Me di permiso para transformar mi decepción, mi dolor, en aceptación y dejarte ir.
Renuncié a cuestionar lo que me pareció incomprensible y me hice a un lado.
Alcancé a verte sin los filtros que te apliqué.
Entendí que todo lo que me parecía maravilloso te lo otorgué aquella noche donde me sonreiste.
Acepto que quise algo que nunca me ofreciste.
Escribí una mágica historia donde el protagonista era mi héroe, mi caballero, mi devoto enamorado.
Construí una sublime historia de amor sobre cimientos colocados en arenas movedizas.
Me di permiso y seguí con mi vida.
Dejé de lado todos los cuestionamientos sobre tu actuar.
Desistí a preguntarme: ¿Qué había hecho mal para provocar tu desprecio?
Renuncié a darte una última oportunidad y me hice a un lado.
Me di permiso y seguí con mi vida.
El tiempo me ha dado las respuestas a tantas preguntas.
Todo cae por su peso y no tuve que hacer nada más que seguir con mi vida.
Existen aún algunos cuestionamientos que me hacen ruido ocasionalmente, pero sin robarme la paz que ahora predomina.
Me di permiso y la felicidad es una constante desde hace 5 años.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.