Escribología

200121 15:09

Hoy les escribo desde lo profundo de mi ser, sin rostro, ni identidad, con las esperanzas vacías y con el peso de la frustración. No sé si alguna vez alguien se ha identificado con estos sentimientos pero me pesaría afirmar que estoy en un cuadro de depresión que no sé hasta cuándo seguirá.

Estoy en el momento de mi vida en el que a pesar de «no faltarme, aparentemente nada» siento una frustración inmensa, la cual se acompaña con un sentimiento hostil de sentirme una persona miserable. Lo peor es que nadie lo entiende, a pesar que recibo atención psicológica siento que no puedo abrirme al 100% y desahogar todo eso que cargo encima.

Me pesa y me duele el alma, sentirme tan amarrad@ en un espacio y lugar donde se me desgasta la vida, la paciencia, el temperamento, las ganas. Vine a un sitio donde creí que todo era perfecto, pero me olvidé de lo mierdas que pueden llegar a ser las personas, esas que solo se han llevado un pedazo de mí dejándome sin nada positivo qué aportar.

Mi creatividad se ha visto vulnerada últimamente, me golpea lo inútil que puede llegar a parecer el hecho que me sienta incómod@ y no poder gritarlo a los 4 vientos. Sentir esa presión de la familia porque no tienes derecho a quejarte.

Vaya que sí lo estamos pasando mal…

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Lo sabía

Creo que tuve el valor un tanto tímido de preguntar de cuándo podría volver buscarte porque en el fondo, algo en mi interior gritaba que ya esa sería la última vez que te vería.

Lo pregunté con ingenuidad y rogando que la certeza que presionaba mis costillas no fuera real; quizá solo quise creer que tus palabras no formularían mentiras.

Lo hice porque en el fondo supe que te costaría ver el quebranto de mi corazón reflejado en mi rostro y no mentirías, pero, aunque te costó, lo hiciste.

Sé que fue para que no doliera tanto, pero te confieso que esa mentira es la responsable de que aún siga doliendo cada que la recuerdo.

Ojalá tomados de manos y viéndonos a los ojos hubiésemos establecido el plazo de nuestra distancia, así podría sobrellevar mejor los días, los meses, los años que no te he visto porque sabría que cada vez faltaría menos para volver a vernos.

Lo sabía, lo sabía.
Sabía que mentías

Lo sabía, lo sabías

no volverías.

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Otra Navidad

De nuevo diciembre. Otra Navidad que llega con todos los recuerdos; con los días que pasamos juntos. Cada año con nuevos detalles y al mismo tiempo va borrando otros. Esta vez, no pude recordar algunas frases. No supe qué pasó luego de que sostuvimos la mirada. Recuerdo el beso en el hombro izquierdo, ese no se ha ido. Es más, volvió a dejar la suavidad de tus labios en mi piel, pero ya no están tus palabras. Creo que esas memorias están llegando a su fecha de caducidad.

No olvidé la ropa que usaste, el papel en el que envolví tus regalos, los calcetines con los que recibiste las 12:00, un poema que escribiste y sentí tan mío, ni la foto que te envíe. Puse a prueba a mi mente, y esas pequeñas partes siguen intactas, pero al volver a tus palabras, tu rostro, tu cariño, solo encontré un gran vacío. El tiempo te empezó a borrar. 

Me da miedo revisar de nuevo y pensar que no fue real. Me pregunto si el próximo diciembre habrá algo que revivir. No lo sé. Lo cierto es que me sigue siendo imposible no pensarte cuando se acerca la Noche Buena, los días previos y los días que le siguen. Aún me arde el no poder desearte paz, amor y un abrazo que te renueve, como lo hicimos años atrás. 

No dudo que fue así, que recibiste el 25 con los brazos que escogiste, con las personas que más amas y que te acompañaron en este año tan raro, confuso pero revelador. Estoy segura que no faltó el puré de calabaza que un día me describiste tan bien, que no he podido dejar de saborearlo, aunque nunca lo haya probado. Sé que hubo tristeza por las sillas vacías, por las ausencias no pedidas, pero también sé que te rodeaste de los que importan. 

Aunque hoy no es Navidad, no quise dejar de pasar y decirte que allí estaba yo, despidiendo el 24 y deseando que estuvieras feliz, que el pasado no se asomara esa noche ni las siguientes, y que no existiera más el rencor sino que lo hayas sustituido por el perdón. Quise que tuvieras un momento de tranquilad y gratitud. 

Ojalá haya sido así porque tú te lo mereces. 

Ojalá el valor que hoy me falta, a ti te sobre y un día pases a saludar. 

Feliz Navidad, viejo amigo.

Biffy.

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Lo que nos hemos enseñado

Me hiciste soñar, creer y crecer, me obligaste y después me enseñaste.

Me enseñaste que lo negro también es luz y que en el fondo la esperanza es sobresaliente; que aún con los ojos llorosos el corazón puede ser valiente, rudo y capaz.

Te mostré como se sobrevive a las adversidades, que un encierro no es capaz de detenernos y que las enfermedades, aunque nos quiebran, nos hacen más unidos, y luego fuertes.

Nos explicamos qué es lidiar con tantos sentimientos, qué se extrañar a los que más lejos están, pero también a los vecinos, a la señora que toma el bus todos los días en la Petapa y al que vende jugos frente al trabajo.

Y logramos salir triunfantes, con el alma un poco rota, pero con la fuerza de reponerse cada día, viendo hacia atrás como un aprendizaje y hacia delante con añoranza.

