Querida Afrodita:
Gracias por llegar a mi vida y ser un brillo en el atardecer.
Gracias por cambiar el significado de una historia que se niega a finalizar.
Ares.
Querida Afrodita:
Gracias por llegar a mi vida y ser un brillo en el atardecer.
Gracias por cambiar el significado de una historia que se niega a finalizar.
Ares.
Ven, solo un momento
quédate ahí
déjame pensar que nada a cambiado
que sigues siendo ese hombre que me ama
que adora tenerme entre sus brazos
y que en medio de mi caos, encontró el paraíso
deja que me crea esa mentira
que crea que aún hay mucho tiempo por delante
para vivirnos
que aún nos quedan ganas
que aún podremos darnos todos esos besos
que hemos dejado para luego
que el calor aún te quema cuando me ves
déjame creer que estando lejos de mi
me llevas en la piel
que las palmas de tus manos, preguntan por mí
que tus labios me extrañan
y que tu corazón aún late al compás de mis pisadas
dime que sí, que es cierto,
que aún arde el fuego,
que no todo son cenizas
que aún la luna alumbra tus sueños conmigo
ven, solo un momento,
deja que me crea esta mentira
detrás de una muesca desde los adentros empuja,
un destello da descanso y continúa…mortifica…
apegada a la lluvia que intensifica,
testaruda vuelve y atrofia cual estrategia ilusa
…
la esperanza…petrificada se ofusca
pero…¿Qué no es menester humano que la busca?
ataviada en sus tareas existenciales
mientras agresiva punza el signo de vida
…
pero cuando en ausencia más pura,
no hay inquietudes que se luzcan,
el absurdo concepto de sentirse palpable
se esboza fuera de los intrincados laberintos al frente
…
entonces no duele la precariedad, el pasado o el futuro
entonces somos entes flotantes casi divinos
embadurnados en la gloria y aún así condenados
inconscientes, sabios, vivos e ilusos
…
entonces duele, y petrifica…
y masticamos con voluntad prolífica
la mismísima fuente de miseria
y queremos conocerla profundamente
…
enredarnos en sus cabellos gruesos y complejos
es sabio, es triste, de repente enriquecedor y también adictivo
es lucha intensa, meter los dedos y vomitar la negra hiel
¿cómo olvidar que existes en estas coordenadas y en la hora que dice el reloj?
…
entonces hay un destello de luz
¿Cuánto tiempo me distraerá esta vez?
soy parte del juego otra vez
soy infinito, iluso y precioso…
Carta de cuarentena #9
(Esta carta de la dedico a vos, cumpleañero no cumpleañero).
No recuerdo cuando empecé con esta tradición de felicitarte un mes antes de tu cumpleaños. Tengo presente que el primer año fue por error. Talvez estaba muy nerviosa de hacerlo que perdí la noción del tiempo. Quería ser la primera en saludarte, desearte todo lo lindo y que pasarás un día lleno de abrazos. Lo hice, pero con 31 días de antelación.
Me respondiste muy amable, dijiste que me agradecías pero que era en diciembre. Solo pude llorar de la risa y ver cómo nacía una fecha especial entre los dos.
Desde ese momento, todos los años te escribo el 11 de noviembre, asegurándome de ser la primera persona que celebra tu vida. Parece tonto, pero realmente lo disfruto.
Hace tres años lo olvidé y me escribiste sorprendido del por qué no llegué puntual a nuestro encuentro. Lo enmendé tres días después, pero se quedó un vacío en el calendario del 2017.
Las distracciones de ese tiempo ya se fueron y no van a volver, así que hoy sumamos otro año más en celebrarte un mes antes, y es que quizá, eso hace que el atardecer de cada 11 de noviembre se llene de colores más vivos.
Aquí te dejo mis felicitaciones y gracias por seguir viniendo puntual a este falso cumpleaños que significa tanto. Que los momentos duros que has pasado este año no apaguen tus ganas de salir a comerte el mundo, que las personas que no están a tu lado fisicamente las sientas en cada paso que das y que no olvides que siempre estaré esperando pacientemente a que vengas a contarme tus aventuras.
-Amarela-
Tengo miedo de decirte adiós.
