Él conoció a una mujer que no quería amor, sino compañía.
No amistad, sino apego.
Tanto le habían enfriado el corazón que buscaba desesperadamente abrigo humano.
Fogatas candentes para calentar el corazón.
Él pensó que era amor y así la aceptó.
No hay tragedia-milagro más grande que aceptar los defectos del otro «por amor».
Sin embargo, la compañía no fue suficiente para él, ni el apego para ella.
Sin darse cuenta, ambos iban por caminos diferentes,
tratando de moldear al otro a su conveniencia.
El relato es triste como habrán notado.
Porque un corazón solitario mató a uno enamorado.
Envueltos en tantas palabras olvidaron lo más importante,
las acciones.
Corazones mentirosos,
soberbios de fantasías,
vacíos de aciertos.
Eso sí, ambos construyeron un mundo oculto, en el cual se podían refugiar.
La historia es muy corta de tiempo
y larga en olvido
difícil relatarla.
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