Escribología

Ya aprendí

No estás, otra vez, y tu ausencia me enseño a:

Llorar en voz alta, porque soy libre de hacerlo.

Cuidar mi corazón, en singular.

Que el amor de verdad duele, cuando nos rompen.

Me enseñó que decir lo que se quiere no es suficiente y que mi 50 por ciento de intención no vale si en realidad yo tengo el cien.

Ahora sé que las promesas también las rompen quienes dicen amarnos y que el silencio nos hace perder, igual que el ruido.

Que la intención sí vale, pero las acciones cuentan el doble.

Ya aprendí que la palabra «amor» no tiene peso si no se suelta de la humillación y desconfianza.


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4 comentarios en “Ya aprendí

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