Escribología

Inefable realidad.

Caminando por La vereda de la vida,
Dejándome llevar por el aire,
Acercándome a la salida,
Tratando que la mente se calle.
Me acerco a una entrada,
De una tumba que simula una casa dorada,
Nada encuentro,
Solo espectros del viento.
Que simulan pensar,
Pero no pueden siquiera jugar,
Se creen importantes,
En este mundo de almas errantes.
Pero a lo lejos observo una casa real,
Habitada por una rosa sin igual,
Cuidada por una reina,
Muy tierna.
Entonces emprendo el vuelo mientras sonrío,
Me dirijo a esa casa decorada por un río,
Mientras, voy olvidando,
La vida real, el cementerio que estoy abandonando 3 Punto
PL

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Prestando mis manos

Las letras me encontraron. Por muchos años caminamos de la mano en silencio; lloramos, reímos, despedimos, abrazamos, y callamos.

De vez en cuando, se acostaban en mi hombro derecho y al oído susurraban el anhelo que teníamos que otros corazones nos leyeran; pero el miedo me ganaba, no me dejaba hacer nada.

Las letras cansadas de susurrar, levantaron la voz, pellizcaban y me atreví a enseñárselas a otros ojos.

Por primera vez, alguien más leía lo que guardamos bajo llave, esas palabras que creamos con el paso del tiempo y que a cada instante gritaban por ser liberadas.

Así que, luego de batallar unas horas contra el temor, decidimos dejarlas volar para que sean leídas en silencio o en voz alta, en solitario o en compañía.

Ellas me encontraron, me sanaron y ahora les presto mis manos para que sean libres y digan lo que quieran contar.

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Luna

Casi todas las tardes veía a ese anciano sentarse en la terraza del edificio y observar el cielo, me resultaba intrigante su comportamiento, mientras el resto de internos se la pasaban fingiendo ser artistas, divagando, temerosos y queriendo ser atendidos, esta persona subía a la azotea y miraba el cielo como si de eso dependiera su vida.
Uno de esos tantos días en los que quería conocer su historia decidí seguirlo y preguntarle.

-¿Acaso ve usted algo allí que el resto no pueda?- pregunté con ironía.

El paciente viéndome sonrió y dirigió de nuevo la mirada al cielo.

-Así es- respondió – si usted viajara a otro continente y regresara a este, vería al horizonte con la certeza de que hay algo más allá del agua, ¿no es cierto?- preguntó.

-Si claro- respondí sin entender muy bien.

-Cada quien puede ver lo que uno ya conoce, dándole un significado distinto, aunque por cierto tiempo se pierda el recuerdo y el sentimiento por tal cosa-

-¿Qué es lo que ve?- pregunté, el cielo se había cubierto de nubes, esta vez el anciano me miraba.

-Hace unos años mis compañeros y yo fuimos los primeros en pisar la luna, en mis momentos de lucidez vengo aquí a recordarlos, porque ellos se han marchado ya- contestó.

Aquellas palabras de cierto modo me habían conmovido, alcé la vista al cielo, poco a poco las nubes iban descubriendo la parte a la que el anciano veía, algo brillante ya se lograba ver, la nube se alejó completamente, allí algo hizo clic en mi mente, varios recuerdos comenzaron a venir a mí, en ellos habían dos personas más, una mujer y una pequeña niña, en el último recuerdo estábamos los tres viendo la luna, se veía tan hermosa como la veía en ese instante.

-Algún día nos iremos a vivir los tres a la luna- fue lo último que le había dicho a mi hija.
Baje corriendo a alistar mis cosas, me dirigí con la enfermera y le dije que estaba listo para irme, hace dos años me interné a este lugar, luego de un accidente había olvidado todo, había olvidado a mi familia, la promesa que le había hecho a mi hija y aquella hermosa luna fue lo que me devolvio cada recuerdo.

Regrese a Guatemala donde había vivido hasta hace dos años, volví con mi familia, cada vez que puedo regreso junto con ellas a visitar al señor que viajó a la luna.

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A veces

A veces se me da por contar lunares
Y dejar pasar los minutos

A veces me da por llorar
Cual cronocopio
Que por las ganas de llorar
Siempre llora un poco más

A veces me da por sentirme desdichada y vacía
Triste y llena de melancolía
Me da por desear el calor de unos brazos

A veces me dan ganas de perderme y no encontrarme
Ganas de huir y correr
Y gritar y callar

A veces dan ganas de escribir poemas robados a musas que ya murieron
Y dedicarle versos al insomnio
O quemar mi garganta con una Copa de whisky
Y fumarme las penas

Y me da por sentirme humana y creerme con derecho a sufrir
De caerme y no quererme levantar

Y me da por sentir frío, cómo si pudiera darme ese lujo
Y me da por buscar una luna detrás de un monton de nubes grises

Y se me pierde la risa
Y las ganas
Y el tiempo
Y las lágrimas
Y la melancolía
Y no me queda nada

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Soledad

Era ese insesante ruido
Como del agua que fluye
Era ira y un poco de ternura
Como aquella brisa que refresca

