Escribología

3 para las 3

No me deja y avanza sin mi
Se me pasa por encima y a través de las pupilas
Arrepentida y adelantada

Me regala bolsas púrpura
Se me hizo tarde otra vez…
Su olor es de antaño

De pequeña nunca me preocupó
Quería crecer
Ahora le tengo miedo, miedo segundero

Edad deseada: 15 años
Corporia alcanzada: 25 años
Verbo conjugado: casi 30 años
94 años de mi único abuelo vivo, al quien la gloria de Dios alcanza

Disparates en la mañana para salir de él
Añoro menguante
Metamorfosis día-noche

Espero las 3am
Centro de inspiración
¿Acaso no quiero soñar? Sumérgete, dejate llevar pequeña

Humor negro
Consciencia arcoiris
Culo morado

Amor a la ventana
Olor de pies y kilómetros recorridos, polvo somos
Una de cal y la otra de arena

Ancestral y místico
Un aquí y un haya en la verde Argentina
Me revuleco en el liquido amniótico

Solo me arrugo más
Ojos tecolote
Nahual: Kame de un trece de octubre

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Mi dulce de fresa

Tus piernas con olor a tierra mojada,

allí como tierra fértil,

tus labios,

color rojo carmesí de  pura excitación,

tus ojos, con la pupila dilatada,

ese color café verdoso que me embruja,

me veo junto a tu mirada…

 

Veo tus pies descalzos y me enamoro,

veo tu silueta que se ilumina con la entrada de la luna,

y me veo a mí babeando,

me veo a mi amándote,

bebiéndome cada una de tu fantasía,

y sintiéndote…

 

Me encanta cada parte tuya,

siento tu piel como la textura de un fruta,

dulce, y acida,

¡deliciosa! si eres mi dulce de fresa,

y sabes que…

amo tu boca, amo tu piel, tus besos, tu cuerpo,

y Te amo,

porque eres mi niña,

mi novia, mi amante, mi mejor amiga,

mi compañera, eres mi amor y yo el tuyo.

Te amo… y no tengo miedo de reconocerlo,

Te amo…

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Durazno

Despierto, y ¡si! La voz de una tormenta me toma por sorpresa. Parece querer comunicarse conmigo, contarme su enojo o inspirarme.

Únicamente la escucho y pienso que el invierno llegó, trayendo entre sus maletas mis recuerdos.

Ríos de sonrisas y lágrimas de desahogo, se pintan en mi memoria.

Alzo un durazno entre mis dedos, pero se desvanece en un suspiro, ahora la tormenta es más fuerte, busco el durazno pero ya no está.

Sangre aparece en su lugar, y a partir de ahora no entiendo nada. ¿Será esto un sueño? Pregunto una y otra vez.

Nadie me responde, pero todo se desvanece, nada es real. La lluvia cae ligera, ahora el silencio es fatal, estoy solo con mi mente.

Otro día ha comenzado, el invierno, una estación hermosa, regresó, lo de la noche anterior ahora es un simple misterio, que en unos días no existirá.

PL

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Insípido

Durante horas pasaba sentada en la orilla de la cama imaginando el color de las rosas de mi jardín, pensando en cómo lucían las margaritas en el comedor de mi vecina y tratando de averiguar cómo eran los famosos campos de tulipanes en Holanda. Según Mateo, mi hermano, él solo los había visto en internet, y no eran tan lindos como todos decían; sin embargo, yo había logrado identificar que su voz vibraba diferente cuando me mentía.

Me vestía a oscuras aunque el día fuera soleado y radiante. No sabía si en realidad el amarillo combinaba con el verde, pero los dos nombres me agradaban, uno sonaba a cariño y el otro a naturaleza. Tampoco podía terminar de identificar qué forma tenían los tacones, pero en definitiva adoraba el sonido que producían cuando caminaba por las calles.

Mis ojos no funcionaban como el del resto de mi familia, y Coco, mi perro, lo sabia perfectamente; sin embargo, los olores me bastaban y con eso ambos éramos felices. Teníamos muchos aromas favoritos en común y la pizza de cinco carnes era uno de ellos.

Al parecer mi vida era un sueño. Un sueño porque no estaba segura de la realidad en la que estaba viviendo. Escuchaba las noticias cuando trataba de cocinar la cena, pero no podía concretar qué estaba pasando a mi alrededor ni entender de un todo cómo el vehículo gris había impactado con el anuncio de Coca Cola y, claro, no hay periódicos con braile.

