó el punto de pensar «cuán cómoda y tranquila me sentía con su compañía».
Aprendimos a confiar en el otro, a escucharnos, a entendernos. Recuerdo el día que mi papá se contagió de covid y yo no estaba segura si también estaba contagiada, decidí faltar, ese día, él llegó en mi nombre para redactar un informe mensual que es requisito para pago. No tenía cómo llegar, porque era cuando los autos salían según número de placa, y ese día no le correspondía a su auto, además estaba de descanso y no dudó en ir. A lo que yo sigo agradecida.
Para ese entonces, yo tenía veintidós años y él treinta y siete. Pasaron ocho meses y una noticia me perturbó; él seguía enamorado de su ex novia. Para ese entonces, yo ya estaba enamorada de él, aunque nunca supe si él de mí. Era inmadura y decidí alejarme sin dar explicaciones, tenía miedo de ser lastimada, y aunque intenté no salirlo, salí. Ambos terminamos alejándonos, las palabras abundaron en el vacío y silencio. Yo regresé a trabajar a la misma oficina que él, así que nos mirábamos todos los días, nos topábamos en los mismos pasillos. Pasamos cuatro años sin declarar una palabra; para mí, los años más difíciles al tratar de sanar mi corazón.
Estoy segura que él no me amó, pero sí nos quisimos, nos quisimos desde una herida, desde un vacío. Nos construimos un mundo donde podíamos ser genuinamente, donde lo demás se olvidaba. Hace poco más de un año, hablamos por primera vez, fue como si hubiésemos decidido olvidar quienes fuimos y lo que sucedió entre nosotros. Hoy en día, sostenemos comunicación laboral, ambos sabemos respetar al otro, ambos conocemos la historia del otro, ambos sabemos lo que le afecta al otro, ambos sabemos quiénes fuimos.
Me doy cuenta, que no fue la intensidad de lo que viví lo que hasta hoy me hace recordarlo, sino lo que yo decidí sentir por él, amor, durante ese tiempo aprendí a aceptarlo tal y como era, aprendí que mis primaveras podían ser pocas para un otoño como él, pero era firme en lo que sentía. Aprendí a acompañarlo, a escucharlo, a tenerle paciencia, a amar su risa y sus chistes. Hoy en día, ya no lo amo, mi corazón sanó.
Fuimos amigos, grandes amigos y si pudiera dedicarle algunas palabras como los amigos que fuimos, le diría: «¿Cómo has estado? Tu cabello sigue brillando como los rayos del sol. He escuchado algunas verdades y mentiras de lo que vives. ¿Te esta yendo mejor? Solo quería recordarte algo, que debes luchar e ir por lo que amas y te hace feliz. No te conformes con lo que esta cerca de tus manos, de tu corazón, ve más allá, ve por lo que cautiva, verdaderamente, tu corazón y sé feliz. Siempre te he deseado lo mejor, y así será. Gracias por aquel tiempo que construimos y que hoy son solo remembranzas. Gracias, por inspirarme a escribir mi segundo poemario. Fuiste una buena musa. Sigue siendo tú, no permitas que los ecos del exterior perturben tu esencia.»
Para esta historia, el amor no fue suficiente, sin embargo, fue nuestra historia. Y agradezco lo que construimos, juntos. Sé que mejores historias nos esperan a cada uno.
Bailarina fácil es señalar tus decisiones. Juzgan tu final en este plano. Justifican la cobardía de quién dijo amarte. Bailarina invisibilizan tu talento y triunfos. Acusan tu falta de valor para soltar lo que te dañaba. Es tan fácil señalar y juzgar. Testimonios dicen que te agredía en público. Que tu pelo era utilizado para someterte. Que los insultos eran reforzados con gritos y golpes. ¿Por qué lo permitiste? Cuestionan los insensatos. Es fácil juzgar. La violencia de pareja es tan común en nuestra sociedad que se culpa a quién la sufre y se crucifica a quién la denuncia. Todos estamos propensos a caer en el abismo de los excesos, de la adicción. Cuándo eliges salir con alguien que tiene esos mismos gustos es difícil no caer en el exceso y no te das cuenta. La goma moral aniquila tu poca confianza y valía. Los tentáculos del exceso te jalan cada vez al fondo, el juicio se nubla y no se logra ver la salida que está ahí, frente a ti. Bailarina tu talento y tu legado mantendrá vivo tu recuerdo. Tu liberación del mundo terrenal es y será inspirador para reflexionar sobre lo que sucede en la sociedad, como los números crecen y los casos se invisibilizan. Bailarina que tus giros, que tus saltos dibujen en el cielo tu esencia. Bailarina tu sonrisa y tu ternura. Bailarina.