Esa llama que nunca llega a ser pero es
Era cariño y algunas veces solo deseo
Pura e indefinible
Callada y a veces ruin
Pero siempre sincera

Confiable, tranquila
Serena como mar en calma
Como una oración a destiempo
Y con desgana
Una lágrima guardada por si acaso vale la pena llorar

Un beso sin efectos secundarios
Sin retorno y sin malicia
Recatados despojos de algo que solía ser humano
A veces sin sentimientos, a veces sin razón

Sin eufenismos
Sin vergüenza pero con sed y un poco de amor
Indiferente
Silenciosa
Simple
Hermosa

Siempre a tiempo
Siempre dispuesta
Siempre con ganas
Lujuriosa y paciente
Amante
compañera
Dulce
Eterna

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La «Etiqueta»

Sus manos sobre mi espalda…

uffff ella era buena masajista,

claro a mí me encantaba besarle,

cuello, espalda, caderas,

toda ella era mi deliro y yo… su desahogo.

Por impulso pregunte

o quizás solo salieron de mis labios las palabras,

¿Sabes qué hay entre tú y yo?

Ella no vaciló en contestar…

¿Qué sí sé que hay entre tú y yo?

Pues lo que hay es un amor a colores,

divago un momento (…) y continuo,

a veces es azul como el mar, así turbulento y tranquilo, pero a veces es tan intenso como el rojo, lleno de pasión, tiene sus tonos negros, quien no los tiene, puede ser un arcoíris de vez en cuando tenemos nuestros colores…

Pregunte entonces ¿Qué somos?

Ella se dio la vuelta, vi el tatuaje de su espalda,

Y yo volví a perderme en su cuerpo…

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Voz interior

Una voz en el interior
sagazmente aparece
en el momento menos indicado
se acerca a la parte sensible
del oído
intenta convencer
de las reglas que ha escuchado siempre.
Arrastra devociones,
es este país todo se ha vuelto
una religión
los seres humanos necesitan creer
creen en lo que ven
creen en lo que escuchan
creen en lo que abstraen
creen en lo que creen
hasta creer en lo que es imposible creer.

Esa misma voz intenta disuadir
como lo hizo desde el momento
de la concepción
-una que parece otro intento fallido
de los libros que todxs leen-
la gente se debate entre si existe o no
se deja llevar por las mismas cosas
sencillas que es mejor no nombrar
pero que seguro usted conoce,
comparte o debate
gusta o disgusta
pero que obviamente lo disuade
para salir a las calles.

Una voz politiquera
anda repartiendo miedos
intenta convencer
sobre verdades superfluas
que solo se cuentan en
una Corte con banalidades
corrompida con el siempre
buenos, respetuoso y exitoso
señor moneyman.
Crecido o acrecentado,
teñido
de sexo, hambre,
sangre o color de piel
y demás necesidades mercadeadas
que esta sociedad ahora pretende.

Varias voces
que intentan con pleitesía
inclinar a espíritus jóvenes
de que la vida transcurre
como si nada pasara
que este no es caos marca Acme,
— hasta que crecés
y comprendés que la verdad de los hechos
discurre y transcurre
como oleadas impertinentes
sin chiviricuarta
con calzoncillos abajo
y en seco para sufrir
las decadencias
de una civilización
que convierte
lo complejo en complicado
y que con ojos de borreguito
sorprende como menos imagina
y todo en una escupida temporal.

Esta voz interior
que repite todo lo que
que pretende una cultura
que exhibe
grandes rezagos
permeados
con austeros argumentos
que fácilmente
se integran a la problemática
que engaña
con la misma sencillez
con la que se muere de hambre.

Esta voz
dicta que los hechos de la vida
son circunstancias continuas
que le atinan
al advenimiento
de la afirmación o negación
previamente
adquirida por los
motivos y razones
acatadas ante dicho suceso.

A esta voz
solo le falta entender
si se decide escribir,
si se escribió o se está escribiendo.

Una contundente consecución,
que intermitentemente
se acompaña, es decir:
entre voz y silencio.

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El primero

No habías sido el primero en casi nada en mi vida, pero te juro que fuiste el primer amor por el que llore profundamente.

Esta no era una sensación de corazón roto, como todos decían, esta era la del alma quebrada, la vista ciega y los oídos sordos.

Sé que constantemente me mentía para hacerte la víctima y justificar cada una de tus acciones frente a los demás, y aunque me costó, logré reconocer que no era así.

Hoy admito que te quise y que lo sigo haciendo, pero por primera vez desde que creí conocerte, estoy segura que me respeto y me cultivo en abundancia como para liberarme de ti.

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La hoja

Dejame sentir,
aunque sea un momento,
que esto no existió,
que soy una hoja en blanco
donde todos quieren escribir.

Estoy cansada
de que alguien traiga un lapicero nuevo
y ni siquiera lo quiera destapar,
mis hojas están llenas de corrector.

¿Habrá alguien que me arranque esta hoja?

Arrancame la hoja,
que quede una en blanco
y escribime algo nuevo,
algo que no sepa,
letras que nunca hayan escrito
no usés lápiz, no quiero que borrés
usá lapicero y tachá, hacé garabatos.

-Ragek

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