Probablemente él no entienda lo que causa en mí, creo que eso está permitido, cuando ni siquiera yo sé qué es lo que pasa conmigo, siendo él mi Sol pues, lo amo como se aman las almas que se encuentran entre sí y no quieren soltarse.
Ver en sus ojos un amanecer, atardecer o anochecer es una virtud o privilegio, es una dicha.
No encuentro la forma de decirle que no suelte mi mano y que me acompañe en este viaje para que de pronto el camino se vuelva eterno. No sé cómo explicar que quiero que nos entornemos en un “siempre” y en un “jamás”; un “siempre” que perdure toda la vida y un “jamás” que se cumpla, no me permito pensarme sin él o imaginar los días fuera de sus brazos.
Estoy segura de que él me cree o imagina tan independiente como no pudiera serlo.
Me encuentro entre sus labios y veo que no quiero otros, me vuelvo a encontrar en sus manos y confirmo mi dicha de ser táctil para él.
Perderme con él, sería en este momento lo esencial. Seguramente si nos perdemos juntos indefinidamente, no me costaría encontrarme a mí misma, me encontraría… y me encontraría feliz.
Hay algo extraordinario en su mirada y no tanto por su acción en sí misma sino por mi reacción inmediata.
Entre “Las Mil y Una Noches”, un “Don Quijote De La Mancha” o incluso “Rayuela”; elijo mil veces y otras mil, al mejor protagonista de mis historias y momentos, al impulso de mi andar, a mi pensamiento de nunca acabar, al incomparable compañero de mi hermosa eternidad… una eternidad en la que lo quiero a él y nada más.
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¡Genial!
Escuchar y leer ésta clase de palabras es un tanto perfecto para saber que existe inspiración.
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