Agosto
Escribología

Agosto – 8/12

Agosto siempre llega con los bolsillos rotos,
con la espalda doblada de tanto cargar días,
con los ojos resecos de tanto mirar al futuro sin verlo.

Es un mes que no promete nada,
pero lo exige todo:
te recuerda que ya gastaste más de la mitad del año
y que la otra mitad
no es un cheque en blanco,
sino una deuda que se acumula.

Agosto es cruel,
porque te sienta frente a la mesa del tiempo
y te pregunta, sin voz,
qué has hecho con tus horas.

Los días pesan distinto aquí.
Se sienten largos, pero se fugan igual,
como si alguien hubiera abierto una grieta en el calendario
y por ahí se escurrieran tus excusas.

Agosto no sabe de paciencia:
te enseña que todo lo que pospones
se convierte en polvo,
que lo que callas fermenta hasta pudrirse,
que lo que sueñas y no persigues
termina odiándote en silencio.

Es un mes de espejos partidos,
te devuelve el reflejo de lo que finges,
y te desafía a mirar los pedazos sin huir.
A veces duele, sí,
pero agosto no vino a acariciar,
vino a recordarte que estás vivo
y que vivir significa arder,
aunque te queme.

Algunos lo odian porque trae rutinas pesadas,
otros porque se convierte en un inventario de fracasos.
Pero agosto no tiene la culpa:
es el juez que se limita a mostrarte
el archivo de lo que fuiste,
y la sentencia de lo que puedes dejar de ser.

Así que míralo de frente,
aunque te incomode.
Pregúntate qué cicatrices merecen quedarse
y cuáles solo son cadenas oxidadas.
Haz de agosto una hoguera
y lánzale todo lo que ya no eres.

Porque al final,
ese es su verdadero secreto:
no viene a recordarte lo perdido,
sino a gritarte, sin voz,
que todavía estás a tiempo.

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Julio – 7/12

Julio es una herida caliente.
No sangra, pero quema.
Es ese punto medio del año donde los planes se mueren
o reviven con furia.

Julio no perdona.
Te recuerda todo lo que prometiste en enero
y todo lo que no hiciste en junio.
Es un espejo sin filtros,
una verdad sin maquillaje.
Te desnuda sin tocarte
y te pregunta sin palabras:
¿quién sos ahora?

Julio tiene la paciencia de un verdugo.
Cada día que pasa, afila el cuchillo del tiempo
y te observa mientras fingís estar bien.
Mientras seguís corriendo en círculos
para no admitir que estás perdido.
Mientras te aferrás a excusas con nombres bonitos:
“agotamiento”, “proceso”, “ya casi”.

Pero Julio no compra humo.
No quiere likes, ni frases motivacionales,
ni sueños envueltos en filtros de Instagram.
Quiere hechos.
Pasos concretos.
Cicatrices reales.

Es el mes donde el sol te cocina por fuera
y las dudas te fríen por dentro.
Donde el calendario arde
y no hay lluvia que te salve del incendio personal.

Julio es una frontera.
No entre países,
sino entre versiones de vos mismo.

Y si no cruzás…
te vas a quedar viviendo en la mentira cómoda
de lo que pudo haber sido.
En esa zona tibia
donde nadie se muere,
pero tampoco vive.

Julio arde.
Y vos…
¿vas a arder con él o vas a salir del fuego?

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junio
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Junio – 6/12

Junio no pregunta,
te pone contra la pared.
No te pide permiso,
solo aparece y te recuerda
todo lo que no hiciste.

Mitad del año.
Mitad del alma en pausa.
Mitad de los planes
hechos pedazos por la rutina.

Hay días en junio
que pesan como piedras en el pecho.
Y otros,
que huelen a tierra mojada
y te hacen creer que todavía puedes empezar.

Es un mes cobarde
porque no decide si arde o llueve.
Como tú,
que no sabes si avanzar o volver.

Junio tiene el sabor amargo
de los «todavía no»,
de los «después lo hago»,
de los «ya no sé por dónde seguir».

Pero también guarda
una voz suave,
mínima,
que te susurra:
«todavía estás a tiempo».

Junio es una cicatriz abierta
pero también es semilla.
Te recuerda lo que duele,
sí,
pero también lo que importa.

