Vivo entre luces que no siempre alumbran,
y sombras que me enseñaron a mirar.
He aprendido a leer el alma del día
y a escribirle al silencio sin titubear.
Mis pasos no suenan como los demás,
caminan por bordes, dudan, tropiezan,
pero nunca se rinden,
porque hay fuego en mis dudas
y verdad en mi torpeza.
Recojo historias que nadie cuenta,
con manos que tiemblan,
con ojos que queman.
Soy quien escucha lo que otros callan,
y convierte el dolor en letra eterna.
He luchado con todo lo que fui,
con el cuerpo, con el alma,
y a veces…
solo con el deseo de no desaparecer.
No busco aplausos ni tronos de oro,
solo quiero dejar algo que respire,
algo que hable por mí
cuando ya no me quede voz.
Entre luces y letras,
entre derrotas y fuego,
me encontré entera…
aun cuando todo me quiso a pedazos.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.