Querido 2020, me hiciste pedazos y te hice el más odiado, pero nos enseñamos que toda la mierda del mundo no es suficiente para que el mal olor se nos impregne.

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Sentido.

Tengo ganas de ser como los otros, pensar como ellos, decir lo que dicen, actuar como ellos actúan.

Tengo ganas de ser igual, de no ser diferente, de no ser como soy. Pero no puedo, es impocible, es difícil.

Y lo intento a menudo pero no puedo, no los entiendo, no comprendo como cambiar, como ser diferente no encuentro sentido a nada.

PL

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Querida

No se como empezar con estas palabras para darte un impulso de esperanza en todo el caos que se avalancha sobre ti.

Quizá no tengo la menor idea si nuestros cuerpos serán capaces de nadar hacia la orilla para salvar nuestras vidas o si sería mejor gritar por auxilio para que alguien nos rescate de este océano que atenta con nuestras vidas.

Pero quiero que antes de nadar o gritar; dejemos las cargas tan pesadas que están sobre nuestros hombros, para aligerar nuestras almas.

El peso que llevamos es tan grande que quizá librarnos de él nos costaran algunas lágrimas.

Perdonemos…

Perdonemos las promesas rotas de papá, es con la persona con quien se supone debíamos estar seguras y poco a poco se ha convertido en la persona que más nos ha decepcionado.

Perdonemos los errores de las personas que nos rodean porque nos roban la paz, solo han producido que su peso no nos deje respirar.

Perdonemos a las personas que han cortado las alas de nuestros sueños, sé que soñábamos que fueran quienes nos impulsaran a volar.

Perdonemos la falta de compañía de las personas a quienes amábamos, entregamos nuestro corazón tantas veces que pedir auxilio nos cuesta por que sufrimos del síndrome de ausencia.

Perdonemos

Perdonemos

Perdonemos

Solo así quitaremos el peso que nos impide nadar hacia la orilla y gritar por auxilio.

Perdonemos porque es la única manera de quitar la dureza de nuestros corazones, porque es la salida para nuestra libertad y porque perdonar nos acerca a nuestro hogar. Lejos del océano de las preocupaciones cerca del cielo de las posibilidades, lejos del desierto de las aflicciones cerca de la eternidad de nuestras almas.

Querida, ¿qué te parece si perdonamos?

Att: Tu persona

PD: espero que nunca encontremos la plenitud en esta tierra o en las personas, porque este no es nuestro hogar.

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Verte feliz

La verdad no tengo ni idea de qué estás viviendo. No puedo ponerme en tus zapatos. ¿cómo hacerlo si ni siquiera sé si necesitas que lo haga? Tendemos a imaginar a la otra persona extrañándonos, sumido en la nostalgia de los tiempos pasados, pero siendo realistas, lo más seguro es que esté bien y que ya ni se recuerde de lo que ya fue. 

La verdad, he de decirlo, llegué, sin buscarlos, a algunos indicios de lo que estás viviendo. Te vi feliz con alguien a tu lado que te ama sin condición, que no duda en gritar que te ama y en abrazarte tan fuerte como si fuera la última vez que lo hiciera, sabiendo perfectamente que lo podrá hacer mañana y todos los días de los siguen 3 años, o quizá el resto de su vida.  Eso me hace muy feliz, en serio, soy feliz de verte feliz. 

Sé nota que te hace ser mejor y no dudo que sea así, pues te mereces eso y mucho más. Me alegra que ambos se complementen, que ella también te sienta sin barreras y que crezcan juntos. Que los años pasen pero no se sientan, que la seguridad de escogerse cada tarde sea genuina. 

Sonrío, lo hago naturalmente, porque ahora ya no quiero verte voltear al pasado, pues me encanta como se ven sus espaldas caminando hacia su futuro. 

La verdad es que veo lo que siempre quise para ti: un amor sincero que no tuviera miedo y que dejará salir el tuyo, ese que hace tanto tiempo vi asomarse a la superficie.

-Biffy-

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Nuestra celebración

Carta de cuarentena #9

(Esta carta de la dedico a vos, cumpleañero no cumpleañero).

No recuerdo cuando empecé con esta tradición de felicitarte un mes antes de tu cumpleaños. Tengo presente que el primer año fue por error. Talvez estaba muy nerviosa de hacerlo que perdí la noción del tiempo. Quería ser la primera en saludarte, desearte todo lo lindo y que pasarás un día lleno de abrazos. Lo hice, pero con 31 días de antelación. 

Me respondiste muy amable, dijiste que me agradecías pero que era en diciembre. Solo pude llorar de la risa y ver cómo nacía una fecha especial entre los dos. 

Desde ese momento, todos los años te escribo el 11 de noviembre, asegurándome de ser la primera persona que celebra tu vida. Parece tonto, pero realmente lo disfruto. 

Hace tres años lo olvidé y me escribiste sorprendido del por qué no llegué puntual a nuestro encuentro. Lo enmendé tres días después, pero se quedó un vacío en el calendario del 2017. 

Las distracciones de ese tiempo ya se fueron y no van a volver, así que hoy sumamos otro año más en celebrarte un mes antes, y es que quizá, eso hace que el atardecer de cada 11 de noviembre se llene de colores más vivos. 

Aquí te dejo mis felicitaciones y gracias por seguir viniendo puntual a este falso cumpleaños que significa tanto. Que los momentos duros que has pasado este año no apaguen tus ganas de salir a comerte el mundo, que las personas que no están a tu lado fisicamente las sientas en cada paso que das y que no olvides que siempre estaré esperando pacientemente a que vengas a contarme tus aventuras. 

-Amarela-

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