Lloré.
Al verme nuevamente en esa posición.
Falaseas.
Desilusión.
Gotas tibias brotaron.
Gotas tibias inundaron mi alma nuevamente.
Lloré.
Por mí y mi futuro cubierto de soledad.
Porque emocionalmente estoy inválida.
Porque la conexión entre mi anhelo y lo real es inquebrantable y es mi mayor debilidad.
Lloré.
Porque no quiero resignarme.
Lloré.
Por lo obstinada de mi actitud.
Lloré.
Porque sigo teniendo fé.
Salto al vacío con la esperanza que una mano me rescate.
Lloro, porque sigo saltando, cayendo al vacío y teniendo fé.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.