Rocas milenarias
bajo una lluvia de minerales pesados
se arrastran sollozando,
se arrastran arrastrando.
a vuelta de rueda chueca
en avenida rocosa con aire siniestro
una ceiba espesa abarrotada de nidos
que cansados bajan en lianas hasta el suelo
bajo el peso de cientos de años
apretada al suelo con raices
que en complicados girones abruptos
de su corpulencia se rigen
apocan a las quebradizas ramas,
deseosas del cielo se quedan y de la brisa
nada saben las ramas y sus hojitas de los horrores del suelo,
de las realidades con dureza,
solo los ecos distorsionados que emita
provenientes de sus cimientos
y expandidos a altura infinita