Queridos lectores, llegamos al final de este espacio, donde compartimos historias de amor que nos dejan enseñanzas y esperanzas. Esta historia en particular, es de nuestros queridos amigos Nina y Fabián, quienes nos cuentan cómo se conocieron y cómo hasta hoy son padres y abuelos. Su amor sigue intacto, con altas y bajas, pero unidos, eligiéndose uno al otro.
Espero que disfruten nuestra última historia. A continuación, Nina nos relata.
Soy una muchacha de campo que vivía solo encerrada, pero que salió de ahí para venir a trabajar a la capital; a zona 15, a un lugar que le dicen Metro 15. Y ahí estaba yo cuando conocí a Fabián, fue una historia muy bonita. Yo trabajaba con unos italianos en un condominio y él trabajaba en otro condominio poniendo pisos de madera. Y fue ese día, un 10 de junio de 1987 cuando nos conocimos.
En esa ocasión yo iba saliendo a las 5 de la tarde, cuando él iba entrando (después supe que entraba a esa hora a propósito), entonces salí y me fui a la parada de autobús. Ahí estaba yo en la parada, cuando él llegó, nos subimos al bus y él me saludó. Era un muchacho muy guapo y amable, cuando en eso un sillón se desocupó. Él me dijo: “Señorita, siéntese”. Y yo me senté, al poco tiempo se bajó la persona que iba a mi lado y él se sentó conmigo. Durante el camino me preguntó hacia dónde iba, dónde vivía. Para ese momento, vivía con mi hermana mayor.
Ese mismo día me preguntó: ¿Qué hace los domingos? Y yo le respondí que estaba estudiando, yo estaba sacando el segundo básico en un instituto que esta en la 18 calle que se llama Mateo Perroni. Esa conversación fue un día miércoles y al siguiente domingo yo venía bajando las gradas del instituto con mis compañeras cuando vi que estaba parado, ahí enfrente de la puerta. Yo me emocioné, pero a la vez me puse muy nerviosa. Yo no sabía ni qué hacer, porque me gustaba, me caía bien, pero tenía miedo. Y desde ahí empezamos a salir y la relación fue muy bonita.
Para ese entonces, había un lugar que le decían Burgues Shop, estaba en la sexta avenida y casi siempre que me iba a traer, me invitaba a comer ahí. Y así pasaron los años, nos llevamos muy bien y poco a poco él quiso conocer a mi familia. Una de mis hermanas, la mayor, no lo quería ni lo aceptaba. La segunda sí, con ella siempre se llevaron muy bien, con mis sobrinos también.
Pasó el tiempo y al año cuatro meses nos casamos. No teníamos nada, ni él ni yo, porque trabajábamos, prácticamente para el día. En ese entonces no se ganaba mucho. Nos casamos, como dicen fue una boda bien sencilla en Ciudad Vieja, en 1989. Nuestro casamiento fue muy bonito, muy familiar, nos pusieron marimba. A los dos meses nos mudamos a una covachita. Ahí, mi esposo consiguió trabajo. Yo no trabajé por seis años, luego él quedó sin trabajo y yo me vi en la necesidad de trabajar.
Ya teníamos a nuestros dos hijos. Y como todo matrimonio, teníamos nuestras bajas y altas, pero siempre hubo mucha comprensión, mucha confianza, mucha comunicación. Esa es la base del amor, la confianza, la comunicación y el respeto. Cuando había algo que a él no le gustaba y llamaba la atención, yo siempre respeté su palabra, si había sido mi responsabilidad, le explicaba cuando estaba más tranquilo y si la responsabilidad había sido de él, igualmente, le explicaba cuando el ambiente estaba más en calma.
