Escribología

Soles de medianoche

Me haces recordar cuando era un niño, uno que se emocionaba al perseguir luciérnagas entre el colchón y las sábanas, ese brillo que no deja dormir.

Lo recuerdo.

Decenas de pequeños soles moviéndose contra el soplo del viento. Porque en la oscuridad de la noche, ellas siempre volvían a casa.

Eran rebeldes como yo.

La naturaleza tiene su propio lenguaje para nombrar las cosas. Y creo que los humanos no hemos hecho un buen trabajo al traducir la palabra. Rebelde.

Así como tú, tú y también tú. Yo no olvido los destellos a medianoche, ya no en luciérnagas que persiga, pero si en letras que también me proveen de luz, que me hacen viajar a través del viento y la vida, dejándome estar un corto tiempo, de nuevo en mi casa.

En nuestra casa.

En el 21-12 de la calle Noel.

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Entre Marzo y Abril

Marzo va a medio camino y mis dedos por primera vez en este año,
Se dignan a presionar las teclas,
Sentado frente al monitor,
Queriendo explicar que algo está cambiando,
Pero sigo en silencio,
Marzo va a medio camino y yo aún no he iniciado mi trayecto.
Estos meses de silencio me tienen aprisionado.
Algo bueno ha pasado a mí parecer,
Pero aún no lo descifro.
Mientras que mis palabras se marchitan,
Algo dentro de mi e incluso en el exterior es distinto,
Es bueno.
Tratando de volver a ser el mismo de antes,
Pero recordando que aquel que fui lo odiaba.
Abril pronto se acerca,
Y con él un año menos,
Un año menos sin hacer nada,
Otro año sintiéndome miserable,
Queriendo un cambio y temiéndole también.
Buscando la ruta segura, monótona y aburrida.
No me he cansado del sufrimiento,
Pues según muchos cuando uno esta harto,
Busca la manera de no estarlo,
Pero Abril pronto viene y yo sigo…
Sentado frente al monitor
Buscando palabras
Ahogándome en series
Que me venden vidas maravillosas
A un precio muy alto.
Sigo atascado en el tráfico, pudiendo usar los pies.
El único culpable soy yo.
Pues al parecer me regocijo en mi sufrimiento.
Porque no quiero salir de allí.
No hay motivos para avanzar,
Solo ultimátums de la vida,
No hay palabras lindas,
Solo silencio y soledad,
Marzo va a medio camino y Abril pronto se acerca,
Y yo estoy conforme con eso,
Porque no hay palabras bonitas
Ni motivos para avanzar.

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Espectro.

El viento traía con sigo el espectro de una época mejor, el recuerdo d otra vida lejana.
Un sentimiento de nostalgia azotaba sin dar tregua, parecía que nunca se marcharía.

Con la mente en blanco, un andar lento e inseguro como siempre movía su ser a través de la nada llamada espacio.

Buscaba minusiosamente la pregunta a su respuesta, pero solo encontraba preguntas ridículas, respuestas vacías.
Comprendía que nada era todo y que mucho no era nada.
Que el ser era nada, y la nada a lo mejor siempre sería nada.

Siempre se preguntaba:
Que soy?
Quién soy?
-Tal vez un alma oscura, un ente que merodea el silencio y se auto consume. O tal vez soy más que humano…

Su respuesta estaba en el camino o bien al final del mismo, el solo sabía que lo recorrería cual guerrero, no se rendiría jamás, y si alguna vez se rindiera, aceptaría la muerte con honor…

PL

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De nuevo tú

De nuevo tú…
Mi dolor de cabeza
Mi miedo constante
Mi deseo incontrolable

De nuevo tú…
Incapaz de volver
Incapaz de amar
Incapaz de formalizar

De nuevo tú…
El amante compartido
El amante de ayer
El amante sin rostro

De nuevo tú…
El de los detalles absurdos
El de las manos frías
El de las verdades a medias

De nuevo tú…
De nuevo eres más tú
De nuevo soy menos yo
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La niña de cuatro otra vez

Estábamos en verano y a pesar de los treinta y tantos grados centígrados que hacían, yo seguía sintiendo frías mis manos.

