He leído demasiadas historias de amor.
Quizá, porque siempre supe que nunca tendría una así
y he existido a través de ellas.
Volando entre nubes de ensueño.
Quimeras en forma de estrellas.
Pasiones como olas en una playa desierta.
He leído demasiadas historias amor.
Pero no son suficientes.
Debo confesar que mi adicción se acrecienta.
Ante la falta de una historia propia.
Me aferro a la narrativa de esa pareja que se encuentra sin buscarse.
De aquel cuento en el que la chispa del amor es encendida por el choque de miradas.
De aquel poema que inicia con la ilusión del amor verdadero.
Del verso tejido por el compromiso y la devoción.
Sí. He leído demasiadas historias de amor.
Y añoro leer más.
Encontrarme en algún fragmento.
Descubrirme en alguna frase.
Sentir la caricia del halago a la protagonista.
Robar ese sublime beso que se lanza al cielo anhelando llegue al ser amado.
Verme deseada tras un saludo discreto.
Sobrevivir con ese puñado de letras que transforman la trágica realidad.
Vivir a la vez que agonizo.
Colorear mi sonrisa con un paisaje dibujado con quizás y tal vez.
He leído demasiadas historias de amor.
Tal vez,
porque solo ahí lo pude conocer,
sentir,
disfrutar,
sufrir,
vivir.
Mi lúgubre existir fue iluminado por la luz
que salió del primer libro que leí.
Las sombras que alguna vez fueron mis compañeras, se han disuelto.
La melodía de la añoranza se instaló y mi corazón despertó.
He leído demasiadas historias de amor.
¿Quieres contarme la tuya?
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.