Y si logras sostener la mirada
cuando el calendario te rete,
podrás decirle que este año
aún no te ha ganado.

6/12

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mayo
Escribología

Mayo – 5/12

Mayo no entra con flores,
entra con filo.
No es un canto de aves,
es un grito que viene desde la raíz.
Llueve como quien ya no puede más,
como quien supo guardar tanto
que al fin se rompe.

Mayo no es esperanza.
Es memoria.
Del cuerpo que aguantó el invierno,
de la semilla que no brotó,
del miedo que se tragó en marzo
y ahora se escupe en forma de truenos.

Hay barro en las calles
y niños jugando en él,
como si no supieran
que el lodo también guarda lágrimas.

Los adultos caminan más rápido,
con el paraguas roto y los hombros mojados.
No es por la lluvia.
Es porque mayo cala,
no por fuera,
por dentro.

Cada hoja que cae en mayo
es una carta que nunca se envió,
un adiós que se quedó sin voz,
una decisión que pesó más que la culpa.

Mayo no viene a consolar,
viene a enseñar.
Y no todos quieren aprender.

Pero ahí está,
mojando la tierra,
oxigenando el dolor,
recordándonos que florecer
a veces es solo sobrevivir.

5/12

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Abril
Escribología

Abril – 4/12

Abril no pide permiso.
No toca la puerta, no avisa.
Se cuela por las rendijas del techo
y aparece un día sin previo aviso
con su aliento de agua
y sus ganas de removerlo todo.

No es un mes, es una grieta.
Una pausa entre lo que fue
y lo que aún no se atreve a comenzar.
Llueve afuera, llueve adentro,
y uno ya no sabe si es tristeza,
costumbre o limpieza.

Abril te confronta con lo que dejaste a medias:
conversaciones sin cerrar,
cicatrices mal pegadas,
la ropa guardada con la ilusión de un futuro
que nunca terminó de llegar.

Los árboles no preguntan,
ellos simplemente revientan en hojas nuevas.
Pero a nosotros nos cuesta más.
Nos da miedo volver a florecer
porque sabemos lo que duele caer.

Y sin embargo,
algo dentro sigue intentando,
sigue creyendo en la locura de volver a empezar.
Porque abril, con toda su lluvia sucia,
con todo su barro en las esquinas,
trae la promesa más honesta:
la de crecer, incluso cuando nadie te aplaude.

4/12

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Marzo
Escribología

Marzo – 3/12

Marzo no es un mes,
es una herida abierta con forma de calendario.
Es el eco de un grito que no cesa,
la sombra de pasos que nunca regresaron.

Comienza tibio,
con cielos que no saben si llorar o florecer,
como si el clima supiera
que hay demasiadas cosas ardiendo por dentro.

Marzo lleva faldas con historia,
lleva pancartas que tiemblan en manos pequeñas
y miradas que aprendieron a no bajar la vista.

Es el mes de las ausentes,
las que el sistema no nombró,
las que el noticiero omitió,
las que la justicia archivó en papeles llenos de polvo.

Marzo tiene nombre de mujer
y apellido de fuego.
Se levanta temprano
y no pide permiso.
Camina con otras,
con todas,
con las que fueron,
con las que están,
con las que vendrán.

Es una madre que aún espera,
una niña que ya entendió el miedo,
una abuela que no se cansa,
una hermana que no calla.

En marzo se encienden las calles,
se llenan de color, de rabia, de canto,
de nombres escritos en los muros
porque el aire no alcanza para recordarlas a todas.

No es un desfile,
es un duelo colectivo,
una marcha que exige que la vida valga más
que el silencio,
que la costumbre,
que el machismo vestido de ley.

Y aún así,
marzo no solo llora.
Marzo siembra.
Siembra redes,
palabras,
alianzas.
Siembra amor del que cuida,
del que no exige obediencia,
del que no invade,
del que cura.

Porque aunque nos duela,
aunque estemos rotas,
aunque el miedo se nos meta en los huesos,
marzo también es un acto de fe.

Fe en que el mundo puede ser distinto,
en que la ternura puede ser política,
en que resistir también es una forma de amar.

Así que no, marzo no pasa desapercibido.
Porque mientras siga habiendo injusticia,
seguirá habiendo mujeres que ardan,
que griten,
que sueñen,
que luchan,
y que caminen juntas
hasta que ser mujer no sea un peligro
sino una celebración.

