Sonará como una exageración pero todo ese tiempo en el que estuve incluso aburrido por no tener preocupaciones, tuve tiempo de meditar, pude pensar a profundidad en que era lo que realmente quería conseguir en mi vida, todos los caminos que me proponía llegaban a la misma conclución, queria hacer que la gente pudiera si no era totalmente, por un rato salir de todo lo frustrante, porque en cierto punto había pasado casí toda mi vida de esa manera, frustrado, agobiado, triste, inseguro y parte de mi, queria hacer mejor el mundo para que los demas no se sintieran así, o por lo menos no solos.
La escritura, la actuación, el canto, incluso pense en convertirme en un trabajador social, pero al final, lo que más quería, lo que me llenaba el alma era cantar, había sido la forma en la que inconscientemente me desahogaba, en cada momento triste que recordaba, siempre la musica era la que me ayudaba a sacar todo lo negativo de mi, en cierto modo la musica me salvaba, se fué volviendo en el placebo que aliviaba mi existencia y yo queria eso, retribuir a los demas lo que la musica había hecho conmigo, quería que el que me escuchara pudiera sacar sus frustraciones con mi musica
Archivo del Autor: Escribología
3:36
Estoy perdid@ en nuestro arcoiris, el mismo que ya no está.
Estoy perdid@ en las sombras, estoy a la par tuya y puedo ser tú por un instante.
Existe un dolor que golpea todos mis lados, que vulnera mis debilidades cuando la noche llega y la realidad aflora.
Tú y yo, cambiando, moviéndonos, desaparecemos muy rápido, sin decir adiós, pero te necesito, debo decirlo: «Te amo».
Estoy inmers@ en excesos y los sabes.
Estamos junt@s, siguiendo lo que vemos, en la muerte, muy profundo.
Entre el viento puedo escucharte llamar mi nombre y estoy perdid@ en nuestro arcoiris, el mismo que se ha ido. No hay más arcoiris, ni días alegres.
Estamos estátic@s, alejad@s y dispersad@s en la soledad.
Némesis
«Eran amantes eternos, buscarse y encontrarse una y otra vez era su karma»
-Isabel Allende-
Némesis… ¿Alguna vez han escuchado ese término? ¿Saben qué significa?
Hace como un mes escuché esa palabra, me causó mucha intriga y me puse a investigar.
El origen de este vocablo está arraigado a la cultura griega, pues ese era el nombre de la diosa de la venganza, la fortuna y la justicia retributiva (karma).
Entonces me percaté que él/ella era mi némesis, ¿castigo o fortuna?, ambas diría yo.
Él/ella es esa desgracia tan oportuna que llegó a mi en el mejor de mis momentos, que me enseñó tanto y a la vez me destruyó sin piedad alguna.
Quizá suene algo enfermo y masoquista decir que no quiero alejarme de él/ella pero mi camino es un desencuentro constante en su órbita. Estamos en el mismo universo en paralelas dimensiones y siempre hay un punto que nos vuelve a unir.
Él/ella se ha convertido en la mejor de mis peores decisiones.
La constante
Te robaron tu hogar, tu visión, tu raíz, pero seguiste.
Te pusieron trapos encima y quisieron arrancarte la melodía de tus palabras, solo porque no la entendían, pero seguiste.
La dictadura llegó, te encerró y calló, pero seguiste.
Explotó la guerra, tú sangre corrió como ríos por los suelos, pero seguiste.
La peste vestida de democracia apagó la única luz de igualdad que tuviste y su hedor se instaló, pero tú, querida, seguiste.
Esta llamó a las ratas que pronto empezaron a subir de escalones; crearon su imperio con cuellos blancos y sacos largos que ocultaron sus colas mientras carcomían tu dignidad pero sí, tú seguiste.
Caras desconocidas vinieron con las mismas promesas vacías que todos te han hecho. Cansada y con un poco de esperanza quisiste que esta vez fueran ciertas.
