No sé exactamente en qué momento empecé a acostumbrarme a ti.
Tal vez fue entre tantos mensajes, entre la manera en que comenzaste a llamarme “mi amor” y esa forma tan tuya de decir que soy tu mujer. Quizá, sin darme cuenta, fui haciendo un pequeño espacio para ti en mis días.
Y ahora no necesito que me escribas a cada instante, ni quiero sentir que tu vida tiene que girar alrededor de mí. Pero sí extraño tu presencia cuando no estás. Me descubro esperando un mensaje tuyo, una palabra, esa manera de tratarme que poco a poco se volvió familiar.
Y eso me asusta.
Porque no sé si para ti esas palabras tienen el mismo peso que empiezan a tener para mí.
No sé si cuando dices que soy tu mujer estás imaginando un lugar para mí en tu vida o simplemente estás disfrutando del momento. No sé si estás acercándote porque realmente quieres conocer mi corazón o si algún día, después de obtener lo que deseas, simplemente vas a marcharte.
Quizá ese sea mi verdadero miedo: no que te vayas, sino acostumbrarme demasiado a ti antes de descubrir que nunca pensabas quedarte.
Porque puedo aceptar que alguien no quiera permanecer en mi vida. Lo que me dolería sería haber creído en palabras que para mí significaban mucho y para ti solamente eran bonitas mientras duraba el momento.
Por eso no necesito promesas enormes.
Necesito coherencia.
Que si me llamas “mi amor”, haya cariño detrás de esas palabras. Que si dices que soy tu mujer, no sea solamente cuando estamos cerca, cuando nos besamos o cuando me deseas. Quiero sentir que también me eliges en los días comunes, en las conversaciones simples, en los momentos donde no hay nada que obtener de mí excepto mi compañía.
Porque quizá, sin querer admitirlo demasiado, ya estoy empezando a sentir algo por ti. Y no me asusta quererte. Me asusta que me enseñes a sentirme importante para ti y que un día tenga que aprender a vivir como si nunca lo hubiera sido.
Me asusta acostumbrarme a encontrarte en mis días y después tener que acostumbrarme a tu ausencia. Extrañar mensajes que antes llegaban solos, palabras que alguna vez me hicieron sentir especial y una versión de ti que quizá solo existió mientras intentabas conquistarme.
– No quiero convertirme en un momento bonito que después puedas olvidar.
Porque mientras tú podrías simplemente seguir adelante, yo tendría que recoger todas esas pequeñas cosas que dejaste en mí: tus palabras, tus mensajes, la forma en que me llamabas “mi amor”, cada vez que dijiste que era tu mujer… y preguntarme cuánto de todo aquello fue verdad.
Así que, si vas a entrar en mi vida, entra con sinceridad.
No me hagas sentir elegida si solamente piensas tenerme por un momento.
No me enseñes cómo se siente tenerte cerca si tu intención siempre fue marcharte.
Porque quizá lo que más miedo me da no es perderte… es descubrir, cuando ya te haya entregado una parte de mi corazón, que mientras yo estaba empezando a verte como alguien con quien quería quedarme, tú solamente estabas buscando en mí un lugar donde quedarte por un rato.
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