Ya no guardaba nada tuyo en la habitación, todo lo había regalado o tirado; sin embargo, de tus pasos no podía deshacerme. No sé si era torturada por ti o mi mente me hacía una mala jugada, pero desde 1997 te escuchaba caminar por la cocina, te imaginaba abriendo el refrigerador para beber leche desde la caja. Yo odiaba eso.

Como siempre, temí en levantarme y encontrarme con tu rostro, temí que aún estando tras unas rejas me siguieras causando pánico, temí que fueras tú, y sí, aun sigo temiendo que seas tú…

Ni la música, ni el licor era suficientes para ahogar el sonido de tus pasos y aquella tabla del suelo que rechinaba, la que prometiste arreglar el último invierno, me recuerda que no estoy sola.

Ahora ya es otoño y han pasado 25 años y como siempre el reloj marca las 3:30 de la madruga. Estoy fría otra vez y el sueño se ha escapado de nuevo.

La escena del 21 de marzo de 1997 se vuelve a repetir en mi cabeza, trato de reprimirla, pero no, no puedo hacerlo. Sé que estás del otro lado, pero ya no en la cocina, sino detrás de la puerta de la que era mi habitación.

Tus pasos son pesados y fuertes, la puerta tiene llave y como aquel 21 de marzo, sé que estas ebrio… pero esta vez no sé que hice mal, le doy vueltas a mi cabeza y estoy segura que la tarea de matemática la terminé, que no dejé mis juguetes tirados por la sala y que mamá está en casa para escuchar, realmente no sé qué esta mal…

Estas forzando la puerta y no tengo defensa, no más que el oso de peluche que me acompañaba de niña. Los recuerdos de aquella madrugada se vuelven borrosos, y la vista se me nubla.

Abriste la puerta, y fui la niña de cuatro años otra vez. Indefensa y aunque no por decisión, ya no tan inocente…

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Amigo fiel.

Existió una vez un hombre, que no poseía nada, ni siquiera un nombre.
Lo acompañaba un sombrero que estaba echo de cuero y su fiel perro.
Caminaba todo el día y a veces asta sonreía, aunque el creía que nadie lo quería.
Solía jugar pero nunca se olvidaba de soñar.

Buscaba su mundo, un lugar que no existe donde no hay nada triste.
Caminaba, nadaba o volaba simplemente hacia todo lo que quería o soñaba.

Algunos le llamaban loco y él no los entendía,
Un buen día, alzó su sombrero al suelo y cargó a su perro,
Juntos comenzaron a correr con miles de sonrisas en medio de un arcoiris,
Entonces, la felicidad los invadió, la tristeza nunca más los atacó.

La cordura es la mayor locura, el ruido es el peor silencio, la luz es simple obscuridad…

PL

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Te regalo un treinta de febrero

Para qué un gastado catorce…
Yo te regalo un treinta de febrero…
No un veintinueve, es un treinta…

Un día con veintidos horas…
Cada hora tiene cien minutos…
Un solito y dos noches…

Sabrá a sandía en el parque…
Y de fondo música de protesta y pobres…
Con olor a kilómetros y fluidos de pubertxs…

Puede ser martes o jueves…
…Estos días son menos complicados…
Y de preferencia un cuarto para las seis…

Como la canción…
Aquí no hay relojes y si moteles…
Le diremos nido…

Las manos se juntarán con los pies…
El músculo se despegará un poco de los huesos…
Y se tendrá conciencia de la cuerpa…

El clima será a tu elección…
Y, si puedo sugerir…
Que sea el frío de diciembre…

No aparece en el calendario…
Aunque lxs abuelxs si lo conocen…
Ellxs nos lo regalaron junto con los búhos…

No existirán semáforos…
Rojo será exclusivamente para la sangre…
La sangre menstrual de mis ciclos…

Diremos en el trabajo y universidad que nos empachamos…
De tanto reír y llorar…
No nos entenderán las mentes comunes…

Y porque está en nuestra naturaleza…
Para este día…
Abundará la mierda, el placer y las metáforas…

Y no lo olvidaré…
Daremos gracias…
Gracias por lo todo y por nada…

Los abrazos estarán de más…
El contacto será con los ojos…
Las tripas nos ahogarán en silencio…