Sin querer bajaste la mirada y viste los zapatos de payaso que traían, volteaste rápidamente y viste sus narices rojas, sabías que su truco barato te había engañado, pero tú, amada, seguiste.
Ahora que viene el desprecio de tu pueblo, la misoginia, la mentira, y la misma porquería sé que tienes miedo, que estás agotada de tantos años de dolor y sufrimiento, pero también sé que aunque te caigas a pedazos tú sabrás cómo defenderte y seguirás.
Islandia
Tus ojos no volvieron a ser los mismos desde que las viste, desde que con tus manos las quisiste tocar para comprobar que eran reales.Tratas de describir sus colores, pero los destellos de las auroras boreales son indescriptibles; trazan el camino por donde debes andar y te pintan las paredes de los recuerdos de sus tonos para que nunca te olvides de avanzar hacia ellas.
Aquellas montañas, que ni siquiera las pudieron imaginar los que escribieron las historias que nos cuentan antes de dormir, cautivaron tus pasos. Al recorrerlas te detuviste y como un niño te sacaste los calcetines y en medio del frío abrazador dejaste que tus pies desnudos sintieran su tierra, sus piedras, su vegetación. En ese mismo instante el cielo celeste con su velo de nubes musicalizó el momento. Allí te viste con el suelo y fueron uno solo; el silencio armonioso te acompañó y juntos se contemplaron como dos enamorados.
La quebrada de agua rodeada de piedras negras, lisas y puestas de una manera casi perfecta se colocó en tu corazón mucho antes de conocerla. Al estar frente a ella, tus lágrimas cayeron sincronizadas a su ritmo, juntos se alegraban de su encuentro y tu corazón, sin duda, se paró unos segundos de sentir su brisa en tu rostro.
Las palabras continuan su maratón por alcanzar lo que viviste y poder vestirlo con letras pero, parece que todavía son muy lentas y a veces las piernas no les dan. Sin embargo, para mí es más fácil, lo puedo leer en tu mirada, lo puedo sentir en tu sonrisa y lo puedo escuchar en tu silencio de asombro. Lo vivo a través de ti.
Cada parte de tu cuerpo trajo los sonidos, los paisajes, los colores y las emociones que el otro lado del mundo te obsequió. Mírame, mírame fijamente, quiero seguir caminando por donde pasaste y conocerte sin hablar.
-Amarela-
(13 de octubre 2019)
El caos que soy
Perdón si me pongo seria o callada. Si mis palabras son toscas, pero estoy concentrando todas mis fuerzas para que los pedazos de mi corazón no se desmoronen.
Callo para no lanzar todas las flechas envenenadas del dolor que me he tragado. Esas que quieren salir cada que abro la boca y no ven quien está enfrente; solo quieren asesinar.
Ya no tengo fuerzas para levantar la sonrisa que esta soledad ha arqueado hacia abajo. Quizá soy la culpable de ignorarla y tratar de ahogarla con el llanto que no saco. Quizá es lo que merezco por no querer crecer y entender de una vez por todas que soy yo la única que puede enfrentarse a ella, abrazarla, aceptarla y talvez así avanzar.
Mis dedos dejan en estas letras lo que no me atrevo a decir, lo que mis cuerdas vocales no amplifican. Son ellos con los que agradezco la paciencia y compañía y con los que pido que no trates de comprenderme, pues ni yo lo hago del todo.
En pocas palabras, este es el caos que soy hoy.
-Amarela-
(12 de agosto de 2019)
Un salto
Aquel que ves por los aires es un hombre que desde hace siete años saltó al abismo de la fe y pasión. Aunque ese día pensó que tocaría el suelo en doce segundos, los años han pasado y en lugar de caer ha alzado el vuelo más alto que muchos profesionales que le doblan o triplican la edad.
Es cierto, hay algunos otros con más proyectos, copiándole su estilo, pero eso NUNCA lo ha detenido. Al contrario, lo motivan a mover más sus alas y seguir subiendo.
