Escribología

Me perdí

En el camino por descubrir quién era y la significancia de mi vida, renuncié a mi esencia e inicie la decadencia.

Sabía todo lo que no quería ser, pero no tenía ni la menor idea de todo lo que podía ser.

Así que me perdí.

Me perdí en las falsas adulaciones.

Me perdí en la superfecialidad de mis sentimientos.

Me perdí en las sonrisas con lágrimas por detrás.

Me perdí en mi yo interior que no fui capaz de ver el mundo exterior.

Ahora que descubrí mi decadencia, mi insignificancia , la realidad de mis sentimientos y mi dolor, se que estoy por descubrir quién realmente soy.

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Adiós

Tengo tantas de ganas de no despedirme por que todo lo vivido es más fuerte que la incertidumbre de todo lo que viviremos.

Pero se que decir adiós es liberador, sanador y redentor.

Así que adiós…

Adiós, te liberó hacia lo desconocido.

Adiós estamos listos para despedirnos !

Adiós…

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Menos de mí

Cuando reduzco mi día y mi vida a ser el centro de todo yo misma, me convierto en una persona infeliz.

Porque pienso en todo lo que he perdido y en lo que nunca tendré.

En cambio, cuando impulso a mi mente y a mi corazón a ver alrededor.

Me doy cuenta que el dolor y el sufrimiento del día, es la cara opuesta de la belleza y el sentido mismo de la vida.

Menos de mi, es una invitación a renunciar a mi caótico mundo interior para sorprenderme del hermoso mundo exterior.

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Sharon

Te escribo llorando. Te escribo porque es la única forma de hacerte eterna en estas letras; para que nadie olvide tu nombre y nos indignemos de lo que te pasó. Eso que le pasa a cientos de mujeres cada día en este país en el que nacimos, pero que pareciera que ser mujer es nuestro castigo. Esos nombres que se desconocen y silenciamos con nuestra indiferencia.

Arde y quema la normalidad con la que vemos cómo cada vez más nos llevan por ser niñas y mujeres. ¿Cuándo será el día que no de miedo salir a la calle? ¿Cuándo podremos sentarnos en la banqueta a retomar el aire y seguir sin temor a que alguien nos siga, nos toque, nos mate? ¿Cuándo? ¿cuándo?

Pienso en qué te gustaba jugar, en las tardes en las que el aire despeinaba tu cabello porque te encantaba pedalear más rápido sobre tu bicicleta. Quiero imaginarte cuando los rayos del sol bañaban, con ese naranja dorado, tu piel y esta resplandecía mientras te dirigías a tu escuela. Adivino el color que más te gustaba, el nombre tu cabrita, el peluche con el que dormías y tus sandalias favoritas.

Trato de pensar en el atajo que te gustaba tomar para adentrarte en las calles del caluroso Petén. Las carreritas que hacías con tus amigos después de las clases, y el abrazo que anhelabas al llegar a casa.

Sharon Yasmín Figueroa Arriaza

Sharon Yasmín Figueroa Arriaza

Sharon Yasmín Figueroa Arriaza

Digo tu nombre en voz alta porque no quiero olvidarte, porque no quiero olvidar los sueños que querías por cumplir, porque seguro querías mostrarle a tus maestras cómo había crecido el frijol del proyecto de ciencias, o quizá remojar de nuevo tus pies en el río al que tanto gustaba ir.

Sharon, pequeña Sharon,

Te escribo esto por si nunca te lo dijeron:

Quiero cuidarte, quiero abrazarte, quiero proteger tu fragilidad y que te sientas segura a mi lado. Quiero ser esas palabras que te alivien, esa caricia que te de paz, quiero arrullarte y sobar tu cabello y decirte cuánto te amo mientras beso tu frente. Que no vuelvas a tener miedo y que este 10 de febrero nunca llegue.

Pequeña nena, hoy te escribo para que seas eterna.

-Amarela-

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A ti, maldito asesino

¿Qué sentirás al ver a todo un pueblo dolido, herido, desgarrado por tomar con tus manos la vida de una pequeña de ocho años?

¿Te duele? ¿te ríes? ¿te aplaude alguien lo que hiciste?

¿Estarás tranquilo, tomando una taza de café con pan dulce, mientras los padres de Sharon Figueroa quieren morirse porque sin su pequeña no hay razón de seguir viviendo?

¿Acaso estás tan drogado que ni siquiera recuerdas haber visto cómo se desvanecía el brillo de su mirada?

¿O quizá estás contando los billetes que te dieron dar por matar a esa bella niña de carita redondita?

Cada célula de mi cuerpo llora por asesinar a Sharon, y apretando los dientes y sin poder evitar las lágrimas de rabia solo puedo desear de hoy en adelante veas su rostro en cada niña, quizá en tus hijas, sobrinas, hermanas, y también en tu madre. Quiero que la escuches en las risas de la calle, que la sientas en tus sueños y que nunca más encuentres calma.

A ti, maldito ser humano,

A ti, maldito asesino que dejaste a su cuerpo frío tirado y no tomaste 2 segundos para pensar en todos los sueños que robaste, a ti, te escribo esto. Espero tus asquerosas manos no vuelvan a tocar a ninguna mujer y que pronto vivas en un constante tormento.