Tendremos ciento treinta y dos mil segundos sin presidente…
Reinará la anarquía de tus ideas y emociones…
Le sumaremos la solapada razón de mi existencia…

Vamos a tener pausas prolongadas…
Cuando nuestras pestañas…
Coqueteen y se hagan el amor…

Lxs gatxs seguirán maullando…
Lxs vecinxs no gastarán agua…
Y el pasaje no superará la canasta básica…

Sí…
Es intenso…
Como vos y tus gemidos…

Y sí…
Estoy loca…
Es mi utopía…

Es mi treinta de febrero…

Es tu treinta de febrero…

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Intento de escritora

En mis casi 23 años le he huido bárbaramente a la poesía, al amor, las muestras de cariño y todo aquello que nos pintan «color rosa»; sin embargo, me es inevitable no respirarla, sentirla y hacerla mía.

Por eso, a partir de hoy les abro mi corazón, que a pesar de estar oscuro y un poco descuidado, está casi completo. La mayoría de mis escritos no reflejan situaciones de mi vida, sino de quienes se sientan a mi lado en el autobús, de quienes se toman de las manos a escondidas en los comerciales y de aquellos que temen ser descubiertos.

Por el momento formo parte de esos temerosos, pero tal vez más adelante decida cambiar el Libertad sin huellas, por el nombre que han escrito mis pequeños dedos en cada viejo cuaderno viajero.

No estoy hecha de dulzura y positivismo, estoy hecha de lo que la sociedad ha intentado hacer de todos nosotros, con la diferencia de un toque de libertad que me he adjudicado sin permiso del cielo.

Espero que para todo tengan una crítica, buena o mala, pero que la tengan. Y como diría el gran Cerati, a quienes me comenzarán a leer: ¡Gracias totales!

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Fueron siete…

Fueron siete… Y no fueron meses, no fueron semanas, no fueron días, no fueron horas, no fueron segundos…

Solo recuerdo que fueron siete.

Las conté y analicé durante siete días. Sí, siete fueron suficientes. La primera la descubrí cuando me mentiste a los ojos negando haberme llamado el jueves por la madrugada. La segunda llegó cuando viste como un niño abrazaba a su mamá en el aeropuerto.

Fueron siete… Y todas las anoté en mi viejo cuaderno, el mismo del que decidí alejarme cuanto tú te fuiste de aquí.

La tercera ocurrió cuando hablaste por teléfono con tu hermana, a quien creíste habías perdido por una falsa noticia en el noticiero de las ocho. La cuarta era más superficial, pero siempre honesta, vestías la camisa de tu equipo favorito y gritabas en celebración mientras me besabas los labios.

Fueron siete… Y cada una era distinta, cada una llenaba un espacio vacío dentro de mí, por eso sé que fueron siete.

La quinta fue sorprendida, pues a pesar de tu gran estatura y tu aspecto serio, la quinta iba acompañada de una lágrima que vi caer mientras leías uno de mis libros favoritos y hacías anotaciones para tener de qué charlar luego conmigo. La sexta no era tuya, pero evidentemente te pertenecía. Esa era de tu sobrina al descubrir que dentro de su cereal había salido el último juguete de la colección. Recuerdo que tardaste semanas en encontrarlo.

Fueron siete… Y aunque no tenga razón para apropiármelas, las siete eran mías, porque yo era tuya.

La última llegó inesperadamente. Ibamos en el metro y aunque ninguno de los dos sabía el paradero, reíamos de habernos colado en la fila. La séptima sonrisa, esa que englobó todo, esa que me curó e hirió al mismo tiempo, ocurrió antes de que la vida decidiera por nosotros separarnos.

Eran siete los fallecidos, tú eras el séptimo. Siete fueron los días en los que comencé a contar el tipo de sonrisas que te pertenecían, siete fueron los motivos que encontré para volverme loca por ti y siete fueron los minutos que pasaron desde que nos subimos al metro.

No fueron siete vidas, pero si pudiera vivirlas todas contigo, serían siete las vidas que hubiera vuelto a contar tus sonrisas.

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