Guardé tu sonora risa en el aleteo del colibrí,
que visita cada mañana mi jardín secreto.
Acuné el primer orgasmo en la melodiosa lluvia de occidente.
Llevo atada,
en aquella pulsera,
ese revoloteo de mariposas en mi estómago cuando te acercabas.
Escondí en la textura de aquel libro que robé,
la singular manera de tomar mi mano.
Acaricio tu aroma
al contemplar al ocaso agonizante
con la promesa de regresar mañana.
Tejí tu ternura en aquella canción que me dedicaste.
Abrazo tu recuerdo en cada tarde calurosa.
Apilé tus facturas pendientes
y no esperes que las cobre,
porque el tiempo lo hará por mí.
Guardé mis sentimientos
en aquella billetera de cuero
donde permanecerán sigilosos.
No niego que no te viví,
que no te disfruté
que no te sufrí.
No olvido
porque es necesario
para no volver a caer en el abismo.
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