A lo lejos escuché la cita bíblica de siempre: «Te encantará», y fue cuando recordé que no estaba en casa, sino en la clínica de Jonh, mi doctor.

-Te quitaré las vendas de los ojos en unos minutos, sólo no estés muy tensa- Me recordó con mucha fe y entusiasmo. Podía sentir la calidez de su voz. De repente repitió que la vista de su consultorio era la indicada para ver por primera vez.

Creo que mis manos estaban temblando, en realidad no solo lo creo porque estoy segura que temblaban y además, sudaban frío. Tenía miedo de todo, miedo de que lo común me pareciera extravagante, de que me agradara aquello no bien visto, o que el celeste del cielo no fuera del tono de celeste con que mi imaginación creció.

Hubiera deseado que Coco estuviera aquí en este momento. Él me hubiera entendido a la perfección… es que a Coco le gustan las cosas que Mateo dicen que no son normales.

De repente solté una sonrisa, de las pequeñas y tímidas. De las que salen entre dientes porque son solo para disfrute de uno y no de la sociedad. Era de esas sonrisas perfectas, porque sabía que solo yo la entendía a oscuras.

Sentí las manos de Jhon sobre mi rostro. Estaban templadas y olían a medicina. -Estás un poco inflamada del rostro, pero sigues viéndote hermosa-, me dijo mientras retiraba con delicadeza los harapos quirúrgicos de mis ojos.

Creo que notó mi incomodidad, pues a la larga ninguno de los dos estaba seguro si después de todo, ver era lo que quería.

Me sentí como cuando de niña los médicos colocaban una lámpara de luz fuerte frente a mí para medir la sensibilidad de mi vista. Supongo que se debía a que había pasado con las vendas puestas poco más de 48 horas.

John me preparó.

-Frente a ti hay un espejo, y al lado artículos con distintos colores tenues, para que no sientas tan brusco el color-, me alertó.

Por fin había retirado todo aquello de mi cara y escuché con atención cuando me dijo que probablemente vería borroso. Reí porque en realidad esa palabra no forma parte de mi vocabulario, pero asenté con la cabeza.

Abrí los ojos atendiendo celosamente las instrucciones de John. Pero no, no divisé los colores de nuevo, una vez más no sabré porqué la gente dice que el negro me hace ver pálida y me volveré a quedar con la duda sobre lo atractivo que todas dicen que es John…

No solté una sola lágrima, pero mi doctor sabía que estaba por estallar. Sentí su mirada penetrante, escuché como bacilaba al tratar de formar oraciones de ánimo y le pedí que callara.

Tomé un taxi, no sé si era amarillo, verde, blanco o café. Solo lo tomé. El conductor me hizo un comentario sobre lo oscuro que estaba el día y sorbe cómo el noticiero de las ocho había cambiado de set.

Dulce. Amargo. Ácido, Insípido. Sí, insípido sentía que todo se había vuelto y el sabor insípido era perfecto para describir el color de mi día.

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Silvestre

Tu sabor, de fresa silvestre

Me invita a recorrer tus lunares, mapeados en cada centímetro de tu cuerpo.

Rojo tu corazón, con aroma carmesí, me invita a recorrer tu dulce silueta.

A veces dulce, a veces ácido.

La esencia de tu olor es lo que me llama a descubrir realmente tu sabor, tus besos con chocolate la mejor combinación que puede existir, dan placer a cada papila gustativa de mi deseo

Tu origen campestre, salvaje. La tentación Perfecta para pecar cuando voy camino al cielo, no existe mejor paraíso que saborear tu misterio.

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Antes que la muerte me gane…

Él, el hombre que amo,

nuca ha sido odiado, solo incomprendido,

porque en sus hombros carga el dolor que su corazón repele.

 

Aquel, el que nunca fue niño,

el que nunca fue adolescente,

el que labrando la tierra,

el que vendiendo la cosecha,

trajo a los suyos lo que su sudor logró.

 

Ese, el hombre que amo,

no me dio consejos,

pues con mano dura, indirectamente,

me guió hasta donde estoy,

con lecciones que me han marcado.

 

¿Qué haría yo sin él?

¿Dónde estaría yo sin él?

¿Qué sería de mi vida sin mi guía?

 

El hombre que amo,

El hombre que amo

El hombre que no sabe que lo amo,

pues de mi boca no han salido esas palabras.

 

Espero tener el valor de decirle cuanto lo amo,

antes que la vida se acabe,

antes que la muerte me gane.

 

Te amo apa.

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El ficticio mundo de un maniquí

Cuenta el viento, que más allá de las estrellas, existe un mundo interesante, muy diferente a lo conocido, tan raro que en el universo no tiene contrincante.