Nunca nos hemos peleado a tal punto de separarnos, siempre hemos sabido que la base del matrimonio es la confianza, la comunicación y el diálogo. Hoy en día, tenemos nuestra casita, ya somos jubilados y vivimos de lo que trabajamos en muchos años. No es mucho, pero gracias a Dios llevamos una vida modesta. Mis hijos ya se casaron y tenemos varios nietos. Hasta hoy, nuestro amor sigue vivo, tenemos una vida tranquila y cada día nos entendemos más. Ahora él me cuida y yo a él. Las enfermedades nos han afectado un poco, pero aquí estamos. Nuestra familia siempre nos inculcó que Dios siempre era primero, en cada decisión, en cada proyecto. Y gracias a ello, hemos estado bien. Nuestros hijos están bien con sus hijos, con su familia, mientras nosotros nos seguimos acompañando uno al otro. Ahora, solo son ellos dos; como cuando se conocieron. Y como bien dijeron, hasta el día de hoy, su amor sigue vivo.
A nuestros queridos amigos les dedicamos las siguientes líneas:
Que la vejez sea nuestra etapa más dulce y gratificante, donde la complicidad y el respeto sean nuestro abrigo. Uniendo nuestros cuerpos con la fuerza de un legado, una historia de amor que ha resistido el paso del tiempo, amigo. En cada arruga y cada cana, se encuentra la belleza, la unión de dos almas que han sabido amar en plenitud. -Elisain Maldonado
Fotografía tomada de internet
A petición de nuestros amigos, sus nombres son ficticios en esta historia.
¡Gracias por llegar hasta aquí, querido lector! ❤️
Queridos lectores, estamos por concluir este espacio de historias de amor, y en esta ocasión conoceremos la historia de nuestros queridos amigos, Isaí y Melany, quienes tienen una amplia gama de colores en su relato. Confiar el uno en el otro para entregarse completamente, es un acto de valentía, aunque no todo sea favorable.
Atreverse a saltar al vacío es una decisión como lo es el amor. Es este tipo de amor que sin nada lo encuentra todo y que aún con miedo, aprende a ser victorioso. Disfrutemos de nuestra historia.
“Tú me gustas”, fue la confesión que Melany escuchó de los labios de Isaí. Ella no recuerda el mes exacto cuando aquello sucedió, pero sí recuerda cuán nervioso estaba él. Ella pensó que todas aquellas razones que le mencionaba de por qué le gustaba eran una broma. Hasta que él le dejó claro que sus acciones se lo demostrarían.
Melany nos cuenta que ella no era la típica chica de la que él se hubiera enamorado, ambos se miraban solo como compañeros, hasta que él empezó a escribirle cartitas de amor donde relataba lo que más le gustaba de ella. Melany recuerda que, dentro de sus acciones, él le regaló un anillo de promesa, el cual le dijo que cambiaría por uno de compromiso, que tiempo después cumpliría.
Ambos empezaron a compartir más, hasta que hubo un disgusto, una conversación que terminó alejándolos, a su alrededor nadie estaba de acuerdo con su relación, por lo que hubo muchos conflictos y a raíz de eso ella decidió alejarse totalmente de él. Pasó así un año completo, ambos se miraban en la iglesia, pero ninguno trataba de solucionar lo que había pasado.
Con el tiempo, Melany comenzó a trabajar y recuerda que su mamá le había regalado una cadenita y una pulsera, en esa ocasión, por ir apresurada reventó su pulsera. Ella llegó a la iglesia y de pronto, él se le acercó preguntándole qué le había ocurrido, ella, tratando de ser amable le respondió que había tenido un accidente con su pulsera, él le dijo que se la arreglaría y así lo hizo. Recuerda que volvieron a hablar, ella un poco cortante y aunque no era un buen momento para acercarse, lo hicieron poco a poco.
