Escribología

Amor sincero

Un amor sincero le rompió los brazos, ahora ya no abraza igual.
Un amor sincero le quebró la sonrisa, esa que iluminaba el rostro de los demás.
Un amor sincero le amputó las piernas, quedándose en el suelo, tratando de recoger los pedazos de lo que le dejó.
Un amor sincero la dejó sorda, desde ese entonces lo único que recuerda son las promesas que él pronunció.
Un amor sincero le quito el corazón, abandonándolo en el sendero del olvido del cual ella nunca conocerá el camino de regreso.
Ese amor sincero se llevó todo, menos su recuerdo.

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Mi guate.

Escuchando notas de madera, hoy recuerdo con una sonrisa, aquellos días en los que pedía a las estrellas regresar a mis sueños azul y blanco.
Era solo un chavito, lo sé, pero mi corazón me exigía regresar.
9 largos años esperé para pizar esta sagrada tierra una vez MÁS, la alegría de ese momento fue inigualable.

Y mi deseo estaba justificado, en esta bendita tierra he logrado sueños, hecho deseos y hasta conocí a su majestad, ¡MI PRINCESA!
Pero también he descubierto las injusticias que mi país ha sufrido, los tiranos que la han escupido, dictadores, presidentes, militares, diputados. Ruego a Dios que sus mentes y almas nunca descansen en paz.
Por eso juro hoy hacer lo que pueda por ti, mi patria hermosa.
Kin ta waj GUATEMALA.
PL

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“Estoy bien”

Ahora siento que me ahogo y mientras eso pasa, me duele el corazón.

Pero no importa, estoy bien… Leer tu nombre, escucharlo en boca de otros y darme cuenta que no te enteras cuando a mi el mundo se me viene encima, no me afecta. Estoy bien.

Fuiste el escape de todo en su momento, pero ahora que no tengo a dónde ir me estoy derrumbando a pocos y en silencio.

Nunca antes había derramado lágrimas con tanto sentimiento y aquí estoy a oscuras dejándolas caer, tragándome cada uno, fingiendo ser fuerte y me estoy cansando. Pero estoy bien.

La respiración se me está yendo, te la estás llevando y no sé a dónde, no sé qué haces con ella, pero la quiero de vuelta.

De vuelta junto con la inocencia que te robaste, la alegría que me despertaste y las ilusiones que te fueron fácil romper.

¿Por qué yo? Si lo único que hice fue quererte cerca, conocerte, incluirte en mis planes y no soltarte.

Sabía que jugaba bajo tus reglas y accedí. Me entregué en bandeja de plata para que me devastaras con mi permiso.

¿Y es que amar duele tanto? ¿O soy yo quien no leyó el instructivo?, dime qué haces tú para que todo sea fácil, porque te confieso que aunque parezca lo contrario, no estoy bien.

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Inefable realidad.

Caminando por La vereda de la vida,
Dejándome llevar por el aire,
Acercándome a la salida,
Tratando que la mente se calle.
Me acerco a una entrada,
De una tumba que simula una casa dorada,
Nada encuentro,
Solo espectros del viento.
Que simulan pensar,
Pero no pueden siquiera jugar,
Se creen importantes,
En este mundo de almas errantes.
Pero a lo lejos observo una casa real,
Habitada por una rosa sin igual,
Cuidada por una reina,
Muy tierna.
Entonces emprendo el vuelo mientras sonrío,
Me dirijo a esa casa decorada por un río,
Mientras, voy olvidando,
La vida real, el cementerio que estoy abandonando 3 Punto
PL

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Prestando mis manos

Las letras me encontraron. Por muchos años caminamos de la mano en silencio; lloramos, reímos, despedimos, abrazamos, y callamos.

De vez en cuando, se acostaban en mi hombro derecho y al oído susurraban el anhelo que teníamos que otros corazones nos leyeran; pero el miedo me ganaba, no me dejaba hacer nada.

Las letras cansadas de susurrar, levantaron la voz, pellizcaban y me atreví a enseñárselas a otros ojos.

Por primera vez, alguien más leía lo que guardamos bajo llave, esas palabras que creamos con el paso del tiempo y que a cada instante gritaban por ser liberadas.