Incluso en esos atardeceres donde la luz es casi nula y siente caer, no lo sabe, pero está más arriba de lo que estaba hace dos segundos.
En su aventura ha inmortalizado a estrellas fugaces, las constelaciones y las nubes de algodón más esponjadas. Ha retratado a las aves que pasan a la par y que en ocasiones se han convertido en amistades.También a grabado a unos cuantos ángeles cuando han bajado a ayudar a los demás y le han sonreído a la cámara. Ha hecho fotos de larga duración de los amaneceres que ni él sabía que vería y se ha encontrado con las voces que le cantan sus canciones favoritas.
Aunque conoce el temor, la frustración, el dolor, la tristeza, escoge las risas, el amor, la paz, la fe y la PASIÓN para avanzar al lugar que, desde aquel salto, deseo llegar.
-Amarela-
Borrarnos
Aún recuerdo que fue un 26 de diciembre cuando te fuiste con una maleta llena de ropa y de nuestras ganas de estar juntos.
Por siete días me mostraste cada rincón de aquel pequeño paraíso en el que te refugias con tus amigos. Me llevaste contigo. En el agua contemplabas mi rostro. Estaba allí, a tu lado.
Al dormir me hacías un espacio para acurrucarnos y encajar, como dos piezas de rompecabezas, en la misma cama. A puros abrazos nos quitábamos el frío invernal que hizo aquel último mes del 2017.
Luego de hacer el desayuno me tomabas de la mano y caminábamos por el muelle. Nos perdíamos en el horizonte de aquella inmensidad que encontrábamos en nuestras miradas y en nuestro silencio decía más que todas las palabras alguna vez pronunciadas.
Fuimos eternos
Fuimos honestos
Fuimos dos y uno, al mismo tiempo.
Ahora volviste, pero sin mí.
Llegaste a borrar nuestro olor de cada espacio que juntos recorrimos,
los besos que nos dimos
el papilar que sentimos
Ese temblor que nos estremeció cada que nos acercábamos
Volviste para olvidarnos
Volviste para ahogarnos en la profundidad de aquel lago que cura hasta la peor de las heridas.
Volviste para borrarnos.
-Amarela-
(26 de diciembre del 2018)
Bella carta de suicidio
Puede que sea otro instante
Diferente a este, en el que concuerden nuestras acciones.
Puede que sea en un tiempo distante
En el que tu no vayas lento y yo no vaya a toda prisa.
Puede que sea cuestión del lugar
Otro paramo en el que el clima no nos agote, en el que no pretendamos vidas falsas.
Puede que sean las personas
Aquellas a las que nos atamos para no ver a los ojos a la señora soledad.
Puede que sea el miedo
A conocerte por completo y abrirme a la vulnerabilidad.
Puede que sea la empatía
Sucia mesquina, arma de doble filo.
Puede que sea la cordura
Que nos obliga a seguir la norma.
Puede que sea todo y al mismo tiempo una de tantas.
Incluso puede que sea la propia vida
Que no es oportuna para llevar a cabo esta unión, es por ello que me adelanto a la siguiente, para probar si en esa estamos juntos, sin miedos, sin ataduras.
Me adelanto a la siguiente, para acortar el tiempo, la fatiga y la agonía.
Te espero…

Los qué’s
Que se me va la respiración y que los pocos sorbos que recibo de oxígeno te los adueñaste, hace mucho.
Qué sí, he pasado noches en vela pensando cómo fue que me dejé enredar en algo que me prometí no iba a dañarme.
Que te metiste en lo más profundo de mi corazón, que me congelaste los pies y no puedo moverlos.
Que me siento perdida y no sé como encontrarme; que me siento vacía, pero no necesito llenarme; que me siento atraída y al mismo tiempo poco atractiva.
Qué este juego me esta matando, que tú me estás ahogando, que yo me estoy perdiendo.
Que los qués me ciegan y los porque me comen. Qué tú no estás y que yo quiero irme contigo.