Febrero no pide permiso,
entra como un recuerdo sin cerrar.
Tiene el tamaño exacto del duelo
y la urgencia de quien sabe que no durará.
Es un suspiro en el calendario,
pero ruge como incendio.
Trae el amor en oferta
y las heridas sin descuento.
Aquí el tiempo se resume:
14 días para amar,
28 para dudar,
y un par más para fingir que todo va bien.
Febrero es cuando el año se vuelve espejo.
Nos muestra lo que quisimos ser en enero
y lo que no queremos arrastrar hasta marzo.
Hay revoluciones que nacen en febrero.
Hay silencios que gritan más fuerte.
Es el mes donde las mujeres se organizan
y los gobiernos tiemblan.
Febrero es la llama que no espera,
la historia que no cabe en la agenda,
el relámpago que ilumina antes del aguacero.
2/12