Que allá no se necesita vivir para vivir, no es necesario comer ni sentir, es tan especial que ahí es posible existir sin tenerlo que decir.

No se necesita de las estrellas para iluminarte, pues desde el principio tu vida es una obra de arte, el tiempo no es real y el silencio es como escuchar un musical.

Cuenta que la guerra no existe, que el dolor es un chiste, que el pensamiento se lo lleva el viento y que el lamento, dinero, preocupación y sustento, son un simple invento, pintados con un pincel cubierto de miel.

Se dice que ahí los paisajes son perfectos, con ríos que dibujan trazos rectos, decorados por una sola casa gigante, habitada por un maniquí muy elegante. Que espera una visita desde siempre, pero que como el lo presiente, nunca llegará. Pues su mundo está lejos de lo real, fuera de lo convencional, sumergido en sueños imposibles, que incluso en la mente de nuestro maniquí suenan poco factibles.

Pero aunque el comprende esto sigue soñando, luchando, tratando de sonreír o bien fingir, hasta que un sollozo sea arrastrado por el viento, o se pinte una sonrisa donde hubo un lamento…

PL

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Miradas cruzadas

La mirada era puntual, a las 10:00 de la mañana, cuando después de ir por unas copias los jóvenes ojos de Sara se topaban con los experimentados de Martín. Sara pasaba a su lado y hacía como si no notara su presencia; sin embargo, era evidente que él esperaba la de ella.

Estaban a tan sólo siete lugares de distancia, y aun así no había un buenos días, ni un buenas tardes. Pasaban las ocho horas sin siquiera un “qué tal”, pero ambos eran felices de tenerse cerca.

Los diez años que Martín le llevaba a Sara no pasaban desapercibidos y en realidad a ninguno de los dos les importaba. El único impedimento era que él estaba casado y ella comprometida.

Su forma de vestir, de hablar y demostrar cuánto sabía en la lejanía, era la forma de coquetearse. Los besos que se daban estaban tácitamente escritos en prensa y las dulces palabras se ahogaban en el mal café de cada mañana.

El sonido de los zapatos altos de Sara se escuchaban por toda la redacción, su sonrisa cálida, esa que no le negaba a nadie, era lo que mantenía vivo a Martín.

Sara por su parte, escuchaba la ronca voz de Martín cuando intercambiaba ideas con el resto de compañeros. Se deleitaba viendo como tomaba los libros y sonreía con ellos.

Ambos se veían delicada y cuidadosamente, pero ninguno decía nada.

Las miradas pícaras llegaron al tiempo, la atracción era inevitable, pero los dos sabían que debían terminar con ellas sin importar qué sintieran, pues de seguir con el juego, habrían daños a terceros…

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Otorgame el arma

Si se debe matar esto que siento por ti,
no serás el asesino,
tú darás el arma,
y sera un suicidio.


No dejaré que cargues con esto,
no eres culpable,
culpable soy yo,
pues es mio el sentimiento.


Solo otorgame esa arma,
porque si es preciso matar esto que siento por ti,
solo tu tienes el arma,
y solo yo puedo matarlo.

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¿Qué debo hacer?

He de creer en mi, volver al inicio

y no perderme esta vez, aunque por el momento

no sepa donde estoy, aunque no recuerde donde me desvie

en que lugar deje perdido lo que hoy no tengo y necesito.

 

He de retroceder esta vez

dejar el orgullo atrás

y sin mas volver a encontrarme.

pero…

¿Donde estoy?

¿Qué es lo que no tengo?

¿En donde debo buscar?

¿Hay otra oportunidad?

¿Quien realmente soy?

 

En mi cabeza solo hay un «NO» para todas las preguntas

¿Me perdí por él

o…

Él era mi camino de vuelta?

 

Es probable que ya haya estado perdido desde antes de habérmelo encontrado,

¿Donde estoy?

es incierto,  no se si deba verlo, pero muero por hacerlo,

y si no se acerca, ¡¡Moriré!!

moriré aun mas lentamente de lo que ahora lo hago.

 

¿Debo escapar?

seria la primera vez que escape del amor,

consiente estoy de lo cobarde que soy,

he huido, no por amor sino por miedo,

pero esta vez..

¿Es preciso huir?

¿Debo afrontar esto y tragarme el dolor?

como otras veces ya he vivido con dolor, no me ha matado,

pero se siente como si lo estuviera, Muerto.

 

Aun se siente, es una acumulación de todo y la muerte no se presenta.

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