En su momento, ambos se enviaron tarjetitas, durante la mala racha, ella quiso olvidarlo tirándolas, pero él decidió guardarlas, hasta hoy, esas cartas siguen guardadas en su hogar. Melany nos relata que, para un catorce de febrero, él pidió verla, como amigos, sin embargo, mientras conversaban él comenzó a decirle que realmente deseaba un futuro con ella, aunque el viento no estuviera a favor de ellos, ya que seguían habiendo muchos inconvenientes. Él, con mucho valor le dijo que se casaran, en esa ocasión él llevaba consigo un lirio y el anillo que anteriormente le había regalado. Ella, por todo lo sucedido tenía temor en su corazón, aun así, para ese momento ella ya estaba enamorada de él; sus acciones, sus atenciones y cuidados habían capturado su corazón.
El tiempo pasó e Isaí perseveró en su propuesta de casarse, ambos sabían que posiblemente no contarían con el apoyo de su familia, igualmente, decidieron seguir adelante y se organizó todo para su boda civil, se casaron un seis de abril, nos relatan que literalmente empezaron desde cero, saltando al vacío juntos. La ilusión de tener su casita propia empezó a nacer, sin embargo, después de casados, ambos quedaron sin trabajo y eso fue el umbral para una nueva temporada.
Ambos estaban sin trabajo, y luego de un año de casados ella quedó embarazada. Nos cuentan que aún en medio de la situación difícil, siempre pusieron su confianza en Dios. En ese momento, pensaron en qué negocio podían emprender juntos y decidieron vender jugos de naranja. Ella estaba en su tiempo de gestación y empezaron a comprar lo necesario para su negocio, empezaron un día lunes y recuerdan que no duraron ni una hora, toda la naranja que habían comprado ya se había vendido y desde ese momento la bendición comenzó.
Para aquel entonces, entró la pandemia al país y todo era más complicado para vender. Ella corría el riesgo de contagiarse estando embarazada, con todo, ella permanecía al lado de él, hasta que su tiempo de parto llegó, él siguió solo; vendía, regresaba a casa para hacer limpieza, cocinaba, lavaba la ropa y se iba a comprar naranja para su venta. Un año pasó así, y aunque hubo momentos duros, ambos supieron salir adelante. Nos cuentan que, como toda pareja, han tenido desacuerdos, pero han sabido solucionarlos, comunicándose. Desde que se casaron siempre quisieron tener una nena y un nene y Dios les dio la oportunidad de cumplir ese deseo.
Hoy, su nena tiene seis años y su nene cuatro meses. Siempre han buscado enseñarles a sus hijos que su hogar es un hogar de amor, felicidad y que, si hay conflictos o algún disgusto, se debe conversar para escucharse como familia y apoyarse. Melany nos expresa que quizá, como hija, no tuvo el mejor ejemplo de matrimonio con sus padres, pero eso mismo la motivó a ser mejor y hacer las cosas diferentes.
A veces, pensamos que nuestra futura pareja esta muy lejos de nosotros, cuando en realidad, puede estar tan cerca. Ambos tomaron la decisión de que ella se dedicara a sus bebés, mientras él sería el proveedor. Ella nos cuenta que hoy en día, él tiene un trabajo estable, donde han crecido y sido prósperos. Muchas personas decían que su matrimonio no duraría y ahora están a punto de cumplir siete años de casados, no ha sido fácil, pero han sabido comunicarse, el ser diferentes les ha ayudado a equilibrar situaciones difíciles.
Antes, ella nunca imaginó fijarse en él y hoy, tiempo después están casados y son padres. Ahora su prioridad es cuidar de sus hijos, verlos triunfar y llevar su matrimonio por muchos, muchos, muchos años más. Reconocen que Dios ha sido quien los ha bendecido y fortalecido durante este tiempo y que están agradecidos.
Ella recuerda el día cuando él, oficialmente, le propuso matrimonio. Una propuesta íntima, donde ambos tomaron la decisión de unir sus vidas, para compartir juntos, para apoyarse y amarse por el resto de sus días.
A nuestros queridos amigos les dedicamos las siguientes líneas: Es tan lindo saber que usted existe uno se siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos aunque sea hasta cinco no ya para que acuda presurosa en mi auxilio sino para saber a ciencia cierta que usted puede contar conmigo. -Mario Benedetti.