Que por fin tomes la decisión de alejarte de mi lado.
Con tus recuerdos en mi cabeza indecisa y un remolino de emociones que desequilibran el palpitar de mi corazón.
Quedarme con este sabor a café amargo en los labios, sabiendo que lo he dejado hace ya algunos años.
Tengo miedo de seguir sin ti,
de extrañarte en la ausencia de tus brazos.
De llorarte esos ojos caramelo.
De soñar con tu voz.
Tengo miedo de olvidarme de cada verso y minuto a tu lado.
Tengo miedo de dejarme ir también.
De tomar un rumbo diferente y de saber que estaremos bien.
Tengo miedo de que olvides y me dejes en un baúl lleno de polvo.
Que me encierres con todos los planes que hicimos juntos…
Y que los hagas con alguien más.
Temo que pasen los años y te encuentre por la ciudad sin saber cómo saludarte.
Temo mucho que este sea un adiós definitivo y me quede con la duda de lo que habrá sido de ti.
Este vínculo afectivo me deja con tantos sinsabores, con tantas dudas del hubiera y pienso en qué nos faltó para cumplir los sueños de esos jóvenes que se deseaban la vida… Pero acabaron en una mirada fría, media vuelta y avanzar.
Él era mi Diablo Guardián, no por ocultismo sino por mañoso y astuto como yo.
Me enchispaba esa manera suya y peculiar de inducirme al pecado, de llevarme al paraíso ida y vuelta con sus palabras.
Él, me hacía sentir protegida y tan querida que no podía pedirle más a la vida.
Más que desearnos, nos queríamos y eso era como amarnos en silencio desde la esquina de cada quien, siempre ajenos.
Aún soñando e imaginando una vida juntos, esa que jamás sucedería, pero que era una ilusión que nos hacía sentir vivos a los dos, de esos amores inmaduros de colegio.
Pero a diferencia de esas fugaces ilusiones, lo de nosotros tenía bien puestos los pies sobre la tierra y sabíamos dónde estábamos, en qué y a qué nos arriesgábamos.
Pero no, no nos importaba asumir los riesgos con tal de seguir en esa complicidad, solo queríamos vivir el momento: «Nuestro momento».
V
Cuentan que un día se levantó y comenzó a caminar, atravesando paredes, árboles, ríos, mares, montañas y todo lo que aparecía en su camino.
Dicen que simplemente se desplazaba en línea recta con desesperación, como intentando llegar a un lugar inexistente, que se hacía material en sueños distantes y fríos.
Caminaba con tal aflicción que no se percató del momento en el que sus pies soltaron la tierra que con resignación soportaba las pisadas violentas.
Se desplazaba con tal fijación, que aunque el fuego del infierno le comenzaba a llegar a la barbilla, él no lo sentía, y seguía caminando para llegar a ningún lugar, dibujando con sus pasos una línea perfectamente recta, que parecía inocente y macabra como un pensamiento…
PL
A veces me cuesta mirarte a los ojos,
¿lo has notado?
a veces, cuando algo duele un poquito
y no quiero que veas
como se rompe algo dentro de mí
y me alegra que te vayas
que me des la espalda
porque es entonces cuando dejo
que el frío me abrace
y la soledad me consuele
en esos momentos
en que no me permites acercarme
y tocarte
y las palabras de amor mueren en mi boca
y mi pluma tampoco logra escribirlas
y vuelvo a sentirme insegura
y quisiera no tenerte en mi vida
no quererte,
no desearte,
no esperarte,
solo quisiera, que dejaras de existir un segundo
ese en el que me rompo y me siento frágil
ese instante en que no quiero que veas
todo el daño que haces…
Extravié la pluma y dejé volar el papel
pero te escribí una y mil cartas.
En los días pares pedía serenidad,
aunque las manos me temblaran.
En los días impares te quería de vuelta
aunque eso desequilibrara.
El día 15 lloraba frente al espejo,
pero el 16 me renovaba con la luna.
Los domingos escribía media carta deprimida
y luego lo hacía como un rayo de luz.
Te escribí una y mil cartas,
pero extravié la pluma y dejé volar el papel.
28/09/20
Amarse es acurrucarse, y cuando no se está acurrucado, es desear acurrucarse.