Así que, luego de batallar unas horas contra el temor, decidimos dejarlas volar para que sean leídas en silencio o en voz alta, en solitario o en compañía.

Ellas me encontraron, me sanaron y ahora les presto mis manos para que sean libres y digan lo que quieran contar.

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Luna

Casi todas las tardes veía a ese anciano sentarse en la terraza del edificio y observar el cielo, me resultaba intrigante su comportamiento, mientras el resto de internos se la pasaban fingiendo ser artistas, divagando, temerosos y queriendo ser atendidos, esta persona subía a la azotea y miraba el cielo como si de eso dependiera su vida.
Uno de esos tantos días en los que quería conocer su historia decidí seguirlo y preguntarle.

-¿Acaso ve usted algo allí que el resto no pueda?- pregunté con ironía.

El paciente viéndome sonrió y dirigió de nuevo la mirada al cielo.

-Así es- respondió – si usted viajara a otro continente y regresara a este, vería al horizonte con la certeza de que hay algo más allá del agua, ¿no es cierto?- preguntó.

-Si claro- respondí sin entender muy bien.

-Cada quien puede ver lo que uno ya conoce, dándole un significado distinto, aunque por cierto tiempo se pierda el recuerdo y el sentimiento por tal cosa-

-¿Qué es lo que ve?- pregunté, el cielo se había cubierto de nubes, esta vez el anciano me miraba.

-Hace unos años mis compañeros y yo fuimos los primeros en pisar la luna, en mis momentos de lucidez vengo aquí a recordarlos, porque ellos se han marchado ya- contestó.

Aquellas palabras de cierto modo me habían conmovido, alcé la vista al cielo, poco a poco las nubes iban descubriendo la parte a la que el anciano veía, algo brillante ya se lograba ver, la nube se alejó completamente, allí algo hizo clic en mi mente, varios recuerdos comenzaron a venir a mí, en ellos habían dos personas más, una mujer y una pequeña niña, en el último recuerdo estábamos los tres viendo la luna, se veía tan hermosa como la veía en ese instante.

-Algún día nos iremos a vivir los tres a la luna- fue lo último que le había dicho a mi hija.
Baje corriendo a alistar mis cosas, me dirigí con la enfermera y le dije que estaba listo para irme, hace dos años me interné a este lugar, luego de un accidente había olvidado todo, había olvidado a mi familia, la promesa que le había hecho a mi hija y aquella hermosa luna fue lo que me devolvio cada recuerdo.

Regrese a Guatemala donde había vivido hasta hace dos años, volví con mi familia, cada vez que puedo regreso junto con ellas a visitar al señor que viajó a la luna.

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La «Etiqueta»

Sus manos sobre mi espalda…

uffff ella era buena masajista,

claro a mí me encantaba besarle,

cuello, espalda, caderas,

toda ella era mi deliro y yo… su desahogo.

Por impulso pregunte

o quizás solo salieron de mis labios las palabras,

¿Sabes qué hay entre tú y yo?

Ella no vaciló en contestar…

¿Qué sí sé que hay entre tú y yo?

Pues lo que hay es un amor a colores,

divago un momento (…) y continuo,

a veces es azul como el mar, así turbulento y tranquilo, pero a veces es tan intenso como el rojo, lleno de pasión, tiene sus tonos negros, quien no los tiene, puede ser un arcoíris de vez en cuando tenemos nuestros colores…

Pregunte entonces ¿Qué somos?

Ella se dio la vuelta, vi el tatuaje de su espalda,

Y yo volví a perderme en su cuerpo…

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El primero

No habías sido el primero en casi nada en mi vida, pero te juro que fuiste el primer amor por el que llore profundamente.

Esta no era una sensación de corazón roto, como todos decían, esta era la del alma quebrada, la vista ciega y los oídos sordos.

Sé que constantemente me mentía para hacerte la víctima y justificar cada una de tus acciones frente a los demás, y aunque me costó, logré reconocer que no era así.

Hoy admito que te quise y que lo sigo haciendo, pero por primera vez desde que creí conocerte, estoy segura que me respeto y me cultivo en abundancia como para liberarme de ti.

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