Queridos lectores, el amor sabe esperar, porque es paciente, sabe reconocer, porque es humilde y sabe luchar porque es valiente. Para aquellos que han atravesado situaciones difíciles de entender, recuerden que todo es temporal y que somos afortunados si tenemos amor.
Ellos son nuestros amigos, Nancy y Josué, quienes nos recuerdan que los planes de Dios siempre serán buenos para nuestras vidas.
¡Qué guapo y atractivo! Fue el primer pensamiento de Nancy cuando vio a Josué por primera vez en la iglesia, él estaba sentado al lado de su hermana y por alguna razón nunca se habían visto, perteneciendo a la misma congregación. Era febrero del año 2018 cuando las miradas de Nancy y Josué se encontraron por vez primera. En ese momento, ella ocupaba su mente en otras actividades, por lo que no hubo más interés en conocer a Josué.
En el mes de octubre del mismo año, Nancy tuvo un sueño, en el que veía como este joven llegaba hasta donde ella estaba y cálidamente la abrazaba, como un novio abraza a su novia. Ellos nunca habían hablado, solo se habían visto una vez, pero cuando despertó, quedó con aquella inquietud en su corazón. Ese mismo día, conversando con su mamá le contó lo que había soñado, su mamá solo sonrió y le dijo: Uno nunca sabe. Unos días después del sueño ella decide hablarle por primera vez a él, la inquietud que tenía en su corazón cada día era más fuerte, así que le contactó por Facebook, Josué respondió al mensaje de Nancy y resulta que desde ese día nunca dejaron de conversar. Nació un interés tan real del uno hacia el otro que cada día era más fuerte su vínculo, el amor fue brotando y un mes después se hicieron novios.
Desde el primer día su relación ha sido genuina, Nancy nos cuenta que definitivamente era la persona que Dios tenía para ella. En sus oraciones, ella pedía por cada característica física y emocional, cada detalle que ella le había pedido a Dios, Él lo concedió cuando conoció a Josué. Dentro de todas aquellas características, Nancy había pedido que sobre todo lo que aquel hombre pudiera amar, amara aún más a Dios, y así fue.
El tiempo pasó y cuando cumplieron dos años de noviazgo ella presintió que Josué le propondría matrimonio, pero aún no estaba lista para tomar aquella decisión, así que conversó con Josué y le pidió que aún no lo hiciera, que le diera tiempo. Nancy nos relata que, si eso hubiese pasado, estaba segura que su relación terminaría justo ahí. En el corazón de ella había una inquietud que tuvo que hablarla con Dios. Los días pasaron y Josué esperó tres años más, con ese tiempo, ella tuvo la seguridad de casarse, previo oró y le pidió que, si realmente era la persona idónea para ella, Él se lo mostrara y así sucedió, Dios le mostró a través de un sueño como ellos oficializaban su compromiso.
Nancy nos cuenta que han vivido muchos momentos especiales, que cada relación es diferente. Ellos son dos personas que aman a Dios y que Él ha sido el centro de su hogar, en toda adversidad siempre han buscado ayuda en Dios y Él siempre ha cuidado de ellos. Aunque han atravesado situaciones difíciles, siguen avanzado con la confianza en Él.
Aunque ella tiene una trayectoria larga por recorrer en el matrimonio, nos puede decir que uno de los mejores consejos que recibieron fue el siempre comunicarse entre ellos, y efectivamente, es el lazo principal, después de Dios y el amor. Nancy nos dice que definitivamente, el amor se nutre, se construye y se crea desde el noviazgo. Al día de hoy, ellos son completamente feliz, son afortunados, ya que tienen lo más importante y es el amor.
A nuestros amigos dedicamos las siguientes líneas:
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; … Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. – Cantares 8:6 y 7a
A los que hemos amado, esto es para nosotros. Querido lector, qué valioso es tener un corazón humilde que sabe reconocer dónde es amado y dónde es libre de amar. Qué valioso es luchar por lo que queremos y amamos, por lo que seguimos deseando y cuidando.