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En la punta de los dedos

La sensación que despertó el paso de tu mano sobre mi brazo fue la confirmación de que queríamos estar cercanos. Tenernos al lado y no dudar en entrelazar nuestros dedos, sin importar si era correcto o no, ante los demás. El abrazo que encajaba perfectamente por la diferencia de nuestras alturas fue como leer la línea que tanto se anhela del libro favorito.

Me tomó por sorpresa porque por muchos años me había cuestionado quién de los dos debía dar el primer paso y alzar la bandera blanca que anuncia la tregua de esta guerra.

No entendí porque anoche mis párpados no se mantenían abiertos; la urgencia de entrar a los sueños era precisa. Querían presenciar mi reencuentro contigo. Esa imagen que nunca viví, ayer la ví, la sentí y la palpé. Era verdad, era real.

La felicidad de ese momento no quiso palabras, nuestros cuerpos callados hablaron más fuerte que cualquier sonido que se haya escuchado. El lenguaje fue el movimiento. Las emociones no silenciaron las memorias grabadas en nuestros pulgares. No necesitamos puntos ni comas, olvidamos el abecedario y a las cuerdas vocales les faltó el aire. El tacto tradujo lo que de nuestras almas desbordaban y dictó lo que tanto queríamos decir.

Creamos recuerdos parlantes por si nos despertábamos, porque no sabíamos cuánto duraría ese momento y no queríamos volver a perder el tiempo. No sé si volverá a pasar, no sé si hoy al dormir estarás allí, pero si no es así dejamos un atajo.

Volvamos a escucharnos, sintámonos al tocar la punta de nuestros dedos, pues allí está lo que expresamos en silencio, allí está lo que a las palabras no les alcanzó nombrar; allí está lo nuestro.

-Amarela-

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Un tornado en el pecho

Siento un tornado el pecho que alcanza velocidades que aún no entiendo. No sé que tantas cosas se elevan; la trayectoria cambia y las sacude de un lado a otro, desacomodando abruptamente todo. Gira y gira y no para de girar. No sé cómo se para un huracán.

Lo que veo es mis pensamientos incontrolables subiendo y bajando en el mismo sitio. No sé si es la decisión que debo de tomar o el miedo de no saber qué hacer cuando la tenga en mis manos. No sé si es el temor a la independencia y verme sola. No sé si estoy escogiendo arrebatadamente o si el caos de este ciclón no me deja ver con claridad y me empuja a decidir ya.

Dicen que si logras entrar el ojo encuentras calma; busco la forma y deseo ese momento de paz en el que pueda cuestionar, hablar tranquilamente y saber lo que debo hacer. Lo intento, pero no llego; no logro cruzar y en el transcurso me golpean los miedos, las dudas, el temor a fracasar, y lo hacen fuerte.

Por eso escribo esto, talvez las palabras no tienen ese poder, pero sí logran abrir el camino para llegar a donde hay tranquilidad. Sé que no estoy sola, aunque así me sienta, solo quiero sentarme y que alguien me diga que llegaré y lo haré bien.

Uso las letras para decirte que te necesito, que necesito que pares este tornado que me revienta en el pecho y me moviliza. Necesito que me tomes de la mano y te sientas a mi lado, que juntos encontremos esas respuestas a las miles de interrogantes que revolotean en este instante.

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El recuerdo al que le temo

El roce de tus dedos sobre mi mano, tu mensaje tan oportuno, mi desesperación por no volver a creer que el tiempo perdona, y mis ganas de confesar lo que por años te he guardado. 

Saber que te irás, que no sabré si volverán a pasar otros cuatro años para tenerte de frente y que me quieras hablar.

Y corro. Te busco por todas partes, no quiero perder mi oportunidad de decirte todo lo que repasé cada noche, antes de cerrar los ojos. 

Quiero verte y con un beso sabrás todo lo que he callado, con un abrazo te pediré perdón por el pasado y quizá , por fin, nos digamos adiós y seguiremos avanzando. 

No recordaba la fecha; la olvidé todos estos años, seguro por el dolor que causa, porque todavía arde esa tarde que nos vimos por última vez. 

Me negaba, porque es el recuerdo al que más le temo, al que más le huyo, al que más ganas me dan de borrar y no haberlo conocido.

No supe el porqué soñé, sentí y viví lo que arriba escribo, no supe porque esa los días se sincronizaron , hasta que comprendí que el 27 de enero fue cuando te perdí.

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A R E S

Ares, ahora que te conozco más, sé que hubiera querido tanto no regalar mi vida, mi alma, mi amor y mi cuerpo a todos esos «amores» que solo se llevaron parte de mí.

Haz llegado a mi vida y llenado todos esos espacios vacíos que creía muertos. Llegaste a desafiar todos mis miedos y despertar ese amor tan diferente que solo tú sabes sacar de mí.

Es tan curioso esto que tenemos porque sé que te amo, pero te amo con toda nuestra libertad que no necesito etiquetar nuestro amor para sentirte mío.

Ambos nos somos ajenos en la adversidad y eso no nos es problema. Somos dos almas que se disfrutan y se aman en ese microespacio de tiempo que la vida nos regala, que nos fundimos como dos estrellas fugaces. Aunque luego nuevamente seamos del mundo.

Contigo tengo esa dicha de no enamorarnos pero de tratarnos como dos jóvenes enamorados cada que estamos juntos y tenemos las cosas claras. ¡Qué dicha venirte a encontrar, con tantos años de distancia, pero encontrarte!

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