3/12

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Queremos justicia
Escribología

No queremos flores, queremos justicia

Hoy no me felicites.
No me traigas flores cortadas,
no me hables de lo hermosas que somos
cuando nos entierran
con la boca llena de tierra y gritos.

Hoy no quiero discursos vacíos
ni promesas de cartón reciclado.
No me hables de igualdad
con la lengua untada en privilegio
mientras me pagan menos
y me escuchan nunca.

Soy la que estudió,
la que se esforzó,
la que hizo todo «bien»
y aun así camina con las llaves entre los dedos,
con la espalda en alerta,
con la boca cerrada en juntas de trabajo
donde mi opinión pesa menos
que el ego de un hombre en corbata.

Soy la que aprendió a callar,
la que aprendió a sonreír en la entrevista,
a no ser «tan intensa»,
a maquillarse lo justo,
a vestirse «apropiado»,
porque una falda puede ser sentencia
y un no puede ser un chiste.

Soy la que dijeron que no tenía de qué quejarse
porque «podría estar peor»,
como si la violencia tuviera que ser brutal
para ser real,
como si mi miedo no contara
porque aún respiro.

Hoy marcho por las que no están,
por las que callan,
por las que no pueden,
por las que les robaron la voz y el cuerpo
en nombre del orden, del amor, del poder.

Hoy no me felicites.
Hoy no me llames exagerada.
Hoy, escúchame.

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Febrero
Escribología

Febrero – 2/12

Febrero no pide permiso,
entra como un recuerdo sin cerrar.
Tiene el tamaño exacto del duelo
y la urgencia de quien sabe que no durará.

Es un suspiro en el calendario,
pero ruge como incendio.
Trae el amor en oferta
y las heridas sin descuento.

Aquí el tiempo se resume:
14 días para amar,
28 para dudar,
y un par más para fingir que todo va bien.

Febrero es cuando el año se vuelve espejo.
Nos muestra lo que quisimos ser en enero
y lo que no queremos arrastrar hasta marzo.

Hay revoluciones que nacen en febrero.
Hay silencios que gritan más fuerte.
Es el mes donde las mujeres se organizan
y los gobiernos tiemblan.

Febrero es la llama que no espera,
la historia que no cabe en la agenda,
el relámpago que ilumina antes del aguacero.

2/12

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Enero
Escribología

Enero – 1/12

Enero no irrumpe.
Llega despacio,
como quien camina descalzo
sobre los restos de una fiesta.

Trae el silencio que sigue al ruido,
el eco de lo que fuimos
y la pregunta inevitable:
¿quién seremos ahora?

Hay algo en su luz distinta,
una claridad que no abriga,
pero invita.
A mirar con honestidad,
a ordenar lo que duele,
a elegir con calma.

Enero no es promesa,
es posibilidad.
Una página sin ruido,
no por vacía,
sino por abierta.

Nos enfrenta a la urgencia de vivir sin prisa,
a entender que no todo debe empezar de golpe.
Que sembrar también es esperar.

Es un tiempo de raíces,
no de fuegos artificiales.
De silencios fértiles,
de comienzos sin espectáculo.

Y así, sin apuro,
Enero se vuelve un espacio
donde el alma se escucha.

No para resolverlo todo,
sino para recordar
que el verdadero inicio
sucede dentro.

1/12

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Escribología

Pausa y reinicio

La muerte no es final,
es reinicio, otro nivel,
una pausa larga, un respiro,
como soltar el aire y dejarse ir.

No es vacío,
es como cerrar los ojos al ruido,
darle espacio a lo que viene,
a lo que somos sin el peso del cuerpo.

La muerte no te roba nada,
te devuelve,
como si cada parte tuya,
cada recuerdo,
se volviera semilla en el viento,
esencia que se queda en el aire.

A todos nos toca,
pero no es castigo,
es descanso de ser,
de buscar, de correr,
y de pronto, solo fluir.

Es una ruta,
el camino de vuelta a casa,
sin prisas, sin drama,
dejar lo terrenal,
ser parte del pulso eterno.

Y al final,
somos todos chispas de algo más grande,
la muerte nos abre, nos expande,
somos nota en una melodía infinita,
y al cerrar los ojos,
renacemos en el eco de todo lo vivido.

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