En esta ocasión, permitiré que nuestro propio amigo, Gustavo, nos relate su historia de amor con Diana. Amigos que nos recuerdan que con el transitar del tiempo, es nuestra decisión, como pareja, ser uno ante la vida. Enfrentando juntos, la singularidad de sus momentos de calma y ferocidad.
Corría el año 2004, estábamos separados desde hace ya un par de meses. Diana estudiaba Diseño Gráfico y yo Ingeniería, por aquel entonces ambos en la Tricentenaria USAC. Estábamos en jornadas diferentes y tenía días sin verla, pero ella necesitaba una calculadora para hacer un examen y yo la tenía, así que quedamos en vernos para darle el aparato, justamente en esa época yo estaba enfermo de gripe y me sentía muy débil, por lo que ella llegó a mi casa. El saludo fue escueto y ofrecí acompañarla a la parada de bus.
Salimos caminando como lo que éramos, dos buenos amigos, platicando de su examen, de mi enfermedad, y de lo que nos esperábamos en el grupo juvenil al cual pertenecíamos. De pronto, se acabó el trayecto y tuve que verla partir, sentí mucha tristeza por la separación y algo dentro de mí cambió en ese momento. Según yo, sin que ella se diera cuenta, mientras ella se alejaba en el bus me lleve la mano derecha al corazón (nuestro código para decir te amo a la distancia), luego me enteré para mi sorpresa que ella me vio hacerlo.
En ese momento hice mía la canción de la banda Bacilos “Tabaco y Chanel”, la parte que dice: “… Me preguntan también las estrellas
Me reclaman qué vuelva por ella
Ay, que vuelva por ella
Ay, que vuelva por ella…”
Ella al ver mi gesto, también sintió que era posible volver, ese fin de semana nos vimos de nuevo en el grupo juvenil, yo tenía muchas ganas de verla y creo que ella también quería verme. Volvimos a ser más cercanos aún, a preguntarnos qué nos había pasado y sin darle tantas vueltas al asunto decidimos darnos una nueva oportunidad. Hoy, aproximadamente 22 años después tenemos dos hijos maravillosos que nos llenan tanto de orgullo como de preocupaciones.
El caminar de la mano, a veces se torna difícil, se replantea uno las cosas, pero pienso que la gana de elegirnos de nuevo cada vez que se encuentran adversidades es el verdadero éxito para una relación. Las cosas no siempre son de color de rosa, pero he de reconocer que Dios nunca nos ha dejado, aunque nosotros sí nos apartamos por etapas. La paz que se respira en nuestro hogar es algo que no cambiaría por cualquier otra cosa, tenemos por consigna decir y saber que SOMOS UNO, tenemos por prioridad el bienestar de nuestros hijos y de ir cumpliendo de a poco nuestros sueños.
A día de hoy puedo decir que, aunque físicamente no somos los mismos de cuando nos conocimos, me sigue encantando su cabello y amo su sonrisa, por lo mismo lucho por hacerla reír cada vez que se puede. Sé que soy muy afortunado por tenerla en mi vida y aún más porque ella eligiera caminar conmigo y por eso siempre estaré agradecido con la vida.
A nuestros queridos amigos, Diana y Gustavo, les dedicamos las siguientes líneas:
Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor. -Gustavo Adolfo Bécquer
Los recuerdos relacionados a este tema se aglomeran ansiosos esperando mi reacción.
En silencio evalúo cada una de las razones que me han llevado a cruzar esa línea; la línea de lo que es o no permitido.
Es indiscutible que el ego es algo que domina. Es un susurro seductor que te invita a saciar ese deseo, ese gusto por romper la norma, las reglas.
El demostrarte a si mismo que puedes lograr esa fantasía, que puedes imponer tus sueños y cruzar esa línea tan delgada, que todos rompemos.
Esa rica sensación que fluye de la profundidad de tu ser, te impulsa a entrar por un momento a ese paraíso, que luego será tu condena al tormento del infierno mental.
La goma moral se perpetuará, el síndrome de abstinencia no te permitirá olvidar.
Pero nada de eso importa, lo esencial es saciar esa sed, es solventar la necesidad de triunfo, es saborear la gloria y amasar el poder que te da el objetivo conquistado.